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Violette Serrat, experta maquilladora: 'Huye de los discos de algodón para desmaquillar tu piel"
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Violette Serrat, experta maquilladora: 'Huye de los discos de algodón para desmaquillar tu piel"

Un gesto bien hecho cada día vale más que una rutina perfecta que solo se sigue una semana. En ese sentido, el “menos es más” francés no es una moda estética, sino una filosofía de skincare

Foto: VIOLETTE.FR (Cortesía)
VIOLETTE.FR (Cortesía)

Durante años, el cuidado de la piel ha vivido una carrera hacia el exceso. Rutinas interminables, estanterías llenas de frascos, capas que se superponen sin que tengamos del todo claro para qué sirve cada una. Frente a ese modelo, cada vez más presente en redes y en la cosmética asiática, hay otra forma de entender la piel que vuelve a ganar peso: la francesa. Más sobria, más práctica y, sobre todo, más centrada en la salud real de la piel.

Esta filosofía no es nueva, pero en los últimos tiempos ha encontrado nuevas voces que la explican de forma muy clara. La idea central es sencilla: la piel no necesita tanto como creemos. Lo que necesita es estar equilibrada, protegida y funcional. A partir de ahí, todo lo demás es opcional.

En Francia, como explica la maquilladora experta Violette Serrat, el foco no está en acumular productos, sino en respetar la barrera cutánea. Esa estructura invisible que mantiene la hidratación, protege frente a agresiones externas y permite que la piel se vea flexible y luminosa. Cuando la barrera está alterada —por exceso de exfoliación, fricción constante o demasiados activos mal combinados— la piel reacciona: se sensibiliza, se deshidrata, se apaga. Y entonces entramos en un bucle de “más productos para arreglar lo que otros productos han estropeado”.

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Por eso, el minimalismo no se plantea como una renuncia, sino como una estrategia. Menos pasos, pero mejor pensados. Menos fórmulas, pero más completas. La rutina deja de ser un ritual largo y se convierte en algo funcional, fácil de mantener en el tiempo y compatible con la vida real.

Aquí entra en juego el concepto de multifuncionalidad, uno de los pilares del enfoque francés actual. Productos capaces de hacer varias cosas bien, en lugar de muchos productos que hacen una sola cosa de forma mediocre. No se trata de atajos, sino de eficiencia. Una fórmula que hidrata, calma y refuerza la piel evita capas innecesarias y reduce el riesgo de sobrecargarla.

Este tipo de productos suelen tener texturas ligeras, que se integran rápido y no dejan sensación de oclusión. De hecho, la idea es justo la contraria: que la piel “respire”, que se sienta cómoda y flexible, no cubierta por una película constante. De ahí que la experta en maquillaje prescinda como explica en su vídeo, incluso de herramientas como los discos de algodón. La fricción, aunque sea suave, puede convertirse en una agresión repetida que la piel no necesita, sobre todo si es sensible o reactiva.

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Aplicar los productos con las manos, presionando ligeramente, o directamente mediante brumas, reduce ese estrés mecánico diario. Es un gesto pequeño, pero coherente con la lógica de cuidar la piel sin forzarla.

Otro punto clave de esta filosofía es el cambio de objetivo. El cuidado facial no busca una piel perfecta, uniforme o “filtrada”. Busca una piel sana. Y eso cambia por completo la relación con el maquillaje. "Cuando la piel está equilibrada, hidratada y luminosa de forma natural, la necesidad de cubrir disminuye", explica Violette. El maquillaje deja de ser una máscara y pasa a ser un complemento puntual.

Por eso, en lugar de bases pesadaso correctores en exceso, se priorizan pequeños gestos estratégicos: un toque de luz en los puntos altos del rostro, un bálsamo que aporte jugosidad, algo que potencie lo que ya está ahí en lugar de ocultarlo. Es una forma de entender la belleza mucho más relajada, menos obsesionada con la corrección constante.

Este enfoque también tiene una lectura práctica muy clara: rutinas que se sostienen en el tiempo. No requieren una hora frente al espejo ni una inversión desmesurada en productos. Son fáciles de mantener incluso en días caóticos, viajes o mañanas con prisa. Y eso, al final, es lo que hace que funcionen.

En un momento en el que la cosmética parece empujar siempre hacia lo nuevo, lo complejo y lo abundante, esta visión resulta casi contracultural. Pero quizá por eso conecta tanto: propone volver a lo esencial, escuchar a la piel y darle exactamente lo que necesita. Ni más, ni menos, esa es la clave para Violette.

Durante años, el cuidado de la piel ha vivido una carrera hacia el exceso. Rutinas interminables, estanterías llenas de frascos, capas que se superponen sin que tengamos del todo claro para qué sirve cada una. Frente a ese modelo, cada vez más presente en redes y en la cosmética asiática, hay otra forma de entender la piel que vuelve a ganar peso: la francesa. Más sobria, más práctica y, sobre todo, más centrada en la salud real de la piel.

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