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Yvette Pons, especialista en bioestética funcional: "Cómo tu forma de caminar afecta a la zona en la que te sale la celulitis"
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CUERPO A PUNTO

Yvette Pons, especialista en bioestética funcional: "Cómo tu forma de caminar afecta a la zona en la que te sale la celulitis"

Un nuevo factor se suma a la aparición de la piel de naranja. No solo la alimentación, la predisposición genética y nuestra práctica deportiva afectan

Foto: Tratamientos anti-celulitis (Unsplash)
Tratamientos anti-celulitis (Unsplash)

La celulitis lleva años explicándose casi siempre igual: genética, hormonas, circulación, estilo de vida. Todo eso sigue siendo cierto, pero hay una variable que normalmente se queda fuera de la conversación y que, según la especialista en bioestética funcional Yvette Pons, cambia bastante el enfoque: cómo nos movemos y, en concreto, cómo caminamos.

Porque sí, tu forma de pisar y tu postura pueden influir directamente en dónde te aparece la celulitis. No es magia ni un titular exagerado: tiene que ver con algo bastante más técnico, la biomecánica del cuerpo y su impacto en la microcirculación.

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Para entenderlo, hay que empezar por desmontar una idea muy extendida. La celulitis no es solo “grasa acumulada”. “La celulitis es en realidad una patología no inflamatoria o, a veces de bajo grado, originada por alteraciones microcirculatorias”, explica Pons. En realidad, está relacionada con un problema en la circulación sanguínea y linfática: cuando este flujo se vuelve lento o se bloquea, se genera un entorno en el que los tejidos se comprimen, se retienen líquidos y la grasa se organiza de forma irregular. Ese es el aspecto de “piel de naranja” que vemos.

Hasta aquí, lo conocido. Lo interesante viene después. No es solo lo que haces, es cómo te mueves

Pons lleva años observando un patrón bastante claro: personas con posturas similares desarrollan celulitis en zonas muy parecidas. Es decir, no es casualidad que a unas les salga más en cartucheras y a otras en muslos internos o glúteos.

placeholder Ser pronador o supinador tiene consecuencias en tu piel (Launchmetrics Spotlight)
Ser pronador o supinador tiene consecuencias en tu piel (Launchmetrics Spotlight)

¿La explicación? Las desalineaciones del cuerpo

Cuando hay un desequilibrio en la postura, ya sea por cómo apoyamos los pies o por la posición de la pelvis, el cuerpo compensa. Y esas compensaciones afectan a músculos, fascias y articulaciones, pero también a algo clave: la circulación de líquidos.

Dicho de forma sencilla: si el cuerpo no está bien alineado, la sangre y la linfa no fluyen igual de bien. Y eso crea el caldo de cultivo perfecto para que aparezca la celulitis… justo en determinadas zonas.

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La pista está en los pies

Uno de los ejemplos más claros tiene que ver con la forma de pisar.

Pie pronado (cuando el peso se va hacia dentro): aquí se produce una rotación interna de las piernas y una inclinación de la pelvis hacia delante. ¿Resultado? La celulitis suele concentrarse en la parte interna de las rodillas, muslos y caderas.

Pie supinado (cuando el peso se va hacia fuera): en este caso, la rotación es externa y la pelvis tiende a ir hacia atrás. Esto afecta más a glúteos, muslos externos y flancos.

placeholder Las cremas y los masajes ayudan a mejorar el aspecto de la piel (Launchmetrics Spotlight)
Las cremas y los masajes ayudan a mejorar el aspecto de la piel (Launchmetrics Spotlight)

Es un detalle en el que casi nadie repara, pero tiene bastante sentido si se piensa: no caminamos todos igual, así que tampoco distribuimos las tensiones del cuerpo de la misma forma.

El papel de la tensión (y de la falta de tono)

Otro punto interesante es cómo entra en juego la musculatura. Cuando hay mala alineación, ciertas zonas acumulan más tensión de la que deberían, mientras que otras pierden tono.

Ese desequilibrio afecta al tejido conectivo y favorece que se vuelva más rígido. Y un tejido rígido drena peor. Si a eso le sumas una circulación lenta, el resultado es conocido.

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Por eso muchas veces hay personas activas, que hacen deporte y se cuidan, pero siguen teniendo celulitis en zonas muy concretas. No siempre es cuestión de hacer más, sino de cómo está funcionando el cuerpo en conjunto.

Entonces, ¿sirven las cremas?

Sirven, pero hasta cierto punto.

Aquí es donde el enfoque cambia un poco. Si el origen también es postural y biomecánico, limitarse a tratamientos superficiales se queda corto. Pueden mejorar el aspecto, sí, pero no están actuando sobre la causa.

Esto no significa que haya que dejar de usar cosmética o tratamientos estéticos, sino entender que forman parte de un todo más amplio. Igual que cuidamos la piel por fuera, tiene sentido prestar atención a cómo nos movemos, cómo apoyamos los pies o incluso cómo nos sentamos.

Lo que sí puedes empezar a mirar:

Sin obsesionarse, hay pequeños gestos que pueden marcar la diferencia:

Fijarte en cómo desgastas las suelas de los zapatos (da muchas pistas sobre tu pisada).

Observar si cargas más peso en una pierna que en otra al estar de pie.

Revisar tu postura al caminar (hombros, pelvis, alineación general).

Incorporar ejercicios que trabajen movilidad y equilibrio, no solo fuerza.

No se trata de corregirlo todo de golpe, pero sí de entender que el cuerpo funciona como un sistema conectado. Al final, la idea es bastante simple: la celulitis no aparece al azar. Y aunque no siempre se pueda evitar, entender por qué se localiza en ciertas zonas ayuda a abordarla con más sentido común y menos frustración.

La celulitis lleva años explicándose casi siempre igual: genética, hormonas, circulación, estilo de vida. Todo eso sigue siendo cierto, pero hay una variable que normalmente se queda fuera de la conversación y que, según la especialista en bioestética funcional Yvette Pons, cambia bastante el enfoque: cómo nos movemos y, en concreto, cómo caminamos.

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