Pedro Pascal confirma que es el niño mimado de Matthieu Blazy
El actro ha sido nombrado nuevo embajador de la firma de la que Matthieu es director creativo
Pedro Pascal está en ese punto dulce en el que todo le sale bien. Series que arrasan, memes constantes, campañas virales… y ahora, Chanel. Que sí, que no es cualquier cosa. Porque si algo estamos viendo en los últimos meses es un giro bastante claro en las casas de lujo: los hombres han dejado de ser secundarios decorativos para convertirse en protagonistas reales, incluso en firmas que históricamente han sido más territorio femenino.
La prueba más reciente es esta: Pascal convertido en el niño mimado de Chanel, Matthieu Blazy lo ha elegido como embajador. No es un fichaje cualquiera ni una imagen puntual. Es un movimiento bastante calculado. Chanel lleva tiempo tanteando ese equilibrio entre lo clásico y lo contemporáneo, y meter a un perfil como el suyo encaja más de lo que parece. No es el típico actor de traje impecable y discurso perfecto. Tiene carisma, sí, pero también ese punto cercano, casi caótico, que conecta.
La semana pasada hablábamos de Guitarrica en Dior, que ya apuntaba en esta dirección. Las marcas están ampliando el foco. Ya no basta con la embajadora impecable, ahora quieren perfiles que generen conversación, que circulen por redes, que no parezcan inaccesibles. Y ahí Pascal juega con ventaja.
El avance ya lo vimos en los Oscar de 2026. No fue un look especialmente estridente, pero sí muy bien medido: pieza de Chanel, corte limpio, sin disfrazarse. Nos llamó un poco la atención que dejó a un lado su bigote, pero centrémosnos en lo interesante no es tanto la ropa como cómo la lleva. Porque ahí está la clave: no parece que Chanel le esté imponiendo una estética, más bien al revés, la marca se adapta a él.
En las imágenes, muy en esa línea de tira de fotomatón, desenfadadas, se ve bastante claro. No hay una pose rígida, nada de modelo, ni una mínima intención de construir un personaje inaccesible. Hay risa, incluso un punto de autoparodia. En una sale tapándose la cara mientras se ríe, en otra mira a cámara con naturalidad, y en la última vuelve a ese rollo simpático que ya es marca personal. Eso, trasladado a una firma como Chanel, es lo que cambia la imagen de marca.
Porque Chanel no necesita reinventarse, pero sí necesita seguir siendo relevante. Y ahí es donde entran perfiles como este. No buscan al “hombre Chanel” perfecto, buscan a alguien que haga que Chanel parezca más contemporáneo.
También hay otra lectura interesante: Pascal no responde al canon clásico de embajador de lujo. No es el más joven, no es el típico modelo convertido en actor que podría haber elegido la marca en el pasado. Y, sin embargo, funciona mejor que muchos perfiles más “perfectos”. Eso dice bastante del momento en el que estamos. Las marcas ya no están obsesionadas con la perfección, están obsesionadas con la conexión.
Y luego está Matthieu Blazy. Aunque su nombre destacó en Bottega Veneta, su influencia estética, esa mezcla de sofisticación relajada, de lujo sin rigidez, triunfa. Este tipo de movimientos no son casuales.
Pedro Pascal está en ese punto dulce en el que todo le sale bien. Series que arrasan, memes constantes, campañas virales… y ahora, Chanel. Que sí, que no es cualquier cosa. Porque si algo estamos viendo en los últimos meses es un giro bastante claro en las casas de lujo: los hombres han dejado de ser secundarios decorativos para convertirse en protagonistas reales, incluso en firmas que históricamente han sido más territorio femenino.