El empresario que dejó Nueva York y a Anna Wintour por su pasión por la trufa y la cosmética
Gabriel Balestra es una de esas personas que trabajó codo con codo en la Gran manzana junto a un mito de la moda, hablamos con él de su cambio de vida y de su proyecto actual
Durante años, Gabriel Balestra vivió en el corazón de la industria de la moda neoyorquina, trabajando junto a algunas de las figuras más influyentes del sector, entre ellas Anna Wintour. Nueva York no solo fue el escenario donde construyó gran parte de su carrera, sino también el lugar que terminó moldeando su visión sobre el lujo, la disciplina, la estética y el deseo. Rodeado de grandes fotógrafos, diseñadores y creativos internacionales, aprendió a entender la belleza más allá de la apariencia. Con el tiempo, toda esa experiencia le llevó a crear Skin & Co, su propia firma de cosmética inspirada en sus raíces italianas y en una idea mucho más sensorial y auténtica del cuidado de la piel. En esta entrevista con Vanitatis reflexiona sobre creatividad, ambición, identidad y la evolución actual de la belleza.
Pregunta. Durante años trabajaste codo con codo con Anna Wintour en Nueva York. ¿Qué aprendiste de ella sobre el lujo, la imagen y la intuición para detectar lo que la gente desea antes incluso de saberlo?
Respuesta. Más que aprender una definición clásica del lujo, aprendí a observar el deseo humano. Las personas quizá no siempre saben exactamente qué quieren, pero sí reconocen lo que les hace sentir mejor: un color que eleva el ánimo, un aroma que despierta emociones, una experiencia que transmite identidad. Trabajar en ese universo me enseñó que el lujo no tiene tanto que ver con la ostentación, sino con el privilegio de tener tiempo, conciencia y elección. La moda, la belleza y la imagen siempre han sido formas de lenguaje. Detectar lo que la gente desea no consiste solo en anticipar tendencias, sino en comprender profundamente qué nos hace sentir vivos, seguros y conectados con nosotros mismos.
Gabriel en Finca Umbría (Cortesía)
P. ¿Cómo era el ritmo de vida en la Gran Manzana? ¿Hubo algún momento en el que sentiste que Nueva York podía devorarte o impulsarte al mismo tiempo?
R. Nueva York siempre ha tenido, para mí, dos caras muy claras: puede impulsarte con una fuerza extraordinaria o devorarte por completo, y muchas veces hace ambas cosas al mismo tiempo. Viví allí 14 de mis 22 años en EEUU, y la considero profundamente el trampolín de mi vida adulta y mi casa. Fue el lugar que me formó, me desafió y me obligó a crecer más rápido. Nueva York te enseña disciplina, resiliencia y visión. Siempre digo que Nueva York brilla por todas partes, como un océano de luces. El verdadero desafío no es admirarlas todas, sino entender cuál es la tuya.
P. Anna Wintour tiene fama de exigir excelencia absoluta. ¿Qué hábito o disciplina adquiriste trabajando a su lado que hoy sigue presente en tu vida?
R. Sin duda, la mayor lección que me llevé fue la disciplina. Aprendí que el detalle importa, que la preparación importa, que la consistencia importa. Y sobre todo, que el talento por sí solo nunca es suficiente sin una disciplina personal profunda. Uno de los hábitos más importantes que todavía me acompaña hoy son los run-throughs. Hacíamos run-throughs para absolutamente todo. Esa manera de trabajar se quedó profundamente grabada en mí. Hoy aplico esa disciplina no solo en la estética o en la calidad del producto, sino en la manera en que construimos una marca: con rigor, visión y una atención casi obsesiva a cada detalle.
Siempre digo que Nueva York brilla por todas partes, como un océano de luces. El verdadero desafío no es admirarlas todas, sino entender cuál es la tuya.
P. Pasar del corazón de la moda neoyorquina al mundo de la cosmética basada en la trufa parece un giro radical. ¿En qué momento entendiste que querías construir algo propio y alejarte de la industria editorial?
R. Mi paso de la moda editorial al mundo de la cosmética pudo parecer radical desde fuera, pero para mí fue una evolución muy natural. Llegó un momento en el que comprendí que ya no quería seguir construyendo únicamente la visión de otros. Quería crear la mía. No fue una decisión de alejarme de la creatividad, sino de acercarme aún más a ella, pero desde un lugar propio. Ahí apareció SKIN&CO: como la oportunidad de unir todo lo aprendido sobre imagen, deseo y excelencia con algo profundamente mío, conectado con mi herencia italiana.
Su aceite corporal para el cuerpo con trufa (Cortesía)
P. ¿Crees que haber vivido el lujo desde dentro —desfiles, editoriales, backstage, primeras filas— te ayudó a detectar qué buscaba el consumidor?
R. Creo que, en el fondo, el consumidor siempre ha buscado algo sensorial y auténtico. Quizá hoy somos más conscientes de ello, porque vivimos en una época en la que la autenticidad real tiene más valor que nunca. La cosmética, cuando está bien entendida, no debería ser una máscara, sino una experiencia que te conecta contigo mismo. Ahí fue donde entendí que el futuro no estaba solo en la aspiración, sino en crear experiencias más sensoriales, más emocionales y más honestas.
P. Nueva York suele obligarte a definir quién eres muy rápido. ¿Qué versión de ti mismo nació allí y cuánto queda de aquel Gabriel en el fundador de Skin&Co?
R. Llegué a Nueva York con 19 años, prácticamente siendo un niño. Allí comenzó, sin duda, mi vida adulta. Fue el lugar donde empecé a construir mi identidad, mi visión y mi disciplina. Y esa versión de mí sigue absolutamente presente hoy. No creo que el fundador de SKIN&CO sea una persona distinta; creo más bien que es la evolución natural de todo lo que empezó allí.
Empezar desde cero fue pasar de formar parte de una maquinaria extraordinariamente poderosa a construir tu propia voz sin esa estructura alrededor.
P. Después de trabajar en uno de los entornos más influyentes de la moda, ¿qué fue lo más difícil de empezar desde cero con una firma independiente de cosmética?
R. Lo más difícil de empezar desde cero fue pasar de formar parte de una maquinaria extraordinariamente poderosa a construir tu propia voz sin esa estructura alrededor. Conservas aprendizajes, relaciones y experiencia, pero de repente ya no avanzas respaldado por una institución: avanzas sobre tus propios pies. Creo que el mayor desafío fue precisamente salir de esa incubadora y aprender a respirar con mis propios pulmones.
P. La estética de Skin&Co tiene algo muy editorial: elegante, sofisticada y aspiracional. ¿Cuánto hay de influencia de tus años rodeado de los mayores expertos en moda en el ADN visual de la marca?
R. La influencia editorial en SKIN&CO es absoluta. Está presente en cada detalle, porque forma parte de mi ADN profesional. Mi paso por ese mundo me enseñó que la estética no es superficial; cuando está bien construida, comunica visión, emoción y deseo. La elegancia, la sofisticación y la aspiración no son solo decisiones visuales, sino lenguajes capaces de contar una historia.
Geles de Skin&CO (Cortesía)
P. Mientras todo el mundo en Nueva York miraba al futuro y a la velocidad, tú decidiste volver la mirada hacia un ingrediente tan ligado a la tradición italiana como la trufa. ¿Fue una forma de reconectar con tus raíces después de años viviendo en Manhattan?
R. Sí, visto con perspectiva, creo que fue profundamente una forma de reconectar con mis raíces. Después de trabajar en algunos de los entornos más vertiginosos, sofisticados y futuristas del mundo, sentí una necesidad muy real de volver a algo más puro: a mis tradiciones, a mis recuerdos, a los paisajes, aromas y emociones que habían formado parte de mí desde el principio. SKIN&CO nació, en gran parte, de ese deseo: transformar mis raíces en una experiencia contemporánea, sensorial y universal.
P. Si pudieras volver a aquella etapa en Nueva York y darle un consejo al joven Gabriel que trabajaba en el epicentro de la moda, ¿qué le dirías sabiendo todo lo que vino después con Skin&Co?
R. Creo que, antes que nada, le diría que estoy profundamente orgulloso de él. Le diría que intentara disfrutar un poco más el momento. Porque muchas veces, cuando eres joven y estás dentro de un mundo tan intenso, estás tan concentrado en avanzar, en aprender, en demostrar, que no siempre te permites detenerte a comprender plenamente lo extraordinario que estás viviendo. Y, sobre todo, le diría que siga creyendo en su instinto. Porque muchas de las decisiones que parecían menos obvias fueron, al final, las que definieron su verdadero camino.
Durante años, Gabriel Balestra vivió en el corazón de la industria de la moda neoyorquina, trabajando junto a algunas de las figuras más influyentes del sector, entre ellas Anna Wintour. Nueva York no solo fue el escenario donde construyó gran parte de su carrera, sino también el lugar que terminó moldeando su visión sobre el lujo, la disciplina, la estética y el deseo. Rodeado de grandes fotógrafos, diseñadores y creativos internacionales, aprendió a entender la belleza más allá de la apariencia. Con el tiempo, toda esa experiencia le llevó a crear Skin & Co, su propia firma de cosmética inspirada en sus raíces italianas y en una idea mucho más sensorial y auténtica del cuidado de la piel. En esta entrevista con Vanitatis reflexiona sobre creatividad, ambición, identidad y la evolución actual de la belleza.