En muchas cocinas españolas es habitual ver el horno y el frigorífico colocados uno junto al otro. Es una decisión que a menudo responde a cuestiones de espacio o de diseño, pero que, según los expertos en eficiencia energética y mantenimiento del hogar, es un error que puede afectar tanto al consumo eléctrico como a la durabilidad de los electrodomésticos. La razón es sencilla: el calor y el frío son incompatibles cuando se trata de mantener el equilibrio térmico de la cocina.
El horno, por su naturaleza, genera altas temperaturas cada vez que se utiliza, mientras que el frigorífico necesita mantener un ambiente interno constante y frío para conservar los alimentos. Cuando ambos están instalados juntos, el calor del horno obliga al frigorífico a trabajar más intensamente para mantener su temperatura interna, lo que se traduce en un mayor consumo de energía y en un desgaste prematuro del motor del frigorífico.
Las cocinas también se suman a las nuevas tendencias. (Pexels / Max Vakhtbovycn)
Desde el punto de vista técnico, los fabricantes de electrodomésticos recomiendan dejar un espacio de separación o, al menos, intercalar un mueble o una superficie aislante entre ambos aparatos. De este modo, se evita la transferencia directa de calor y se ayuda a que cada dispositivo funcione en las condiciones óptimas para las que fue diseñado. Este error, sin embargo, es más común de lo que parece, especialmente en cocinas pequeñas donde se prioriza la estética o la funcionalidad inmediata frente a la eficiencia térmica.
Otro factor a tener en cuenta es laseguridad. El aumento de la temperatura externa del horno puede calentar las paredes del frigorífico y afectar a sus materiales, deteriorando con el tiempo los aislamientos plásticos o las juntas de goma que sellan la puerta. En algunos casos, incluso puede comprometer el rendimiento del termostato o provocar fluctuaciones térmicas en los alimentos almacenados, reduciendo su vida útil y su seguridad alimentaria.
El horno debe ir separado del frigorífico. (Pexels / AJ Ahamad)
Para evitar estos problemas, los especialistas en diseño de cocinas aconsejan ubicar el horno y el frigorífico en paredes distintas o separados por una torre o columna de almacenaje. Si eso no es posible, se puede instalar una placa de aislamiento térmico entre ambos aparatos, una solución sencilla que reduce la transmisión del calor.
Además, hay un factor económico que no debe pasarse por alto. Según estimaciones de organismos de eficiencia energética, un frigorífico situado junto a una fuente de calor puede aumentar su consumo hasta un 15 %, lo que a largo plazo repercute directamente en la factura de la luz.
En muchas cocinas españolas es habitual ver el horno y el frigorífico colocados uno junto al otro. Es una decisión que a menudo responde a cuestiones de espacio o de diseño, pero que, según los expertos en eficiencia energética y mantenimiento del hogar, es un error que puede afectar tanto al consumo eléctrico como a la durabilidad de los electrodomésticos. La razón es sencilla: el calor y el frío son incompatibles cuando se trata de mantener el equilibrio térmico de la cocina.