José R. García, arquitecto: "Esto es algo que casi nadie tiene en cuenta al iluminar una casa"
El arquitecto pone el foco en un detalle técnico que muchos pasan por alto al iluminar su casa y que, sin embargo, marca la diferencia entre un espacio simplemente funcional y uno verdaderamente acogedor
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Iluminar una vivienda no consiste solo en colocar focos o elegir una lámpara bonita. Según el arquitecto José R. García, el error habitual es pensar únicamente en la potencia y olvidar que la luz cambia la percepción del espacio y, sobre todo, cómo se vive. “La iluminación no va solo de poner focos. Va de cómo se vive un espacio”, explica, y defiende que no debería dejarse para el final de la obra: “La iluminación no se improvisa. Se proyecta desde el principio”.
@dimensi_on La iluminación no va solo de poner focos. Va de cómo se vive un espacio. Una luz más cálida acompaña el descanso. Una tonalidad equilibrada ordena y da confort. Una luz más neutra aporta claridad y precisión donde se necesita foco. La elección de la luz influye en los materiales, en los volúmenes y en la funcionalidad real de una vivienda. Por eso la iluminación no se improvisa. Se proyecta desde el principio. - #iluminacion #diseñodeinteriores #reformasintegrales #arquitecturamadrid #interiorismomadrid ♬ sonido original - Reformas integrales en Madrid
En su explicación, García pone el acento en un detalle que suele pasar desapercibido: la temperatura de color, que se mide en Kelvin, y que condiciona el ambiente más de lo que parece. La luz cálida (2700K), dice, encaja mejor en salones y zonas de descanso porque “relaja y hace el espacio más acogedor”.
Un punto intermedio como 3000K funciona bien en comedores, cocinas abiertas y estancias polivalentes: ni demasiado amarilla ni demasiado fría, una opción equilibrada para el día a día. En cambio, la luz neutra de 4000K la reserva para entornos técnicos como oficinas u hospitales.
A partir de ahí, su enfoque se centra en hablar de controlar los luxes por zona —es decir, ajustar la cantidad de luz real según el uso de cada espacio— y de apostar por un CRI alto para que el conjunto resulte confortable. El CRI (Índice de Reproducción Cromática) es, explicado de forma simple, una medida de qué bien una luz reproduce los colores frente a una referencia (la luz natural o una fuente ideal).
Un CRI alto significa que los tonos de una casa se ven más fieles: la madera no se apaga, los blancos no se vuelven verdosos y los textiles mantienen matices. En la práctica, ayuda a que la vivienda se perciba más agradable y “natural”, especialmente en zonas donde miramos de cerca: cocina, baño, vestidor o un rincón de lectura.
El mensaje de García, en el fondo, no es que haya una fórmula única, sino que la iluminación debería responder a la vida real. “La elección de la luz influye en los materiales, en los volúmenes y en la funcionalidad real de una vivienda”, resume. Y ahí está la diferencia entre una casa que simplemente “tiene luz” y otra que se siente ordenada, cómoda y coherente a cualquier hora del día.
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Iluminar una vivienda no consiste solo en colocar focos o elegir una lámpara bonita. Según el arquitecto José R. García, el error habitual es pensar únicamente en la potencia y olvidar que la luz cambia la percepción del espacio y, sobre todo, cómo se vive. “La iluminación no va solo de poner focos. Va de cómo se vive un espacio”, explica, y defiende que no debería dejarse para el final de la obra: “La iluminación no se improvisa. Se proyecta desde el principio”.