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Oscar de la Renta: adiós al glamour con mayúsculas

Se acabó el glamour con mayúsculas. Oscar de la Renta falleció ayer a los 82 años en su casa de Connecticut. La misma en la que lleva décadas cuidando sus parterres.

Foto: Oscar de la Renta: adiós al glamour con mayúsculas

Se acabó el glamour con mayúsculas. Oscar de la Renta falleció el lunes a los 82 años en su casa de Connecticut. La misma en la que lleva décadas cuidando con amor sus parterres de delicadas rosas, algunas imposibles de ver en ningún otro sitio. Con él desaparece el penúltimo artista de una generación de diseñadores norteamericanos que, como Bill Blass, Diane Von Furstenberg o Geoffrey Beene, dignificaron el pret à porter, definieron el American Style del que ahora hacen gala creadores como Michael Kors o Jason Wu y supieron combinar con maestría el refinamiento, la comodidad y la vanguardia. Un cáncer contra el que lleva luchando ocho años ha puesto punto y final a una historia de amor con la moda que, curiosamente, se inició cuando era solo un adolescente que aprendía a dibujar en las aulas de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. Su relación con España siempre fue intensa y feliz. Y en mayo del año 2000, cuando nuestro país le concedió la Medalla al Mérito de las Bellas Artes, el diseñador recordó con mucho cariño sus tardes de visitas al Prado y sus paseos por el Madrid de los Austrias.

De la Renta deja los deberes hechos. Acababa de nombrar heredero: Peter Copping, el británico que lleva cuatro años revitalizando Nina Ricci, anunció hace apenas unos días que se unía a la firma del norteamericano como director creativo y que lo haría, precisamente, el próximo 3 de noviembre. Contaba con el beneplácito total del maestro que veía en él a un continuador "con mucho talento y la misma sensibilidad cultural". 

Pero no solo eso. Ha conseguido que George Clooney diera el sí definitivo a una mujer, algo por lo que nadie habría apostado ni un euro hace apenas un par de años. Quizá ese no ha sido exactamente un logro del modisto, pero se encargó de vestir a la novia en la que ha sido sin ambages la boda del año, con o sin permiso de Angelina y su vestido de Atelier Versace customizado con dibujos de sus hijos.

Para rematar el cúmulo de casualidades, hace apenas dos semanas que Michelle Obama se estrenaba con un vestido de De la Renta por primera vez desde que su marido fuera elegido presidente de los Estados Unidos en 2008. El modisto criticó su elección de un Alexander McQueen en 2009 y la primera dama estableció un veto absoluto de prendas del modisto que ha durado casi cinco años. El momento para recuperarlo no ha podido ser más ajustado.

Y eso, a pesar de que Oscar de la Renta se ha encargado de vestir a la ‘realeza’ democrática norteamericana. El mayor honor que un modisto puede alcanzar en ese país. Todas las grandes primeras damas se han puesto en sus manos. Desde Jacqueline Kennedy, para quien creaba piezas maravillosas antes incluso de firmarlas con su nombre, a Hillary Clinton, que llevó una espectacular capa dorada del modisto sobre un vestido de manga larga al baile de inauguración del mandato presidencial de su marido en 1997. Ese día hasta Bill Clinton le dio las gracias por una creación "tan bonita". Nancy Reagan también era fan absoluta; y Laura Bush lo eligió para estrenarse como primera dama en 2001. 

Pero no fueron las únicas en elegir sus elegantísimos y espectaculares vestidos largos. El estrellato hollywoodiense lo ha llevado con pasión para cruzar las alfombras rojas más notorias. Tanto que el exalcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, dijo una vez que Oscar había ido a más galas de premios que Meryl Streep. Sarah Jessica Parker lo considera desde hace años su diseñador de cabecera (su personaje mítico, Carrie Bradshaw, demostraba su pasión siempre que el guión lo permitía), además de amigo íntimo. Sandra Bullock solo ha confiado en él para los momentos decisivos de su carrera. Y Penélope Cruz se ha entendido siempre a las mil maravillas con el diseñador nacionalizado norteamericano en 1969. Con ella siempre tuvo la deferencia de hablar en castellano. 

Discípulo aventajado de los modistos españoles más importantes del siglo XX, De la Renta dejó la República Dominicana a los 17 años para establecerse en Madrid. Allí acudió animado por su madre, que quería que desarrollara su pasión y sus habilidades con el dibujo. Aunque al joven Oscar le gustaba más imaginar vestidos fastuosos que hacer apuntes del natural. La mujer del embajador norteamericano en España vio uno de sus bocetos y le pidió que diera vida a un look de noche para una de sus hijas. La creación lo llevó directamente al estudio de Cristóbal Balenciaga en la calle Alcalá, donde ejerció de ilustrador durante varios años. 

Otro creador español, el injustamente olvidado Antonio del Castillo, se lo llevó a París para convertirlo en su ayudante en los años 50. Pero en el 63 le pidió a su amiga Diana Vreeland que le aconsejara qué hacer con su vida. Ella le dijo que se fuera a Nueva York a trabajar con Elizabeth Arden y le dejara París a la eterna sombra de Christian Dior. Eso hizo y entró como un huracán en el mercado norteamericano. Durante las dos décadas siguientes puso su nombre incansablemente a una nueva reinterpretación del glamour: uno basado en cortes elegantes y vestidos fabulosos con el que vistió a varias generaciones de mujeres americanas que aprendieron con él a perder los complejos de inferioridad con Europa.

Curiosamente, en 1993 se convirtió en el primer norteamericano que se hacía cargo de la dirección creativa de una maison parisina. Balmain recuperó su esplendor gracias a sus creaciones; una relación que finalizó en 2002, cuando el diseñador prefirió centrarse en su propia casa de modas, elevada a la enésima potencia gracias a sus omnipresentes vestidos de boda. También lanzó perfumes. El que llevaba su nombre de pila, Oscar, de 1977 y con unas originalísimas notas de cilantro y azahar, es un auténtico tesoro buscado incansablemente por los coleccionistas. Pero también había sabido subirse al carro de las redes sociales. Su relaciones públicas y responsable de comunicación digital, Erika Bearman, ya se ha encargado de situar la casa de modas en el lugar que se merece en el siglo XXI. 

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