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Patricia Conde: “Me compraba vestidos de miles de euros de tres en tres”

La presentadora nos cuenta sus derroches estilísticos y cómo ha logrado imponer su criterio en cuestiones de moda en su carrera. Por cierto: si tus preguntas son personales, abandonarás la sala.

Foto: Imagen: Pablo López Learte
Imagen: Pablo López Learte

Nos citamos con Patricia Conde en la tienda de Dándara situada en Carrera de San Jerónimo para hablar de las prendas más caras de su armario, de cómo ha tenido que luchar para huir del papel de rubia sexy en la tele y de su aversión a buscar su nombre en Google. La presentadora y modelo aparece ataviada con una camisa blanca y un pantalón capri rojo de Dándara, firma de la que es imagen, y los tacones modelo Gema-G de 10,5 centímetros de Lodi.

Unas señoras juegan a ser Carmen Sandiego al fingir estar ojeando unos vestidos cuando en realidad escrutinan a la rubia televisiva. Con tan solo los ojos a la vista, cuchichean tras las prendas acerca de lo delgada y guapa que está. Segundos antes de la entrevista, una periodista abandona el sofá en el que vamos a entablar conversación. ¿La razón? Ha hecho una pregunta del corazón. Patricia le recomienda que la próxima vez deje las preguntas comprometidas para el final de la entrevista. Al fin y al cabo, en Sé lo que hicisteis daban grandes lecciones sobre cómo hacer 'preguntas mamporreras'. Antes de comenzar a hablar, le aseguramos que nosotros solo vamos a hablar de moda. Ya relajada y muy sonriente, comienza a conversar con Vanitatis sobre tendencias.

Pregunta: ¿Qué es lo que más te gusta de Dándara?

Patricia Conde: La verdad es que la firma me ha sorprendido. Es ropa muy de fondo de armario, que es lo que más nos ayuda a las mujeres a la hora de vestirnos. Es muy ponible. Son prendas que puedes combinar entre sí perfectamente y que son muy cómodas, algo esencial para mí. He congeniado con la firma porque para nada pretende que la mujer se sienta disfrazada.

P: Junto con Dándara, ¿cuáles son tus otras marcas de cabecera?

R.: Dándara es una opción perfecta por el tema del precio, pero luego confieso que me gustan otras marcas menos asequibles, como Isabel Marant, que me encanta. ¡No puedo evitarlo!

P: Y hace unos años tuviste una época muy Balmain.

R.: Cierto, tuve una época muy Balmain en la que me compraba los vestidos de tres en tres. Era una pasada. Ahora reconozco que fue una época dorada, pero en la actualidad, por la crisis, he cambiado mi forma de pensar. Aunque pueda permitirme el lujo de comprarme cierto bolso o vestido, me he vuelto más precavida. También tuve un momento muy Isabel Marant en el que me compré ese mítico botín de flecos en color topo y también en color negro, pero mirando hacia el futuro. Me aventuro a adivinar qué se va a llevar el día de mañana. Entonces se llevaban los brillos, las tachuelas y los flecos, y tuve claro que los flecos volverían y he acertado, porque ahora son tendencia. Con Balmain he querido ser consecuente, y en Killer Karaoke me he vuelto a poner esos vestidos. Tengo mi fondo de armario privilegiado con prendas de Balenciaga, Balmain e Isabel Marant, y he querido reciclarlos para este programa. También para recordar que aunque trabajemos en esto, repetimos modelos. El modelo strass de Balmain me lo habré puesto ya tres o cuatro veces. Y posiblemente si mañana me invitan a una boda, lo llevaré a la tintorería y me lo pondré de nuevo.

Patricia Conde vestida de Balmain
Patricia Conde vestida de Balmain

P: Hablando de Balmain, ¿te gusta la nueva trayectoria de la firma, con Olivier Rousteing al frente? Es más exhibicionista que la de Christophe Decarnin, que era el que llevaba las riendas cuando tuviste tu fase ‘balmenizada´.

R: La verdad es que me gustaba más lo que hacía Decarnin, con su punto de locura cuerda. Eran prendas normales con alguna extravagancia. Esos pantalones que tengo de brillantitos, por ejemplo, no sé como los harían, porque tienen sus años y no se me ha despegado ninguno aún. He amortizado muy bien Balmain en Killer Karaoke, porque también me los puse.

P: Otra ferviente seguidora de la firma es Kim Kardashian. No sé si sabes que es su marido, Kanye West, el que le dice qué llevar en cada momento. ¿Dejarías que un hombre te dijera qué ponerte?

R: Uy, no tenía ni idea de esto. La verdad es que, al principio, cuando empecé en El informal, tenía una estilista que me decía lo que me podía poner. Pero para los reportajes de calle me sentía incómoda, porque me ponían diseños ceñidos sexis y cuando tenía que hablar con algún político, me moría de vergüenza. Le dije a la productora que podía ir con mis vaqueros, mis jerséis de Lacoste y mis gorros de lana en invierno cuando hiciera frío, que podían esperar de mí que fuera lo graciosa que ellos quisieran, pero siendo profesional. La discreción y el vestir de una manera te da muchas posibilidades en tu carrera y de cara a lo que quieres ser. En mi trabajo haz lo que quieras, desnúdame para unas fotografías, pero en mi día a día, soy de vaqueros y camiseta. El día que encontré mi hueco ya dije lo que quería. Con 24 años, cuando empezaron a llegar otro tipo de trabajos, dije: “Me voy a vestir como me apetezca, no como quieran los demás”. Ahora ya sé que me puedo poner mis Louboutin de siempre y un vestido con el que esté cómoda. Por eso me gusta mucho la ficción, porque me puedo poner lo que sea, porque es un papel.

Imagen: Pablo López Learte
Imagen: Pablo López Learte
P: Patricia, quería preguntarte por una rubia que nos gusta mucho a las dos: Pamela Anderson. ¿Qué te parece la nueva Pamela, que es todo una señorita?

R: Me hacía mucha gracia en Los vigilantes de la playa, porque yo quería tener ese look. De ahí que entonces llevara las cejas tan depiladas. Siempre he tenido, como ella, la boca grande, y la gente me comparaba con ella. No puedes dejar de mirar a la persona con la que te comparan, y pensaba: ¿Por qué me comparan con ella, si tiene tanto pecho y yo nada. En aquella época pensé que sería genial hacer humor con un look muy sexy y despampanante. Me decían que no era posible.

P: Precisamente tú has conseguido desterrar la creencia de que las guapas no pueden hacer humor.

R: Siempre me ha fastidiado esto, porque llevo viendo comedia con mujeres guapas desde que soy pequeña, empezando por Goldie Hawn, siguiendo por Kate Hudson, Jennifer Aniston, Cameron Díaz… ¿Por qué no podemos hacer eso en España? Las mujeres nunca nos planteamos cómo es posible que Ben Stiller, por ser guapo, no pueda hacer humor. Robert De Niro ha hecho comedia. Las mujeres somos muy eclécticas, si me dices que haga Bridget Jones, ¿qué tengo que hacer?, ¿dejarme raíz y coger cinco kilos? Lo hago, he hecho todo tipo de locuras, como en Lady Kaña, donde no estaba precisamente mona. Mi imagen es esta y es por la que las marcas me contratan, pero a partir de eso puedo ser mil cosas. Yo he hecho concursos, programas, entretenimiento, series, películas, doblaje de animación… ¿Quién hace eso a día de hoy en nuestro país? No paramos de echarnos piedras a nosotros mismos, no me extraña que haya actores que salgan pitando de España.

P: En tu libro, A mamá mono no le vengas con bananas verdes, reúnes vivencias propias y las aúnas con otras procedentes de tus amigas, algo muy Sexo en Nueva York. ¿Con qué personaje de la serie te identificas más?

R: Siempre digo que tengo un poco de las cuatro. Me identifico con Carrie porque, al fin y al cabo, es con la que todas nos identificamos más, porque me apasiona mi trabajo al igual que a ella le apasiona el suyo. También soy muy Charlotte, porque soy muy familiar y me encanta estar en casa con los míos. Aparento ser muy fuerte  y valiente, pero en el fondo soy muy sensible y vulnerable, como ella.

P: Ahora que dices que eres muy vulnerable, supongo que no te gusta leer lo que se escribe sobre ti en internet.

R: Decidí hace muchos años no buscar nada sobre mi en la red. No leo ni lo bueno ni lo malo, no me ayuda a ser mejor ni peor. Me he mantenido 17 años sin rastrear lo que se dice de mí. Agradezco los comentarios bonitos y adoro a mis seguidores, pero me pueden decir mil veces lo maravillosa que soy, que no me lo creo. Tampoco me creo lo malo.

Imagen: Pablo López Learte
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