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Consejos para sobrevivir a las rebajas cuando odias las tiendas pero te encanta la ropa

Quieres revitalizar tu armario, pero no te ves con fuerzas para enfrentarte al momento 'saldos'. No eres la única. Te preparamos el plan de choque definitivo para enfrentarte a las rebajas de verano

Foto: Consejos para sobrevivir a las rebajas cuando odias las tiendas pero te encanta la ropa

¡Qué bien! Ya está aquí el verano y con él las rebajas. '¡Viva!', pensarán muchos. Pero lo que para unos es una oportunidad de encontrar a un precio fascinante los modelitos de temporada que tanto les gustaban, para otros se traduce en algo más parecido a darnos una vuelta por el pasaje del terror: aglomeraciones de personas embrutecidas que darían su brazo por llevarse la chaqueta que te estás probando, consumo de prendas que no solo no necesitas, sino que además decides comprarte completamente pisoteadas, interminables colas en cajas y probadores, un calor atroz y ese musicón que te taladra la cabeza durante horas.   

Tradicionalmente empezaban el 1 de julio y se alargaban hasta finales de agosto e incluso septiembre, pero cada vez empiezan antes (en Madrid, por ejemplo, el 21 de junio, y en otras comunidades como la valenciana, el último lunes laboral del mismo mes, que ya es rizar el rizo) y tienes que estar alerta. Recuerda qué ocurrió el año pasado: pensabas que tenías mucho tiempo y cuando quisiste acercarte a las tiendas ya iban por 'las terceras' rebajas y no quedaba nada. Fenomenal. 

¿Vivan, vivan las rebajas?

Sí, normalmente se cumplen las máximas de que lo que te gusta triplica tu presupuesto; que justo de la prenda que necesitas NUNCA tienen tu talla. O la peor, que entras en una tienda porque no hay nadie y de pronto media ciudad decide entrar allí en tropel (por el amor de Dios, ¿cómo provocamos ese efecto llamada?). Pues en época de rebajas es aún peor y tienes que espabilar.   

“Me encantaría dejar de ir de compras para siempre, pero el problema es que me gusta mucho la ropa”, confiesa Madeleine Davies en su espacio Millihelen. Tras años de poner malas caras cada vez que tenía que acompañar a alguien de shopping y desesperarse buscando la prenda ideal, la autora cree haber encontrado las claves para enfrentarse a un día de compras: “Ahora soy capaz de darme cuenta de lo que debo buscar en un estante de ropa y lo que tengo que ignorar”. 

Probablemente tienes el armario lleno de modelitos para el verano, pero, ¡eh!, tú y yo lo sabíamos, vas a ponerte mañana, tarde y noche tu nueva prenda preferida: la que te acabas de comprar. Una vez asumido que tienes que afrontar un día de compras para poder cambiar tu repertorio de ropa veraniega, coge aire y lánzate a la aventura siguiendo estos sencillos consejos:

1. Escoge la mejor compañía

Como se suele decir, la sinceridad está sobrevalorada. Ya, pero no vayas ni con alguien para el que siempre 'te queda todo bien' ni con el alma de las críticas 'constructivas'. Escoge una compañía que te conozca y te aconseje, pero que también sepa manejarse en las tiendas. Hay que optimizar recursos y organizarse: por ejemplo, tú ve mirando por los estantes mientras la otra persona se pone a la cola de los probadores e incluso de las cajas, y haced turnos para que después sea tu acompañante quien se mire un modelito mientras tú ahorras esas esperas innecesarias. Y no, casi en ningún caso es buena idea ir con tu pareja. "Así me aconseja", dirás. Por favor, si vendería su alma al diablo con tal de salir cuanto antes de allí. 

2. Olvídate de los imposibles

“A veces me siento tan abrumada por la moda contemporánea que se me olvida cuál es mi propio estilo”, reconoce Davies. Es obvio que no todas las modas encajan con todo el mundo. Así que no te empeñes en calzarte el vestido de piñas psicodélicas o los pantalones de campana si lo tuyo es el pitillo y la falda midi. La autora recomienda que antes de enfrentarnos a una tienda echemos un ojo a nuestras últimas fotografías en redes sociales y miremos nuestro armario para tener en mente qué ropa es la que nos queda bien y usamos más. Te asegurarás de hacer una buena elección a medio y largo plazo que no se quedará para los restos como fondo de armario inutilizable. 

3. Organiza el recorrido

Generalmente se dan dos situaciones: o tienes algo visualizado y lo quieres encontrar a mitad de precio o vas a lo loco a ver qué se cuece. En el primer caso es tan sencillo como ir a esa tienda (recuerda que muchas ofrecen la opción de saber de qué stock disponen en sus páginas web), probar y decidir. Pero si vas a dejarte llevar, lo mejor es que escojas bien las horas y, si puedes, los días: evita los fines de semana y festivos, y cuenta con que casi siempre será mejor ir por la mañana que por la tarde. Excepto para los zapatos, que se recomienda probarlos después de haber caminado bastante para llevar los pies en unas condiciones similares a las que estarán en un día normal. Es importante establecer a qué tiendas quieres ir y no proponer más de cinco paradas (cuenta con que al menos estarás media hora en cada una; más puede resultar agotador y poco productivo). No solo dónde, en la medida de lo posible, visualiza cómo se organiza la tienda en cuestión y empieza a mirar por la sección que te interesa o acabarás llevándote una bata de boatiné cuando ibas a por unas botas de montaña.

4. Pruébate la ropa

Claro, existe la opción del take away y ver cómo te queda la ropa en casa, pero, ¿sabes?, si te queda fatal allí, también va a ocurrir al llegar a tu dulce morada. Y lo que buscamos es ahorrarte al máximo tener que ir a las tiendas. Además, el ambiente de los probadores puede simular al del infierno en vida, así de paso sabrás si esa ropa se puede adaptar a un caso de cambio climático extremo o, por ejemplo, un holocausto zombi. 

5. Espejito, espejito

Sí, son mágicos. En la vida real ni eres tan alta y delgada -en el mejor de los casos- ni ese trol obeso que ves delante de ti. Sin contar con que, por lo general, no sueles ir con un foco de asador de pollos colocado a 10 centímetros de tu cráneo que convierte tu rostro en el de un 'satancillo'. No te cortes y sal al pasillo a mirarte –y a coger oxígeno– para poder ver cómo te queda la ropa desde otros ángulos. De paso, observa cómo te miran las personas que están a la cola: una buena cara de envidia puede significar que te queda como un guante.    

5. Tejidos y acabados

Cuidado con llevarte el ofertón que tan ideal parece y que es capaz de ir haciendo bolas según entra en la bolsa, ¡que ni te lo has puesto! Si tienes algo de idea de materiales, no dudes en mirar la información de las etiquetas de las prendas. Exacto, esa especie de manual de instrucciones que a menudo nos raja la piel del roce, y que por su extensión parece más bien que contiene el texto del Tratado de Maastricht y la Constitución Europea en todos los idiomas del mundo, puede contener la clave para que no te compres prendas de calidad poco aconsejable.  

6. Asume la derrota

Lo que no puede ser, no puede ser y, además, es imposible. Muchas veces parece que han utilizado el patrón de Sharon Stone o Lina Morgan para hacer la ropa y a ti lo del juego de piernas no te sale igual en ninguno de los casos. “Todos sabemos que ir de compras puede ser difícil y, en algunas ocasiones, incluso desmoralizador”, comenta Davies, quien reconoce haber llorado en probadores tras intentarlo con seis tallas diferentes de una misma prenda sin dar con la ideal. Si no hay tu talla, en serio, has perdido una batalla, pero no la guerra. Hay decenas de tiendas con trapos similares que seguramente te encajen. Ahora descansa y coge fuerzas para otra ocasión, aunque tengas que llegar a 'las cuartas' rebajas.

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