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EMPRESARIA POR SORPRESA

Adriana Domínguez, la aspirante a actriz que ha salvado la empresa familiar

Ha conseguido reducir un 70% las pérdidas de Adolfo Domínguez en los meses que lleva al frente de la empresa. Casada con el presidente de Makro, vive en una aldea de Orense con su hijo pequeño

Foto: Adriana Domínguez en las instalaciones de la empresa en Orense. (Miguel Riopa)
Adriana Domínguez en las instalaciones de la empresa en Orense. (Miguel Riopa)

En verano del año pasado, el consejo de administración de Adolfo Domínguez nombraba de forma oficial directora general de la empresa a la primogénita del diseñador, Adriana Domínguez González (42). Su misión era capitanear la renovación de la firma con plenos poderes ejecutivos y bajo la dependencia directa del consejo. La situación era crítica. La empresa había perdido 22,7 millones en el ejercicio y había una última oportunidad de salvar los muebles confiando en un nuevo equipo que quería cambiar (mucho) las cosas. Ella dio un paso al frente para liderar lo que la prensa especializada ha bautizado a posteriori como "la revolución de Adolfo Domínguez". Porque los resultados le están dando la razón. Este año la empresa 'solo' ha perdido 6,9 millones de euros, lo que supone un descenso del 70% en comparación con el año anterior. No está mal para una aspirante a actriz (se formó en el prestigioso The Lee Strasberg Theatre Institute de Nueva York) que se crió en un ambiente selectísimo y que podría perfectamente vivir del cuento.

La directora general de Adolfo Domínguez, trabajando con su equipo. (Miguel Riopa)
La directora general de Adolfo Domínguez, trabajando con su equipo. (Miguel Riopa)

Adriana es la mayor de las tres hermanas Domínguez, fruto de la relación del diseñador con Elena González Álvarez, también involucrada en AD. Las tres han heredado una belleza bohemia de ojos inmensos y han recibido una educación exquisita. Adriana estudió en internados y escuelas de Inglaterra (la prestigiosa Repton School), Suiza y Alemania. Habla con fluidez cinco idiomas, toca el piano y está licenciada en Ciencias Empresariales Internacionales por ICADE y CESEM (Francia). "Al volver de los internados, teníamos que dedicar varias horas al día a la lectura, el dibujo y a tocar el piano. Como no íbamos a hacer la mili, mi padre instaló en el campo una gran estructura de entrenamiento. Teníamos que subir un muro con una cuerda para demostrarle que podíamos con todo. Era, y sigue siendo, muy exigente con nosotras", contó en una reciente entrevista con 'Fuera de Serie'.

Cinco producciones de cine

Durante un tiempo, ese 'todo' se focalizó en el cine. Quería ser actriz y para ello se mudó a Nueva York. Durante su breve pero intensa experiencia como intérprete llegó a compartir reparto con Kathy Bates, Geraldine Chaplin y Robert De Niro. Participó en cinco producciones de cine: 'La llorona', un thriller rodado en Nueva York; 'El sueño de Ibiza', donde interpretó a una joven doctora en Mozambique; 'El regalo de Silvia', con un papel como mujer ciega que recobra la vista, y 'Noviembre', en el que su personaje fue una chica de la calle. También intervino en 2004 en una coproducción con De Niro, 'El puente de San Luis Rey', rodada en lengua inglesa. Es miembro vitalicio de The Actors Studio, asociación sin ánimo de lucro para actores profesionales, directores y dramaturgos.

Valeria Domínguez, Elena González, Adolfo Domínguez y Adriana, en los Premios Telva. (Gtres)
Valeria Domínguez, Elena González, Adolfo Domínguez y Adriana, en los Premios Telva. (Gtres)

Ese perfil creativo y bohemio (estudió un máster de Pensamiento en la Escuela de Humanidades) no se ha disuelto del todo, si acaso está ahora volcado en sacar adelante la empresa familiar, en la que ella representa la tercera generación. A lo largo de los 18 meses que lleva al frente, se ha visto obligada a tomar decisiones duras, como descartar las diversas líneas de negocio que había puesto en marcha la generación anterior y fusionar las marcas para volver a una sola, el origen de todo, Adolfo Domínguez. Por el camino, se han quedado sus dos hermanas (es un decir). "No fue por ambición, sino por responsabilidad", reconoce.

Tiziana Domínguez, la hermana neoyorquina

Tiziana Domínguez, la hermana pequeña y hasta ahora directora creativa de la línea U, se ha diluido en esa anexión de marcas, que se hará efectiva en unos meses. Casada con el conocido estratega internacional Juan Verde, que asesoró durante años a Barack Obama, vive a caballo entre Nueva York y Orense. "Todos los equipos de diseñadores (hombre, mujer, complementos, innovación…) están en una de las naves de la compañía en Ourense. Los equipos ya están trabajando para las coleccciones de otoño e invierno, aunque no llegarán al mercado hasta septiembre. Tiziana Domínguez sigue trabajando en el departamento de diseño: se ocupa de la línea más disruptiva (lo que antes era U) y aunque no podemos anticiparlo, se ha empleado a fondo en una nueva propuesta que llamará la atención", explica un portavoz de la empresa.

Adriana Domínguez y su marido, José María García Agulló, en el tenis. (Gtres)
Adriana Domínguez y su marido, José María García Agulló, en el tenis. (Gtres)

Valeria Domínguez, la hermana pequeña, fue durante unos años responsable del e-commerce de Adolfo Domínguez. En 2016 decidió dejar la empresa y montó una compañía de consultoría, Digital Influencer. "Es una start up que pretende ser la primera comunidad para profesionales digitales", explica desde sus redes sociales.

Todas han crecido como profesionales en el seno de la empresa familiar, "con sus aciertos y errores". Para cuando Adriana se convirtió de facto en la primera ejecutiva del grupo, ya llevaba cerca de dos décadas involucrada en la firma y se la conocía al dedillo. Ejercía de consejera, directora de marca de Perfumes y directora de Comunicación. Ella siempre ha rechazado las críticas habituales que culpaban de la mala racha de Adolfo Domínguez al empeño del diseñador en poner al frente de puestos clave de la empresa a sus tres hijas, y parece que los últimos números le dan la razón.

En una aldea

La empresaria vive en realidad de forma sencilla. Reside en una pequeña aldea de Orense con su hijo de dos años y su marido, José María García Agulló, presidente de Makro desde el mes de enero. Se casaron en una escueta ceremonia civil en el Concello de Orense, en 2011, y a la celebración posterior en la finca familiar de Pereiro de Aguiar apenas invitaron a 20 personas.

Es el temperamento de Adriana, la bohemia y la empresaria que está empeñada en hacer que la firma familiar pueda albergar a la cuarta generación.

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