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Historia del corsé: ¿realmente fue una prenda que hizo sufrir a la mujer?
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Destinado a resaltar las curvas femeninas

Historia del corsé: ¿realmente fue una prenda que hizo sufrir a la mujer?

El primer corsé femenino apareció en el siglo XVI. Desde entonces se ha adaptado a cada época y hubo momentos en que incluso fue imprescindible en el armario de toda mujer

Foto: Bella Hadid vistiendo un corsé (Getty)
Bella Hadid vistiendo un corsé (Getty)

El corsé es una de las prendas de moda que más mitos y controversias esconde, pero su historia muestra que fue una pieza deseada por la mayoría de las mujeres para estilizar su figura en función de los gustos de la época. En contra de lo que se suele pensar no estuvo reservado a una clase social concreta, no era tan malo para la salud y hubo hasta modelos que se diseñaron para los hombres (para tratar afecciones de espalda o para dandis del siglo XIX). En un determinado momento incluso empezó a rodearse de un sentido erótico y se vinculó a ciertas prácticas sexuales. En relidad, el origen y desarrollo de esta prenda interior es realmente un recorrido por la evolución de una parte de la moda a lo largo del paso del tiempo.

Se considera que los corsés femeninos tuvieron su primer antecedente en civilizaciones antiguas, cuando los cretenses usaban unos cinturones de cuero similares a fajas para remarcar la cintura. Con el tiempo, las cotas masculinas que se empleaban en la Edad Media en el campo de batalla inspiraron los corsés que acabarían llevando las féminas.

placeholder Desfile de Victoria's Secret en Shanghai, China (Theo Wargo/Getty Images y Victoria's Secret)
Desfile de Victoria's Secret en Shanghai, China (Theo Wargo/Getty Images y Victoria's Secret)

Primeros corsés femeninos

En el Renacimiento, concretamente durante el siglo XVI, fue cuando surgieron los primeros corsés propiamente para el sexo femenino. En un principio estaban destinados a nobles y aristócratas con el fin de ofrecer un torso sin formas, cónico, recto y rígido. El pecho se aplastaba y el corsé formaba una punta baja en la cintura. El corte era muy militar, algo similar a una armadura femenina.

Un siglo después el corsé se estructuró con varillas de metal, madera o hueso de ballenas, de modo que la pieza se ajustaba al cuerpo y le daba una gran rigidez. Este corpiño con ballenas estrechaba la cintura y realzaba el busto. A través de unos tirantes obligaba a mantener la espalda muy recta y los hombros hacia atrás. Su uso dejó de ser exclusivo de la alta sociedad y se extendió a la burguesía. Además, los modelos se ornamentaban con cintas en la zona baja o encajes en función del estatus social.

placeholder Desfile de Dolce & Gabbana (Foto de Vittorio Zunino Celotto/Getty Images).
Desfile de Dolce & Gabbana (Foto de Vittorio Zunino Celotto/Getty Images).

Fue durante la Revolución Francesa (1789 – 1799), cuando el corsé sufrió un ligero declive, para resurgir nuevamente alrededor de 1810, solo que con una confección diferente. Se volvió curvo, marcando una cintura alta estrechísima (de avispa), de caderas anchas y elevando los senos. A este modelo se le llamó corsé reloj de arena.

Una prenda interior para cualquier mujer

En la Revolución Industrial, a lo largo del siglo XIX, la prenda se popularizó y muchas mujeres lo incorporaron a su ropero como una prenda interior esencial de cara a resaltar sus formas. En la Belle Époque (finales del siglo XIX y principios del XX), el corsé volvió a transformarse al ser habitual en cabarés y espectáculos nocturnos. Por lo tanto, se convirtió en una pieza fetiche en algunos ámbitos y su forma se modificó. El vientre, totalmente plano, el pecho se bajó ligeramente, las caderas grandes y proyectadas hacia atrás de modo que se la curva de la espalda se elevó volviéndose muy pronunciada.

placeholder Desfile de Jean-Paul Gaultier mostrando uno de sus corpiños (Pascal Le Segretain/Getty Images).
Desfile de Jean-Paul Gaultier mostrando uno de sus corpiños (Pascal Le Segretain/Getty Images).

A partir del siglo XX algunas voces feministas denostaron la prenda, pero el corsé perduró aunque con formas menos rígidas y siguiendo la línea natural de cuerpo femenino. El modista francés Chritian Dior volvió a dar algo de esplendor al corsé a finales de los años 40, con su gusto por las cinturas estrechas y las faldas voluminosas. Aquí se trataba de una prenda con tejidos cómodos y elásticos.

A partir de la década de los 60 la naturalidad se impuso como tendencia y el corsé dejó de fabricarse. Hubo una reaparición en la década de los 90 gracias a Madonna y los corpiños de Jean Paul Gaultier, pero no como una pieza interior sino exterior y con una acepción diferente a la original.

El corsé es una de las prendas de moda que más mitos y controversias esconde, pero su historia muestra que fue una pieza deseada por la mayoría de las mujeres para estilizar su figura en función de los gustos de la época. En contra de lo que se suele pensar no estuvo reservado a una clase social concreta, no era tan malo para la salud y hubo hasta modelos que se diseñaron para los hombres (para tratar afecciones de espalda o para dandis del siglo XIX). En un determinado momento incluso empezó a rodearse de un sentido erótico y se vinculó a ciertas prácticas sexuales. En relidad, el origen y desarrollo de esta prenda interior es realmente un recorrido por la evolución de una parte de la moda a lo largo del paso del tiempo.

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