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UNA NOVIA ÚNICA

Diana de Gales hizo historia con su vestido de novia y te explicamos por qué

En su momento, este impresionante vestido de novia creó tal expectación a su alrededor que su influencia e historia han transcendido a nuestros días

Foto: Diana y Carlos, el día de su boda. (Cordon Press)
Diana y Carlos, el día de su boda. (Cordon Press)

El 29 de julio de 1981 se ha quedado grabado en la memoria de los ingleses -bueno, y de los amantes de las monarquías de todo el mundo- como uno de los días grandes de la historia reciente de la familia real británica. Ese caluroso y soleado día en Londres se casaba en la catedral de San Pablo una joven y famosísima pareja, aquella que por aquel entonces formaban el príncipe Carlos y Lady Di, y la expectación en torno a todo lo que pudiera suceder en el enlace era máxima.

Un enlace televisado, medido al milímetro y donde se cuidó con mimo cada detalle, como una boda real de esa envergadura se merece. Recordamos que se casaba el heredero al trono de Inglaterra y lo hacía con la mujer que desde hacía meses ocupaba las portadas de revistas y periódicos más relevantes del planeta.

Carlos y Diana, el día de su boda. (AP Photo/PA)
Carlos y Diana, el día de su boda. (AP Photo/PA)

No faltó nadie relevante al enlace, ni siquiera una ya casada Camila Parker Bowles. La reina Isabel II escogió un total look azul turquesa con tocado a juego, pero ni con esas, el mundo quería ver a Diana y brilló, tanto que hizo historia con su espectacular vestido de novia al más puro estilo de una princesa moderna.

Diana de Gales, junto a la reina Isabel II en el palacio de Buckingham el día de su boda con el príncipe Carlos. (EFE)
Diana de Gales, junto a la reina Isabel II en el palacio de Buckingham el día de su boda con el príncipe Carlos. (EFE)

Cuando Lady Di salió del coche que la llevó, junto a su padre, directa a la escalinata de la catedral de San Pablo, el mundo se paró y en lo que a vestidos de novias de bodas reales se refiere (y del mundo en general), nada volvió a ser lo mismo. Voluminoso, suntuoso y único, en definitiva un modelo que automáticamente se convirtió en el gran prescriptor de tendencias del sector nupcial.

Diana de Gales y el príncipe Carlos, el día de su boda. (Cordon Press)
Diana de Gales y el príncipe Carlos, el día de su boda. (Cordon Press)

Diseñado por unos jóvenes y casi desconocidos David y Elizabeth Emanuel, se esperaba mucho de este vestido de novia, y lo cierto es que no defraudó. Fue la propia Diana quién eligió a esta pareja de modistos para crear y confeccionar el vestido de su boda. Meses antes de tomar esa decisión, David y Elizabeth Emanuel ya habían confeccionado una blusa para ella, y sobra decir que le encantó.

Una vez que el anuncio se hizo oficial, el que revelaba quiénes iban a diseñar el vestido de novia de Diana, la prensa se agolpó a las puertas de su pequeño taller en Londres para intentar cazar, sin éxito, alguna instantánea o prueba que demostrase cómo iba a ser aquel modelo. Pero el secreto se mantuvo hasta el final y Diana de Gales logró eclipsar el día de su boda.

La boda de Carlos y Diana. (Cordon Press)
La boda de Carlos y Diana. (Cordon Press)

Al menos este era el objetivo de sus diseñadores, que tiempo después confesaron que el vestido de novia de Diana de Gales "tenía que ser algo que fuese a pasar a la historia, pero también algo que Diana amase", además de ser "adecuadamente dramático con el fin de causar impresión". Y sí, lo lograron con creces.

Confeccionado en un tejido de tafetán de color marfil satinado al que le agregaron retales de encajes antiguos por el escote y las mangas, el vestido también contaba con diez mil aplicaciones de perlas y lentejuelas, y en el interior de la crinolina, esa estructura rígida en forma de jaula que daba volumen y forma a la falda del vestido, llevaba una herradura bordada en oro de 18 quilates como símbolo de buena fortuna.

Para rematar, un velo de tul de 140 metros de tela y una espectacular cola de ocho metros de largo.

Diana de Gales y al príncipe Carlos. (EFE)
Diana de Gales y al príncipe Carlos. (EFE)

El vestido de Lady Di, ya princesa de Gales, se convirtió en una oda al maximalismo nupcial absoluto y marcó la pauta de las tendencias en vestidos de novias de los años posteriores. El volumen en las mangas, los cuellos de estilo victoriano y los encajes fueron algunos de los elementos que se vieron constantemente después en otras bodas.

Lo más sorprendente es que nadie se esperaba que aquella tierna e inocente joven llamada Diana que se casaba con el heredero al trono de Inglaterra se rindiera el exceso y la opulencia el día que pasaba por el altar.

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