La desescalada de la moda en redes, a examen
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LAS SEIS FASES DEL CONFINAMIENTO

La desescalada de la moda en redes, a examen

Analizamos las fases por las que hemos pasado durante la cuarentena en cuestión de estilo

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Caro Daur. (Instagram)

Blazers en medio del salón para atender videollamadas laborales, pijamas convertidos en el nuevo uniforme de trabajo y el nuevo glam para bajar la basura han sido algunos de los hitos fashionistas del confinamiento. Ahora que por fin podemos salir de casa y echar la vista atrás con cautela, analizamos cuáles han sido las fases estilísticas de la desescalada.

El fin del mundo

Cuando Naomi Campbell subió a su canal de YouTube un vídeo en el que explicaba su ritual para coger un avión antes de la pandemia, muchos nos reímos. “Es una exagerada”, decíamos cuando no temíamos que el de al lado estornudara y mirábamos con incredulidad a los asiáticos que llevan mascarillas. Sin embargo, cuando la pandemia se hizo realidad, el traje anticoronavirus de Naomi Campbell se convirtió en el más deseado. Fue entonces cuando comenzamos a plantearnos si tendríamos que comprarnos una mascarilla (aún no teníamos en mente diseños estampados chic, sino los más funcionales posibles) y cuando pensamos que quizás Naomi no era una exagerada, sino una visionaria.

Listas para salir (sin hacerlo)

Fueron muchas las influencers que recomendaron a sus seguidores que lo mejor para mantener el ánimo era no descuidar el aspecto y seguir creando looks diariamente aunque fuera para no movernos del sofá. Numerosos trabajadores freelance que teletrabajan de forma habitual aseguran que lo mejor para no enloquecer es no trabajar en pijama, para poder así establecer barreras entre la vida personal y la laboral, pero los influencers (y diseñadores) fueron un paso más allá y continuaron luciendo looks pensados prácticamente para asistir a un evento.

El miedo a la videollamada

Teníamos miedo a salir a la calle, pero también a ser sorprendidas en el salón en chándal por nuestros superiores en una videollamada, por lo que adoptamos la máxima del presentador de telediario: blazer o camisa con pantalón de chándal o leggings. Solo nos preocupaba lo que la pantalla mostraba.

La fiebre fitness

Cuando el estado de alarma se extendió, entramos en pánico: necesitábamos movernos. Las celebridades compartieron sus entrenos y las plataformas de entrenamiento online emergieron mientras la ropa de deporte se convertía en nuestra compañera de cuarentena. Muchos subimos la pertinente foto con sudor, top deportivo y el mensaje de que seguíamos practicando deporte pese a todo a nuestras redes sociales. Que tire la primera mancuerna quien no lo haya hecho...

La fase pijamera

Los días avanzaban y todo seguía igual. Parecía no tener sentido arreglarse, las agujetas se habían apoderado de nosotras y las videollamadas se habían convertido en una parte más del día, por lo que adoptamos el pijama y el chándal y abrazamos la comodidad. ¿Nos habíamos rendido?

La luz al final del túnel

Anna Wintour o Marc Jacobs no trabajaban en casa en pijama. Entonces, ¿por qué no escuchar a los que más saben de moda? Decidimos animarnos con ayuda del armario y volvimos a crear looks de ensueño aunque fuera para celebrar un cumpleaños a través de Zoom, subir una foto a redes sociales o bajar la basura.

El furor por las mascarillas fashion

Cuando asumimos que las mascarillas estaban destinadas a ser un accessorio más en nuestras vidas, lo tuvimos claro: los estampados y los detalles embellished serían parte de la nueva normalidad.

¿Que qué hemos aprendido en cuestiones de moda del confinamiento? Que la comodidad se va a convertir en la estrella de nuestro armario, que el athleisure llegó para quedarse y que una misma prenda puede ser llevada de muchas formas diferentes con un poco de ingenio. Al fin y al cabo, nadie quiere que sus compañeros de trabajo piensen que se ha pasado la cuarentena llevando los mismos pantalones de chándal, aunque quizás sí haya sido así, ¿verdad?

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