Entrevistamos a Miren Arzalluz, la comisaria de la última exposición de Gabrielle Chanel
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Entrevistamos a Miren Arzalluz, la comisaria de la última exposición de Gabrielle Chanel

Hablamos con la directora de la exposición de Coco Chanel, de su revolución en nombre de la libertad y la naturalidad

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Miren Arzalluz. (EFE)

Después de dos años de trabajos de renovación, la inauguración del Palais Galliera reúne 350 piezas en sus 1.500 m2 para romper con el mito creado en torno a la creadora del perfume más vendido del mundo. La primera exposición de la historia sobre Gabrielle Chanel en París y de Miren Arzalluz como directora en el Palais Galliera, Museo de la Moda de París, tras su renovación, desvela el manifiesto que guio las creaciones de la modista.

Visitamos con ella la exposición y nos contagiamos por la pasión que trasmite Miren Arzalluz al explicar el trabajo de Chanel.

Es la primera retrospectiva dedicada a Chanel, ¿qué lo ha hecho posible?

Era evidente, lo sorprendente es que no se haya hecho nunca esta exposición en París. Se hizo una exposición sobre Chanel en Marsella a finales de los años 80. Y en 2005 se hizo una en Nueva York, en el MET, de Chanel-Lagerfeld, una especie de diálogo que no fue realmente una gran retrospectiva.

¿Por qué no se ha hecho hasta ahora?

Pues es casi increíble. Véronique Belloir y yo, que hemos comisariado la exposición, reflexionamos y, aunque no tenemos una certeza absoluta, planteamos una teoría: su estilo es tan atemporal, lo identificamos tan fácilmente, la tenemos tan presente en nuestra conciencia colectiva que todo el mundo piensa que ya la conoce y no es necesario hacer una exposición sobre ella. Es una de las creadoras más influentes del siglo XX, por lo que es un tema absolutamente legítimo y relevante.

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EFE.


La exposición se centra en el Manifiesto de Chanel a través de la moda. Recogéis una cita muy ilustrativa e ingeniosa de la revista 'WWD': “Gracias, Chanel, por chanelizar dos veces…”.

(Se ríe)… la moda. Dos veces en el mismo siglo: en la primera década del siglo XX, en los años 10, cuando empezó y la segunda en los años 50, cuando volvió. Es que es increíble. Se rebeló porque lo que imperaba en la moda era todo aquello que ella creía que no tenía que ser. Cuando volvió en los años 50, sus dos primera colecciones en París no fueron bien recibidas, salvo por la directora de la revista 'ELLE', que sí entendió la modernidad del tailleur. La criticaron por hacer lo mismo que en los años 20 y 30, y ahí radica su fuerza. Ahí está su manifiesto, la segunda vez con más de 70 años, en medio de una moda que parecía imparable: el encorsetamiento de las mujeres en los 50.

¿Qué va a sorprender al visitante de la exposición?

Porque la visión de Chanel ha quedado reducida al tweed, al bolso acolchado 2.55, al zapato bicolor y al perfume Chanel nº5. Todo eso es cierto, es una parte fundamental de su estilo, pero va mucho más allá de esto, aunque también hay que explicarlo. El gran público, igual que los que hemos trabajado en este proyecto, va a redescubrir a Chanel. Una Chanel más diversa, sofisticada que todos esos clichés que nos guiaban. Hay muchas piezas sorprendentes como los vestidos de impresión floral de los años 30, que precisamente no es lo que más identificamos con ella. Todos los vestidos de lentejuelas y plumas. El dominio y la capacidad que ella tenía para utilizar estos ornamentos como materia, no como ornamentos. El hecho de cubrir todo un vestido de lentejuelas, todo del mismo color, para que siguiera siendo un vestido tremendamente sencillo, de un refinamiento y un chic extremo, siempre con un resultado natural, jovial, ligero. Y las joyas. Todo el mundo piensa en cuatro cosas. Aparte de la doble C vemos una enorme diversidad. Ese contraste de la simplicidad de la silueta con la riqueza y opulencia de las joyas, que mayormente son bisutería. Es una joyería-fantasía historicista, inspirada en todos los periodos históricos: el medieval, el renacimiento, el bizantino… en un juego de acumulación.

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EFE.


Llegamos al famoso tailleur, ¿qué es el tailleur y todos los detalles que hacen del tailleur que sea 'el tailleur'? No es que ella utilice el tweed es cómo utiliza el tweed, por qué, qué busca con el tweed. Yo me vuelvo loca. No te sé decir una cosa. Es todo un análisis artístico y social.

¿Es una manera de hacer justicia al trabajo de Chanel?

Sí, claro. Explicamos por una parte las características estéticas y técnicas de su trabajo. Y por otra, cómo introdujo conceptualmente e integró la noción de confort, de libertad de movimiento, de naturalidad en la alta costura, algo absolutamente inédito que tiene una vertiente social. Puso a la mujer en el centro de su creación y no concebía la elegancia sin naturalidad ni libertad de movimiento. Si una mujer no estaba cómoda dentro de su vestido, nunca iba a estar elegante, todo era uno. Ella no se declaraba feminista, pero una cosa es lo que ella decía y otra es lo que ella practicaba. Algo que también es muy relevante y me interesa mucho ahora que tanto hablamos de la superproducción, de tantas colecciones, es la fidelidad a su estilo desde el principio al fin, se rigió por los mismos principios que no alteró en toda su vida. Es un concepto interesante para la creación contemporánea.

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Getty.


¿Podemos encontrar alguna conexión entre Chanel y Balenciaga? ¿Hay puntos en común entre 'La petite robe noire' de Chanel y el negro de Balenciaga?

Vienen de lugares muy diferentes pero sí. Balenciaga la admiraba muchísimo muchísimo. Solo dio dos entrevistas en su vida y en una de ellas habló de las grandes modistas de todos los tiempos y mencionó a Chanel, Vionnet y Louise Boulanger. Contaba que conoció a Chanel en los años 10. Cuando Chanel tenía su casa en Biarritz y presentaba colecciones en San Sebastián y él comenzaba su carrera como modisto, veinte años antes de venir a París. Fueron amigos toda la vida. Yo pensé: “Si Balenciaga habla así de Chanel, debe de ser una cosa increíble”. Y efectivamente, con Veronique, que también ama a Balenciaga, hemos entendido mejor esa relación. La relación de Balenciaga con el negro tiene un componente cultural: de su entorno, de la religión, de su Guetaria natal, de ese negro omnipresente en su época. Ahí se encontraron los dos, en su visión de que el negro era el color de la elegancia, de la sobriedad y de la distinción. Más que ningún otro color. Todo el mundo habla de el 'negro de Balenciaga', pero hizo rosa, amarillo, azul, verde, todos los colores. Y como vemos en esta exposición, más allá del negro y del marfil hay una paleta de color en Chanel. Hay un rojo y un azul maravillosos y muy característicos que nunca los hubiéramos imaginado. Eso también lo hemos descubierto gracias a esta exposición. La muestra nos sumerge en el universo de esta mujer dandy gracias a la dirección artística del historiador Olivier Saillard, que ha utilizado los emblemas de la firma en la escenografía que simula la escalera de espejos de la tienda insignia en Rue Cambon. Aunque el Palais Galliera se encuentra cerrado a causa de las normativas gubernamentales para limitar la propagación del coronavirus, en sus redes sociales sigue regalando píldoras del legado de la modista.

Con esta exposición se confirma que Gabrielle Chanel está viva, su manifiesto sigue impreso en el estilo de las mujeres.

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