‘Overconsumption=Extinction’ (el consumo excesivo = extinción) rezaba la pancarta que han conseguido colar en el desfile de Louis Vuitton. Las modelos, como profesionales que son, han seguido impertérritas y la retransmisión online ha respondido de manera inmediata cambiando el plano y dando una toma general del desfile. Pero los cientos de teléfonos móviles ya habían captado la imagen de la jornada.
Activista en la pasarela. (Reuters)
Dejando de lado las anécdotas, lo cierto es que Nicolas Ghesquière ha vuelto a confirmar con su desfile para el próximo verano que sigue siendo uno de los creadores más brillantes del siglo XXI. Lo hizo en Balenciaga, entendiendo como nadie y actualizando como pocos el lenguaje del maestro de Getaria, y en Louis Vuitton, donde el archivo es más limitado cuando toca buscar bocetos para una colección de vestuario, está construyendo una personalidad propia, algo que parecía complicado tras la salida de Marc Jacobs.
Louis Vuitton. (Reuters)
Ghesquière es modernidad, contemporaneidad y frescura, y eso lo hace con todo lo que toca, incluso con una colección como esta, de claro sabor historicista. En el Louvre y más concretamente en el Pabellón Richelieu, enmarcados por imponentes columnas e iluminados por un sinfín de arañas de cristal, es decir, con toda la pompa francesa, nos ha dado una lección de cómo reinterpretar un periodo histórico, en este caso, el siglo XVIII.
Hemos visto versiones de la bata francesa (o incluso del robe de style que popularizó Lanvin en los 20) y del terno y frac masculino. Al inicio, de una manera más transgresora, planteaba construcciones en las faldas que recordaban al panier, una estructura pensada para modificar la silueta de las caderas femeninas. Poco a poco, la dureza de la colección se iba moderando, dando paso a unas salidas más románticas, donde se prestaba más atención a los hombros y los cuellos, que versionaban la corbata que pusieron de moda los Luises del XVIII galo.
Louis Vuitton. (Reuters)
A una velocidad de vértigo, la que marcaba la música, desfilaban unas propuestas donde el denim se mezclaba con materiales más lujosos, tejidos con un punto relajado en negro o plata. Los diseños resultaban recargados y barrocos, pero analizándolos con detenimiento se encontraban piezas que le funcionaran de maravilla, porque Ghesquière sabe de historia, pero también de ventas.
Louis Vuitton. (Reuters)
Encabezando la lista de celebrities del desfile, Ana de Armas, convertida en nueva musa de la casa francesa. Después de su espectacular vestido para el estreno de la nueva película de James Bond, en París la hemos visto impresionante con un minivestido con botines.
Ana de Armas. (Getty)
Más deportiva, pero con los mismos botines que De Armas, ha aparecido una de los rostros clásicos ya de Louis Vuitton: Alicia Vikander, que apostaba por el toque animal print en las mangas.
Alicia Vikander. (Getty)
Catherine Deneuve, una de las grandes divas del cine francés, sigue siendo musa para los diseñadores e invitada de primera línea en el front row.
Catherine Deneuve. (Getty)
Antonela Roccuzzo Messi, ya instalada con su familia en París, ha acudido vestida de la firma al desfile.
Antonela Roccuzzo Messi. (Getty)
La tenista se ha declarado estos días fan de la moda e incondicional de los desfiles, Venus Williams ha acudido a cuantos la han invitado.
Venus Williams. (Getty)
La actriz norteamericana Jennifer Connelly es una de las favoritas de Ghesquière y ella ha demostrado su admiración por el modista una vez más.
Jennifer Connelly. (Getty)
Maria Olympia de Grecia ha aportado el toque aristocrático a la lista de invitados de Louis Vuitton.
Maria Olympia de Grecia. (Getty)
‘Overconsumption=Extinction’ (el consumo excesivo = extinción) rezaba la pancarta que han conseguido colar en el desfile de Louis Vuitton. Las modelos, como profesionales que son, han seguido impertérritas y la retransmisión online ha respondido de manera inmediata cambiando el plano y dando una toma general del desfile. Pero los cientos de teléfonos móviles ya habían captado la imagen de la jornada.