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Vintage, salseos fashionistas y ventas: lo que 'Emily in Paris' aporta a la moda
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LA SERIE DE MODA

Vintage, salseos fashionistas y ventas: lo que 'Emily in Paris' aporta a la moda

La segunda temporada tiene todos los ingredientes para que la industria de la moda se reactive y se vuelva más interesante. Sí: la serie de Netflix es la sal de un panorama ciertamente soso y carente de condimentos...

Foto: Lily Collins, en el episodio 5 de la segunda temporada de 'Emily in Paris'. (Netflix/Cr. Stéphanie Branchu)
Lily Collins, en el episodio 5 de la segunda temporada de 'Emily in Paris'. (Netflix/Cr. Stéphanie Branchu)

La serie de Netflix no solo se ha convertido en el placer culpable fetiche de los espectadores, sino en el mejor escaparate para las marcas de moda. Cuando ‘Sexo en Nueva York’ comenzó su andadura, tan solo los expertos eran capaces de identificar cada uno de los diseños que sus protagonistas llevaban. Por su parte, las grandes firmas se limitaban a comentar ante la máquina de café que Carrie había lucido un bolso de casa. Sin embargo, en la actualidad las firmas están pendientes en todo momento de cada uno de los looks que las estrellas televisivas llevan, pues saben que el que Lily Collins luzca alguna de sus creaciones en su odisea parisina repercute en visibilidad y, cómo no, en ventas.

placeholder El aclamado bolso de Longchamp de red. (Cortesía de Backgrid/Longchamp)
El aclamado bolso de Longchamp de red. (Cortesía de Backgrid/Longchamp)

Por ello Longchamp se enorgullece de anunciar que el bolso Le Pliage Filet amarillo de la colección Longchamp primavera-verano 2022 aparece en la segunda temporada de ‘Emily in Paris’, demostrando que sus diseños son el puente perfecto entre diferentes generaciones de compradoras, que pueden enamorarse tanto de los diseños de piel más clásicos como de los bolsos de red de Longchamp. El equipo de vestuario de la serie no quiere únicamente presumir de tener acceso a las grandes marcas, sino que esta temporada se ha esforzado por apostar por diseñadores emergentes que encuentren en la pequeña pantalla un gran escaparate.

placeholder Emily sigue sin dominar el 'savoir faire' francés... ¡Y menos mal! (Netflix)
Emily sigue sin dominar el 'savoir faire' francés... ¡Y menos mal! (Netflix)

Si la duda acerca de si Carrie Bradshaw llevaba o no un vestido de Forever21 en ‘And Just Like That’ ensombreció la estética de la serie y nos hizo ver que mientras que las neoyorquinas amantes de los cosmopolitan no pueden divertirse con la moda, porque el mundo examina cada decisión estilística que toman con las balas cargadas, en ‘Emily in Paris' todo está permitido. Desde diseños asequibles (la primera temporada cierra con Collins luciendo un vestido ‘cupcake’ de Giambattista Valli para H&M) hasta creaciones vintage (al comienzo de la segunda, luce una chaqueta ‘power dressing’ verde de Elie Saab combinada con un polo de Versace y con una falda de cuadros vintage de Thierry Mugler) sin que nadie rechiste.

placeholder Sylvie, Emily y Camille, en una comida de trabajo. (Netflix/Carole Bethuel)
Sylvie, Emily y Camille, en una comida de trabajo. (Netflix/Carole Bethuel)

"Llevo los últimos siete años reciclando y reutilizando. Solo compramos algo nuevo si se necesita para el día siguiente y no hay forma de entregarlo a tiempo. Me encantan las tiendas de segunda mano; soy amiga de casi todos los dueños de tiendas ‘vintage’ de París. Me llaman cuando tienen prendas únicas o muy especiales, cualquier cosa que un simple mortal no se atrevería a ponerse. Para la segunda temporada, decidí que mi desafío sería combinar una prenda de alta costura, de Dior o Balmain, con una de un joven diseñador, con una ‘vintage’, con algo que encontrarías en tiendas como H&M o Zara. Todo el mundo debe poder comprarse algo que le gusta de acuerdo con sus posibilidades. Compra ropa de diseño si puedes, compra en H&M. Yo compro casi todo entre las 3:30 y las 5:30, que es cuando mi mente está más despejada", explica a 'Netflix' la diseñadora de vestuario, Marylin Fitoussi.

placeholder Emily, en Saint-Tropez. (Netflix/Carole Bethuel)
Emily, en Saint-Tropez. (Netflix/Carole Bethuel)

Uno de los looks más llamativos de la temporada es en el que lleva unas maxigafas de sol con un pañuelo estampado a la cabeza, un look en el que destaca un vestido vintage de Courrèges que luce debajo de una gabardina estampada procedente de la tienda vintage Plaisir Palace. Las miradas al pasado, como el look ochentero de Isabel Marant de cuero que el personaje de Camille lleva con botas maxi de cebra, conviven con lanzamientos del presente, pues la serie se ha convertido en un trampolín para las nuevas creaciones.

placeholder Emily lleva su maleta de Pierre Cadault x Rimowa. (Netflix/Carole Bethuel)
Emily lleva su maleta de Pierre Cadault x Rimowa. (Netflix/Carole Bethuel)

No solo ha lanzado una colección ‘ad hoc’ con My Beachy Side, sino que el que Emily luzca constantemente mitones de colores se debe a que Patricia Field lanza una colección de guantes junto a la marca de lujo Seymoure, que ya vende sus guantes de piel. Sus modelos más deseados se llaman, cómo no, Emily. La serie sirve también para hacer un guiño al mundo de la moda desde su vertiente más pública como la más ‘insider’. Por eso vemos a Emily lucir una maleta de Pierre Cadault x Rimowa, con la que se adentra en la importancia de las colaboraciones entre marcas en la actualidad, y comprueba de primera mano las relaciones de amor-odio que tienen lugar tras las cámaras, los desfiles y el glamour.

placeholder Lily Collins luce looks aún más coloridos en la segunda temporada. (Netflix)
Lily Collins luce looks aún más coloridos en la segunda temporada. (Netflix)

Incluso los homenajes han estado presentes en la segunda temporada, pues durante un desfile, las modelos llevan diseños de ‘shapewear’ que realizó el desaparecido Alber Elbaz y su marca, AZ Factory. Aunque el desfile se grabó cuando todavía estaba vivo, el diseñador no llegó a ver el resultado. Lo que nosotros sí hemos podido apreciar es que ‘Emily in Paris’ conoce bien los entresijos de la moda y aunque los revele de una forma en ocasiones algo ridícula, hace algo esencial: no tomarse a sí misma demasiado en serio. Las marcas han encontrado en la serie una mina de ventas y visibilidad, y el que las responsables de vestuario apuesten por firmas emergentes y marcas menos conocidas brinda también una gran oportunidad a las nuevas generaciones de la industria, que sabe que la televisión es su nueva (y más poderosa) pasarela.

La serie de Netflix no solo se ha convertido en el placer culpable fetiche de los espectadores, sino en el mejor escaparate para las marcas de moda. Cuando ‘Sexo en Nueva York’ comenzó su andadura, tan solo los expertos eran capaces de identificar cada uno de los diseños que sus protagonistas llevaban. Por su parte, las grandes firmas se limitaban a comentar ante la máquina de café que Carrie había lucido un bolso de casa. Sin embargo, en la actualidad las firmas están pendientes en todo momento de cada uno de los looks que las estrellas televisivas llevan, pues saben que el que Lily Collins luzca alguna de sus creaciones en su odisea parisina repercute en visibilidad y, cómo no, en ventas.

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