Estos son los hechos, pero, ¿qué hay de la historia real? La de carne y hueso, de la saga iniciada en un valle frondoso, un lugar como de cuento, en la que hay una heroína y cientos de desafíos, que hoy es un referente mundial de la relojería suiza.

150 años de audemars piguet

La firma que transformó un pequeño pueblo suizo en cuna de la alta relojería
por ec brandsA lo largo de sus 150 años de historia, la firma de relojes ha hecho de la pasión de los hombres y mujeres de la Valle de Joux su hogar, su presente y su futuro.
Si tuviéramos que resumir las razones que han convertido a Audemars Piguet en una de las manufacturas de alta relojería más exclusivas del mundo, al menos tendríamos que mencionar cinco hechos. El primero y más importante, haber permanecido independiente y en manos de sus familias fundadoras desde hace 150 años. El segundo, haberse enfrentado a la industrialización del cuarzo a base de perpetuar la fabricación artesanal de la relojería mecánica sin perjuicio de la verticalización de la producción y distribución
El tercero, su capacidad para ir contra corriente y apostar por diseños diferentes de alta complejidad. El cuarto, haberse atrevido a romper las reglas y crear el reloj de acero más caro del mundo, el Royal Oak y, dos décadas después, el Royal Oak Off, que situó a la firma como la primera de lujo en asociarse a la cultura pop. Y, por último, su asociación con el mundo del arte, que le han permitido alimentar una creatividad que no ha cesado hasta la fecha.

La verdadera historia
Todo comienza en un valle de emprendedores
En el Valle de Joux, y con más precisión, en Le Brassus, hogar de Audemars Piguet, se encuentra uno de los principales centros de la relojería suiza de alta gama. Se trata de una región anidada en las montañas del Jura, al norte de Ginebra, en la frontera entre Francia y Suiza, donde su tupido bosque permitió a los miembros de la resistencia en la Segunda Guerra Mundial -Les passeurs du Risoud- pasar clandestinamente durante la noche datos, bienes y refugiados, mientras de día, los niños del valle jugaban pisando los senderos y ocultando las huellas.

Un lugar mágico donde la sinergia entre las personas, la naturaleza y el tiempo generó una pasión y un saber hacer transmitidos generación tras generación.
Le Brassus es un pequeño pueblo que estaba destinado a hacer grandes cosas. Y es que los habitantes del valle eran emprendedores natos. Ebanistas, herreros o lapidarios, también tenían ganado y tierras. En el crudo invierno, lejos de quedarse de brazos cruzados, trabajaban en la relojería. Y el resto es ya historia… 150 años de historia en concreto.
En el siglo XVIII los granjeros de la región empezaron a dedicar sus largas jornadas de invierno a la artesanía relojera en los altillos llenos de luz de sus granjas, transformando estas edificaciones agrarias en improvisados talleres para producir componentes de relojes y todo tipo de operaciones de fabricación y ensamblaje.

Un árbol genealógico

destinado a grandes hazañas
La sólida red de artesanía familiar forjada en la región permitió alumbrar algunos de los mecanismos relojeros más complicados jamás realizados. En el valle de Joux los lazos sociales son fuertes, por lo que la relojería se extendió en el seno de las familias. Las familias Piguet y Audemars fueron las primeras en participar en esta dinámica.
Ese fue el caso de Jules-Louis Audemars (1851-1918), quien funda el primer taller en 1885 de la futura marca, y de su vecino Edward-Auguste Piguet (1853-1819) con quien en 1881 firma un contrato de asociación. Ninguno podía imaginar el extraordinario destino que aguardaba a su futura empresa. Lo que sí sabían era que su pequeño pueblo era uno de los centros más importantes del mundo en la creación de relojes complicados. ¿Cómo se explica este destino tan especial?
Jules-Louis Audemars Edward-Auguste Piguet

A mediados del siglo XVII, los conflictos religiosos entre católicos y protestantes asolaban Europa. En 1558, el francés André Audemars huyó de la persecución y encontró refugio en Ginebra. Fue su hijo Jacob quien, alrededor de 1580, se convirtió en el primer Audemars en establecerse en el valle de Joux.
La familia echó raíces en una pequeña granja en una aldea llamada Derrière les Grandes Roches. El invierno de 1791-92 estuvo marcado por un episodio tan trágico como trascendental. Suzanne Audemars, conocida como "La Zanne", de soltera Piguet, perdió a tres hijos y a su marido en pocas semanas, víctimas de una epidemia que no pudo ser tratada por la falta de un médico en la región. Se encontró sola con tres niños de entre cinco y doce años, aislada por la nieve y el frío. Sin embargo, estaba dotada de un carácter excepcional.
Además de picapedrera, también se dice que era herbolaria, curandera e incluso contrabandista; según la leyenda, escondía un tesoro bajo su cama y dormía junto a su fusil. Con el apoyo de sus vecinos y de sus padres, consiguió enseñar a sus tres hijos más pequeños el oficio de relojera, fundando así, sin saberlo, una auténtica dinastía de la que Audemars Piguet es heredera directa. Louis-Benjamin tenía entonces nueve años. Fue el primero en introducir a la familia Audemars en la historia de la relojería.



Por su parte, para encontrar los orígenes de la familia Piguet en el valle de Joux hay que remontarse a la colonización de esta región remota. Sin duda, la familia venía aquí desde hacía mucho tiempo para pastar su ganado en verano, pero alrededor de 1264, algunas fuentes indican que los Piguet, junto con algunos otros pioneros, decidieron establecerse aquí, aunque eso significara soportar los duros inviernos.
Unos siglos más tarde, los miembros de la familia Piguet volvieron a ser pioneros, esta vez en la relojería. Daniel Piguet (1733-1813), el primer relojero de apellido Piguet, comenzó su aprendizaje en 1749 con David Golay, que había aprendido el oficio de Samuel Olivier Meylan, el primer relojero del Valle.

Una manufactura rendida a los

encantos femeninos
Desde su creación, Audemars Piguet ha explorado incansablemente nuevos territorios creativos en términos de técnicas relojeras, complicaciones, materiales y diseños innovadores.
Los relojes femeninos han tenido suma importancia en esta senda creativa a través de la miniaturización, el engaste de piedras preciosas y la sofisticación estética, tres propiedades reflejadas en las piezas históricas que pueden apreciarse en el Musée Atelier Audemars Piguet en la Vallée de Joux.

El diminuto tamaño de los relojes femeninos ha servido a los fundadores de Audemars Piguet de plataforma para la innovación. Estas piezas, que se llevaban a modo de colgantes, broches o anillos -recordemos en el pasado estaba mal visto que una dama consultara la hora en público- fueron la punta de lanza de la manufactura en el proceso de miniaturización que propició el reloj de pulsera a principios del siglo XX.

los hitos de The HOUSE

of wonders
Desde Le Brassus hacia el mundo, estas son algunas de las maravillas salidas de la casa Audemars Piguet en el último siglo y medio:


1892

En 1892, la casa crea el Reloj de broche en miniatura con repetición de minutos. Durante el siglo XIX, los relojes de mujer eran más decorativos y pequeños que los de hombre, lo que a menudo difuminaba la línea entre joyería y relojería, con una complicación reseñable en este caso.

1914

En el Museo Atelier Audemars Piguet se puede ver un boceto de un reloj femenino de pulsera creado en 1914 que contaba con una doble complicación: un cronógrafo y una repetición.

1917

El primer reloj joya de pulsera creado por Audemars Piguet data de 1917. Se caracteriza por un brazalete alineado con los dos lados horizontales del octógono que conforma la caja del reloj. ¡La misma que la del Royal Oak pero creada medio siglo antes!
1918

Un año después, en 1918, los artesanos de la maison crean el Reloj colgante esmaltado con gemas engastadas y collar de perlas. Una pieza realmente única a caballo entre dos artes.
1921

En 1921, la casa crea en colaboración con el joyero Oscar Heyman el Reloj de Alta Joyería ultra miniaturizado engastado con diamantes, zafiros rosas y esmeraldas.

1950

En 1950 el reloj secreto para mujer de malla milanesa aloja el calibre 5/7SB realizado en interno, uno de los movimientos mecánicos más pequeños del mundo.

1970
En los 1970 se pasa de la miniaturización a los diseños con cierto dramatismo, haciendo de las cajas de los relojes un lienzo en blanco para la forma. Destaca el reloj de caja oval realizado en verde y esfera de malaquita.

1976

En esta década nace El Royal Oak, el primer reloj deportivo de lujo (y de acero) con el movimiento automático más delgado por aquel entonces. Obra del Picasso de la relojería, el aclamado Gérald Genta, cuatro años después fue reinterpretado en femenino por Jacqueline Dimier quien, a cargo del departamento de diseño de Audemars Piguet entre 1975 y 1999, adaptó el reloj a las muñecas femeninas. El resultado fue una primera versión femenina de 29 mm en 1976.

1997

Con motivo del 25 aniversario de la colección, en 1997 el mítico modelo dio un vuelco significativo pasando de sus medidas iniciales de 39 mm a los 20 mm de diámetro del Royal Oak Mini. El juego con las dimensiones dio una vuelta de tuerca y dio continuidad al sólido legado de miniaturización de Audemars Piguet. Es en este modelo en concreto en el que se inspiran los tres nuevos modelos presentados en 2024.
2025

En versiones de oro amarillo, blanco o rosa de 18 quilates, los nuevos relojes monocromáticos en miniatura combinan los inconfundibles códigos estéticos del Royal Oak original con el resplandeciente acabado Frosted Gold para crear un efecto visual llamativo.

cuando la relojería

se fragua entre mujeres
Convencida del poder de la creatividad para fomentar la cultura, conectar a las personas y ampliar los horizontes, Audemars Piguet siempre ha impulsado un diálogo enriquecedor con los diversos ámbitos creativos. entre ellos la Alta Costura y la joyería, con los cuales comparte un compromiso firme en torno a la artesanía, la precisión y la excelencia. Y lo ha hecho a través de las voces femeninas.
La diseñadora florentina Carolina Bucci dio a conocer al mundo relojero la antigua técnica de orfebrería frosted, que produce un característico brillo resplandeciente, a través de Audemars Piguet en 2016 en un Royal Oak Frosted. Un acabado que desde entonces tiene un lugar de honor en la maison.
El primer asalto de la colaboración con la creadora australiana Tamara Ralp fueron los relojes Royal Oak Automático con esfera Grande Tapisserie y Royal Oak Concept Tourbillon Volante que desfilaron en pasarela junto a algunos de los diseños del tándem Ralph & Russo en enero de 2024. Esta pareja de diseñadores ha vestido a las mujeres más famosas del planeta, entre ellas Angelina Jolie, Meghan Markle, Ana de Armas, Penélope Cruz, Bella Hadid y Aishwarya Rai.


En 2024, la asociación creativa se ha centrado en el diseño de una edición limitada del Royal Oak Concept Tourbillon Volante presentada el pasado 22 de enero durante el desfile de la diseñadora en París, poniendo de relieve la visión vanguardista de la artesanía de ambas marcas, su mezcla de conocimientos ancestrales y técnicas modernas, así como sus creaciones concebidas no solo como objetos de arte, sino como conductores de emoción.
Y es que las mujeres han desempeñado un papel clave en la creación de los relojes de la casa: desde la heroína con la que se inicia la saga Audemars, La Zanne, a Jacqueline Dimier, pasando por la diseñadora de joyas Carolina Bucci, la diseñadora de moda Tamara Ralph y ahora con Anne-Gaëlle Quinet, directora de complicaciones de Audemars Piguet, una de las pocas mujeres que ha alcanzado esa posición en la industria y, como no, su CEO (una de las poquísimas de la industria) Ilaria Resta.
El futuro, señoras, está en manos femeninas.