Carla Hinojosa: "El verdadero lujo de mirar la moda desde dentro"
Estar en Milán es mirar la moda de cerca, por supuesto, pero también comprender que detrás de cada aplauso final hay una historia mucho más grande de lo que se muestra en la pasarela
Una imagen del desfile de Elisabetta Franchi (Cortesía)
Ya lo sentenció Miranda en 'El diablo Viste de Prada', incluso el jersey azul más irrelevante de nuestro armario no está ahí por casualidad. Ese color, lo eligió primero un diseñador para una colección, lo llevó una firma de lujo a la pasarela, lo fusilaron las cadenas de moda, y acabó en la estantería de rebajas, donde alguien lo compró pensando que era "simplemente azul". Pero nada en la moda es simple. Detrás de cada prenda hay decisiones e historias que van más allá del color de la prenda o de la prenda en sí misma.
El lujo funciona igual. Un bolso Hermès no es solo cuero y costuras. Es historia viva, artesanía que ha convertido un objeto cotidiano en mito cultural. Y ahí está el verdadero valor. Y por eso confieso que me resulta más sensato invertir en ese relato que permanece, que en cualquier otro bolso del mismo precio que se desvanece en cuanto sale de la tienda. Porque el lujo no es lo que vemos, sino todo lo que no se ve. Lo cual también incluye algo que muchas veces olvidamos, la belleza. Un perfume, una crema o un labial son, en realidad, otra forma de contar esa historia. Justamente, he estado estos días enMilán de la mano de Dolce & Gabbana Beauty, recordando que la belleza es la puerta de entrada al lujo, una manera distinta de sostener lo que parece etéreo.
Una imagen en el front row de Milán (Cortesía)
Quizá por eso el verdadero lujo no es llevar un bolso "caro", sino entender qué hay detrás. Reconocer que en esa piel cosida a mano, hay historias de talleres, de tradiciones y de una visión creativa que alguien tuvo hace años. Igual que en nuestra vida. Lo que mostramos hacia afuera casi nunca revela lo que de verdad lo sostiene. Ya me lo advertía mi madre cuando en nuestra tienda multimarca vendíamos jeans de setecientos euros. Al final, cuando pensamos que algo es "caro", conviene preguntarse; ¿caro comparado con qué? Porque detrás de cada cifra hay tiempo, oficios y una cadena de valor invisible.
Y pocas veces esa idea se hace tan evidente como en una Fashion Week. Lo que el público ve; un desfile que dura quince minutos si llega, flashes, invitados VIP en primera fila… es solo la punta del iceberg. Lo que no se ve es lo que de verdad lo sustenta: meses de trabajo, fittings interminables, equipos que duermen poco y un engranaje inmenso de profesionales que convierten en espectáculo, lo que empezó siendo un boceto en un papel. Lo comprobé asistiendo al desfile de Elisabetta Franchi, una marca con la que llevo años colaborando y con la que incluso desfilé. Desde dentro entiendes que nada es casualidad. Cada luz, cada prenda, cada minuto de retraso… tiene detrás un ejército silencioso (de cara a la galería). Y lo mismo sucede en presentaciones de marcas. Cada detalle está medido, cada experiencia busca transmitir un universo.
Cris CastanyFotografía: Enrique SelmaEstilismo: Teresa Serrano. Asistente de estilismo: Maite da LuzM.U & Hair: Patrizio Niccolai para Dior
En Milán estos días los hoteles se llenan de insiders y en cada esquina hay una van negra descargando editores, celebrities y compradores que vienen de todo el mundo. Pero detrás de esa coreografía perfecta hay algo más profundo. La validación de tendencias que, sin darnos cuenta, terminarán influyendo en lo que llevaremos dentro de unos meses. Igual que aquel jersey azul de Miranda Priestly.
Ese es el verdadero lujo de una Fashion Week. No es sentarse en un front row, sino entender que lo que allí ocurre es una especie de laboratorio cultural, donde se mezcla arte, negocio y deseo. Estar en Milán es mirar la moda de cerca, por supuesto, pero también comprender que detrás de cada aplauso final hay una historia mucho más grande de lo que se muestra en la pasarela.
La entrada a los desfiles es un hervidero (Cortesía)
He tenido la suerte de vivir la Fashion Week desde ángulos muy distintos a lo largo de mi vida. Primero como buyer, con la mirada práctica de quien selecciona las piezas que llegarán a tienda. Más adelante como influencer, intentando acercar la moda a miles de personas a través de una pantalla. Y esta temporada, por primera vez, aportando mi visión a este medio, con la responsabilidad de traducir en palabras lo que me transmite Milán estos días, más allá del show.
Son las tres grandes vías de acceso a este mundo; negocio, comunicación y análisis. Para mí, el lujo es justamente eso, poder mirar la moda desde esas perspectivas tan distintas. Y con este primer artículo mi objetivo no es contar lo que pasa en Milán, sino ofrecer una forma de entender la moda que vaya un poco más allá de lo superficial. Que incluso quien siempre la ha visto como algo frívolo pueda descubrir que detrás de cada prenda, cada invitación y cada "finale", hay mucho más de lo que parece.
Quizá ese sea el verdadero lujo. Tener la oportunidad de mirar la moda con profundidad, comprenderla y compartirla. Porque al final, la moda no es solo lo que llevamos puesto, sino la manera en que elegimos mirar el mundo.
Ya lo sentenció Miranda en 'El diablo Viste de Prada', incluso el jersey azul más irrelevante de nuestro armario no está ahí por casualidad. Ese color, lo eligió primero un diseñador para una colección, lo llevó una firma de lujo a la pasarela, lo fusilaron las cadenas de moda, y acabó en la estantería de rebajas, donde alguien lo compró pensando que era "simplemente azul". Pero nada en la moda es simple. Detrás de cada prenda hay decisiones e historias que van más allá del color de la prenda o de la prenda en sí misma.