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Primer show en Loewe tras la etapa Anderson con Almodovar y Milena Smit como testigos
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Primer show en Loewe tras la etapa Anderson con Almodovar y Milena Smit como testigos

Loewe, bajo la batuta de McCollough y Hernández, ha dejado claro que esta Primavera-Verano 2026 no se trata de un simple cambio de manos, sino de un cambio de piel

Foto: Almodovar y Milena Smit (Getty Images)
Almodovar y Milena Smit (Getty Images)

En el universo de la moda de autor, Loewe atraviesa un momento de cambio decisivo. Tras años en los que Jonathan Anderson ha impreso una identidad reconocible y convirtió la firma española en referente global de vanguardia y artesanía, la casa abre un nuevo capítulo bajo una dirección diferente.

Desde abril, el mando creativo lo asumió el tándem formado por Jack McCollough y Lázaro Hernández, conocidos por su labor en Proenza Schouler y por una visión estética que combina sofisticación urbana con experimentación formal.

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El fichaje de este dúo no es un simple relevo generacional, sino una apuesta estratégica por renovar códigos sin renunciar al legado. Con ellos se espera una reinterpretación fresca de la tradición del cuero, un lenguaje más cosmopolita y un pulso creativo que dialogue con la contemporaneidad. Así, el próximo desfile se anticipa como un manifiesto: la confirmación de que Loewe sigue marcando el compás de la moda internacional.

Una única obra del pintor y escultor estadounidense Ellsworth Kelly colgaba en la entrada del espacio del desfile de mujer de LOEWE Primavera-Verano 2026. Titulada Yellow Panel with Red Curve’ (1989), la pieza habla con fuerza a través del color, la forma y el contraste: un símbolo de nuevas visiones y temas para la Casa que se presentan en el desfile femenino de LOEWE Primavera-Verano 2026 de hoy. «En ella reside una vibración y una tactilidad que se sienten fundamentales para la Casa; una intensidad cromática y una sensualidad que parecen inherentes a sus raíces españolas; y, en última instancia, un optimismo y un espíritu con los que nos identificamos profundamente... Funciona como un punto de partida, una especie de preludio, de lo que está por venir», esta información rezaba en el muro de Instagram de la marca minutos antes del desfile.

El front row fue un fiel reflejo de la expectación internacional que levanta cada nuevo capítulo de Loewe. Entre los asistentes destacó Pedro Almodóvar, siempre cercano a la firma, acompañado por Milena Smit, su musa cinematográfica y uno de los rostros españoles con más proyección en la moda global. La representación internacional estuvo encabezada por Solange Knowles, amiga cercana de los diseñadores y voz indiscutible de la cultura contemporánea, junto a Tracee Ellis Ross, icono de estilo y referente de diversidad en Hollywood. También se dejó ver Emma Chamberlain, estrella digital que conecta con las generaciones más jóvenes, prueba del esfuerzo de Loewe por tender puentes entre tradición y modernidad, entre el aura artística y la inmediatez viral.

El espacio, blanco, minimalista y bañado por una luz casi celestial, cedió todo el protagonismo a la ropa. La colección arrancó con propuestas de líneas limpias y colores vibrantes: chaquetas en tonos rojos intensos, acompañadas de accesorios de gran formato y calzado en amarillo ácido, un contraste pensado para sacudir la retina. Poco después, la paleta viró hacia los ocres y marrones con rayas horizontales, como en los vestidos cortos de silueta recta que evocaban un aire retro pero actualizado.

Uno de los grandes guiños de McCollough y Hernández fue la introducción de texturas táctiles y movimiento a través de flecos y materiales fluidos. Destacaron faldas y vestidos en azul eléctrico y blanco que, al caminar, creaban un efecto ondulante, casi hipnótico, evocando tanto la ligereza del verano como la teatralidad que la moda exige. En el polo opuesto, pantalones de satén naranja vibrante o abrigos largos en tonos cálidos subrayaron una apuesta por el color como lenguaje emocional y directo.

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La colección jugó con la dualidad entre lo urbano y lo onírico. Hubo camisetas básicas elevadas con sastrería experimental, vestidos tubo en terciopelo degradado que parecían esculturas móviles y accesorios inesperados: bolsos que recordaban racimos de flores blancas, gafas futuristas y zapatos planos reinterpretados desde una perspectiva casi arquitectónica.

El cierre estuvo marcado por la irrupción de piezas más gráficas, con vestidos de rayas multicolor y cortes geométricos que encapsulan a la perfección el espíritu de los nuevos directores creativos: un equilibrio entre la disciplina formal y el atrevimiento visual. Fue un final que pareció reclamar la herencia española de la casa a través de un lenguaje internacional, donde la innovación no es ruptura, sino evolución.

La colección celebró la artesanía y el color, pero también la modernidad de una firma que se niega a quedar estática. Como la obra de Kelly que presidía la entrada, este desfile se convierte en un preludio vibrante de lo que está por venir.

En el universo de la moda de autor, Loewe atraviesa un momento de cambio decisivo. Tras años en los que Jonathan Anderson ha impreso una identidad reconocible y convirtió la firma española en referente global de vanguardia y artesanía, la casa abre un nuevo capítulo bajo una dirección diferente.

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