Lo que no se vio en el Pink Ball del British Museum: el nuevo “MET británico” que vistió Londres de rosa
El sábado noche la capital británica se convirtió en el epicentro de la moda europea, Naomi Campbell vestida con la bandera británica fue la única que se saltó el dress code que marcó la velada
Londres se tiñó de rosa este fin de semana. Literalmente. El majestuoso British Museum abrió sus puertas para celebrar el Pink Ball, una gala que promete convertirse en el evento de moda y cultura más esperado del calendario británico. Entre columnas neoclásicas y bajo la imponente cúpula de Norman Foster, se dieron cita figuras del arte, la música, el cine y, por supuesto, de la moda. Una noche que hizo pensar que el Reino Unido ha encontrado, por fin, su propio momento de alfombra rosa, a la altura del legendario MET de Nueva York.
El dress code era claro: rosa en todas sus versiones, desde los tonos empolvados más delicados hasta los fucsias más eléctricos. La gala, organizada en apoyo a la exposición 'Ancient India: Living Traditions', se convirtió en un desfile de creatividad, elegancia y guiños a la cultura contemporánea. “Londres necesitaba su gran noche de moda y arte, y la ha encontrado aquí”, comentaba uno de los asistentes entre cóctel y cóctel.
Invitados de lujo y un ambiente de ensueño
Entre los invitados destacaron nombres tan reconocidos como Naomi Campbell, Lady Kitty Spencer, Janet Jackson o Mick Jagger, todos fieles al código rosa menos la modelo.
Pero la noche también reunió a una constelación internacional: Kristin Scott Thomas, Carolina Herrera (que posó radiante junto a Wes Gordon), Bianca Jagger, Bianca Brandolini y las siempre elegantes hermanas Spencer, que llevaron el glamour aristocrático al terreno más moderno.
Pocos dúos representan mejor la sofisticación que Carolina Herrera y su director creativo Wes Gordon, quienes posaron juntos como la encarnación viva del estilo neoyorquino con acento internacional. Ella, impecable, optó por un vestido de línea clásica —su sello inconfundible— y joyas discretas. Gordon, fiel a su estilo refinado, lució un esmoquin con solapas satinadas en tono blush que actualizaba el negro tradicional. Juntos, recordaron por qué la casa Herrera sigue siendo sinónimo de elegancia sin esfuerzo.
La actriz británica Kristin Scott Thomas demostró, una vez más, que el menos es más puede ser absolutamente magnético. Apostó por un vestido de seda en dorado, con tirantes y escote corazón, el sutil toque rosa lo llevaba en el collar, añadía ese aire de discreta sofisticación que la ha convertido en una musa de estilo en toda Europa.
El mito de Studio 54 sigue intacto, hizo una entrada triunfal enfundada en un conjunto de chaqueta oversize y pantalón fluido: un guiño nostálgico a sus noches más legendarias.
Bianca Brandolini d’Adda apostó por un vestido de tul rosa con corsé estructurado y falda etérea, obra de Giambattista Valli, uno de sus diseñadores fetiche. El resultado: una princesa contemporánea, entre el couture y la ligereza veraniega.
Las hermanas Spencer, Lady Kitty y Lady Eliza, llevaron el ADN de Diana a la alfombra con dos interpretaciones distintas del rosa de Wes Gordon para Carolina Herrera. Kitty se inclinó por un combinar rouge con estampado floral y escote asimétrico, mientras que Eliza prefirió un diseño disco en rosa chicle que destilaba diversión. Juntas, representaron la evolución del glamour británico: sofisticado, pero con chispa.
Y si algo dejó claro esta noche, es que el color rosa —tan femenino, tan poderoso— fue el hilo conductor de un nuevo capítulo en la historia del estilo británico.
Londres se tiñó de rosa este fin de semana. Literalmente. El majestuoso British Museum abrió sus puertas para celebrar el Pink Ball, una gala que promete convertirse en el evento de moda y cultura más esperado del calendario británico. Entre columnas neoclásicas y bajo la imponente cúpula de Norman Foster, se dieron cita figuras del arte, la música, el cine y, por supuesto, de la moda. Una noche que hizo pensar que el Reino Unido ha encontrado, por fin, su propio momento de alfombra rosa, a la altura del legendario MET de Nueva York.