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Carla Hinojosa: "Cómo conseguir hacer que lo básico parezca lujo"
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Carla Hinojosa: "Cómo conseguir hacer que lo básico parezca lujo"

No hace falta gastar una fortuna para vestir con estilo. La diferencia está en cómo se mezcla, se elige y se lleva

Foto: Carla Hinojosa (Cortesía)
Carla Hinojosa (Cortesía)

De pequeña, mi tía me enseñó que el verdadero mérito al vestir no está en lo que cuesta la ropa, sino en cómo la llevas. En su armario había piezas de grandes diseñadores y otras de marcas que nadie conocía o low cost, pero que parecían de firma solo por cómo las combinaba. Con el tiempo entendí que eso es lo que realmente marca la diferencia: hacer que algo sencillo parezca especial. No porque lo disfraces, sino porque lo entiendes. Porque detrás de cada look hay una intención.

Hoy, en un mundo donde el lujo y el fast fashion conviven en un mismo scroll, el desafío no es tener más, sino saber elegir y mezclar mejor. Lo que diferencia un look caro de uno barato rara vez es el precio; suele ser el ojo, el gusto y ante todo, la actitud.

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Carla Hinojosa (Cortesía)

Uno de los secretos más simples, es el poder de los básicos bien pensados. Un abrigo recto de buen tejido, una camisa blanca de corte limpio o un pantalón perfectamente planchado son el lienzo sobre el que se construye todo lo demás. Si la base está bien, todo encaja y se eleva. Tener un armario cápsula no significa vestir siempre igual, sino tener una base sólida desde la que crear. No es una tendencia minimalista, sino una estrategia de estilo.

Yo suelo crearme uno cada temporada. Selecciono esas prendas que sé que no fallan y las refuerzo con un par de tendencias del momento. Ese equilibrio me permite moverme entre la seguridad y la improvisación. En los días sin inspiración, tiro de mis "básicos seguros". En los días buenos, les doy un giro: un zapato inesperado, un collar especial o un contraste de color que cambie la energía.

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No creo en el "menos es más". Creo en divertirse con la moda. En usar la ropa como una forma de expresión. En que un look puede reflejar un estado de ánimo. A veces, necesitas la serenidad del beige y el blanco y otras, el poder del cuero o el rojo. Y cuando la base está bien elegida, es más fácil permitirse ese juego.

Y este otoño, hay claves que merecen ser parte del juego: el marrón chocolate se consolida como el nuevo neutro, el granate regresa con fuerza como color elegante y versátil y el ante y los tejidos con textura se vuelven protagonistas porque aportan esa sensación táctil de lujo silencioso.

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No se trata de copiar, sino de reinterpretar. De mirar las pasarelas y pensar: ¿cómo puedo llevar eso a mi realidad sin perder mi esencia? Una falda de ante combinada con una camisa blanca puede ser más elegante que cualquier total look de desfile si se lleva con naturalidad. Un jersey gris de punto grueso, unos pendientes dorados y un bolso estructurado bastan para que un look de Zara parezca pensado en París.

Otro truco infalible está en buscar el equilibrio entre las proporciones. Un pantalón fluido pide un top más ceñido; una blazer oversize, un jean más ajustado. Esa compensación visual hace que el conjunto se vea pensado, aunque las prendas sean sencillas.

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Carla Hinojosa (Cortesía)

El siguiente secreto está en las texturas. Si usas tonos neutros, mézclalas: algodón con cuero o punto con satén. Esa tensión visual hace que el conjunto se perciba más cuidado. Un mismo color puede parecer lujoso o barato según el material. El negro, por ejemplo, pierde elegancia si brilla demasiado o si el tejido marca cada costura. En cambio, una mezcla de lana, algodón o viscosa con caída transforma el resultado. La vista también percibe el tacto y esa mezcla entre lo sencillo y lo especial crea la armonía perfecta.

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Los accesorios son los grandes aliados para elevar un outfit sencillo. Unos pendientes discretos, un bolso de silueta rígida o un cinturón con hebilla dorada pueden transformar por completo la lectura de un look. No se trata de saturar, sino de elegir una pieza protagonista que marque el tono y aporte coherencia. Y, sobre todo, de cuidar los acabados: un bolso limpio, unas botas bien mantenidas o un abrigo sin arrugas, hablan más que cualquier logo.

Y luego está el color, que muchas veces es el mayor indicador de estilo. Los neutros son siempre una buena base: blanco, negro, beige, gris y navy. Aportan una sensación de coherencia y calma y más allá de parecer aburridos, son los que nos permiten jugar con un toque imprevisto como un vestido rojo, una falda naranja o unos zapatos con plumas.

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Carla Hinojosa (Cortesía)

Pero si algo diferencia un look caro de uno que no lo parece, es la actitud. Puedes llevar el mismo abrigo que diez personas más, pero si lo haces con seguridad, parece distinto. Planchar una camisa, remangarla con naturalidad, sostener un bolso, elegir un perfume que deje huella o la manera de caminar, cambia todo. Una prenda básica pueda convertirse en statement si se lleva con seguridad. Y el verdadero lujo, como en casi todo lo importante, está en los detalles. Vestir bien no es cuestión de dinero ni de reglas, sino de actitud. De saber cuándo tirar de tus básicos y cuándo arriesgar.

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Porque, aunque no crea en el "menos es más" como dogma, sí creo que hay momentos en los que la sobriedad comunica más que cualquier exceso. La elegancia no está en elegir entre uno u otro, sino en hacer de ambos tu propio estilo.

El lujo, al final, es una energía y comunica una forma de estar en el mundo. Y eso, más que ninguna tendencia, nunca pasa de moda.

De pequeña, mi tía me enseñó que el verdadero mérito al vestir no está en lo que cuesta la ropa, sino en cómo la llevas. En su armario había piezas de grandes diseñadores y otras de marcas que nadie conocía o low cost, pero que parecían de firma solo por cómo las combinaba. Con el tiempo entendí que eso es lo que realmente marca la diferencia: hacer que algo sencillo parezca especial. No porque lo disfraces, sino porque lo entiendes. Porque detrás de cada look hay una intención.

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