Rafa Peinador, el español que crea obras de arte para vestir cabezas: "Las personas se transforman con los sombreros, sienten que todo es posible"
Este madrileño afincado en Londres llegó al mundo de la sombrerería tarde y por casualidad y hoy trabaja codo a codo con el británico Stephen Jones decorando las cabezas de mujeres como Rihanna además de colarse en los desfiles de Dior
La sombrerería es todo un arte dentro del mundo de la moda. Un trabajo manual y minucioso que, además de beber de las técnicas tradicionales, se empapa de la creatividad del diseñador que da forma a cada pieza. Son pocos los nombres propios que conocemos y destacan en esta tipología de arte. Es el momento de destapar y descubrir a Rafa Peinador. Este madrileño afincado en Londres llegó al mundo de la sombrerería tarde y por casualidad y hoy trabaja codo a codo con el británico Stephen Jones decorando las cabezas de mujeres como Rihanna además de colarse en los desfiles de Dior.
"Los sombreros son libertad pura dentro de la moda. Frente a otros complementos, ofrecen posibilidades casi infinitas de experimentación con materiales, volúmenes y formas. Además, psicológicamente, poseen un efecto transformador. He visto mujeres muy tímidas ponerse uno y empezar a expresarse de forma más abierta. Para mí, los sombreros son verdaderamente transformadores, no solo a nivel individual, sino también en pasarela y en la construcción de cualquier look", justifica el creador. Por sus manos pasan y se crean obras de arte que después visten cabezas. Es un genio y un artista de la sombrerería, no tiene ni se pone límites, y ha encontrado en los tocados su forma de expresión, de contar las cosas, "cada sombrero es una narrativa". Merece la pena conocer su historia.
PREGUNTA. Hagamos las presentaciones oficiales, ¿Quién es Rafa Peinador?
RESPUESTA. Rafa Peinador es, en esencia, la parte profesional de mi vida, la marca con la que se identifica mi trabajo. Hay una diferencia clara entre Rafael, que es mi vida personal —como persona, pareja, padre, amigo— y Rafa Peinador, que representa mi mundo creativo y profesional. Los dos están separadas pero inevitablemente se afectan y se interrelacionan. Soy un madrileño afincado en Londres que, hace unos nueve años, descubrió la sombrerería casi por casualidad. Apareció en un momento en el que necesitaba recuperar la ilusión profesional, y la sombrerería se convirtió en mi salvavidas creativo. Desde entonces, es mi mundo. A partir de ese momento, Rafa Peinador se convirtió en mi expresión creativa, mi conducto para transmitir sentimientos y vivencias, mi forma de experimentar, de buscar y de investigar. Es la expresión de otros diseñadores a través de mi punto de vista. Es emociones, historias, humor, rabia a veces; es realmente todo lo que circula por mi cabeza. A través de Rafa Peinador hago sombreros para contar historias, ya sean tristes, divertidas, profundas o banales. Cada sombrero es una narrativa.
P. ¿Cómo llegaste al mundo de la sombrerería?
R. La verdad es que llegué tarde en mi vida, que a veces es una ventaja y a veces no, fue una completa casualidad. Una amiga, Ros, se tenía que volver a Australia porque su visa en el Reino Unido estaba vinculada al trabajo de su marido. Antes de irse, me propuso hacer un curso de sombrerería con ella: solo tres meses y no muy costoso. Al principio le dije que no, porque la sombrerería no me interesaba en absoluto. Después de tomarme un año sabático para cuidar de mis hijos, estaba buscando una forma de volver a trabajar creativamente pero en ese momento no me podía imaginar que fuese a través de la sombrerería.
Finalmente me convenció, sobre todo porque, como ella decía, no era caro y sería una manera de pasar más tiempo juntos antes de su partida. Hice aquel primer curso, y luego otro de tres meses, y otro más, todos en el mismo lugar, el Morley College… Y me enganchó por completo. Me emocionó, me abrió un mundo creativo que necesitaba, y al terminar casi año y medio de formación, comencé a hacer prácticas profesionales.
Empecé a asistir a clases con profesionales del sector, y fue entonces cuando descubrí un máster de sombrerería en lo que era entonces Kensington and Chelsea College. Pedí una entrevista y envié fotos de los sombreros que había creado. Nunca pensé que me admitirían, pero soy una persona muy optimista profesionalmente, así que lo intenté. Sorprendentemente, me aceptaron.
Hice el máster a tiempo completo e intensivo en un año. Me acostaba y me levantaba pensando en sombreros y piezas para la cabeza. Fue una etapa muy intensa, mis hijos eran muy pequeños, ya estaba trabajando, ayudando a otros sombrereros, pero presenté mi colección final y una semana después de terminar, tuve una entrevista con Stephen Jones y empecé a trabajar con él. Desde ese momento, mi carrera no ha parado… Ni va a parar.
P. ¿Por qué sombreros? ¿Qué tienen de especial frente a otros accesorios?
R. Los sombreros son libertad pura dentro de la moda. Frente a otros complementos, ofrecen posibilidades casi infinitas de experimentación con materiales, volúmenes y formas. Mientras un bolso o un par de zapatos tienen función práctica ineludible, el sombrero puede liberarse de esa obligación. Puede ser completamente decorativo, conceptual o incluso escultórico, sin perder su esencia.
Además, la sombrerería tiene mundos propios: pasarela, editoriales de moda, teatro, sombrerería comercial o de eventos. Cada uno permite explorar estéticas y materiales distintos. Los zapatos y bolsos, aunque importantes, tienen limitaciones físicas: necesitan ser cómodos, resistentes, útiles… Eso reduce la libertad creativa. Con un sombrero, en cambio, todo es posible: estructuras imposibles, combinaciones inesperadas, volúmenes que desafían la gravedad, materiales que normalmente no usarías en un complemento. La única limitación es el peso y a veces ni eso. Para mí son la forma más completa de expresión creativa, donde la estética y la emoción pueden ir por delante de la función.
P. ¿Cómo es el día a día en tu trabajo?
R. Pues depende un poco del tipo de día. Todos empiezan y terminan de la misma manera: muy temprano y acaban bastante tarde, pero la jornada concreta cambia según lo que vaya a hacer. Si trabajo con Stephen Jones, tengo que desplazarme hasta su estudio en el centro de Londres. El trabajo es artesanal, meticuloso, casi arquitectónico, y requiere concentración y paciencia. Si voy al colegio universitario a dar clases, preparo las sesiones con días de antelación, revisando las técnicas que voy a explicar y planificando lo que quiero mostrar a los alumnos.
Cuando trabajo para mi propia marca, es cuando me siento más a gusto. Mi estudio está en la parte trasera de mi casa, con una gran cristalera que da luz natural, y puedo trabajar en ropa cómoda, comer cuando quiero y aprovechar el tiempo sin las restricciones del transporte a Londres. Intento dedicar un poco de tiempo cada día bocetando, jugando con materiales, probando formas y estructuras. A veces trabajo con flores de tela, alambres, plumas o cualquier material nuevo que se me ocurra. Es la parte más libre y divertida, donde realmente puedo explorar y experimentar.
P. ¿En qué te inspiras para crear tus pequeñas obras de arte?
R. Soy una persona muy visual y gran parte de mi inspiración proviene de los lugares que he visitado durante mis viajes; sentimientos o personas. Encuentro especialmente inspiradoras a las personas de otras culturas y tradiciones, y cuando siento una conexión con ellas, consigo transformar esas emociones en piezas de sombrerería únicas. No tengo un elemento básico al que siempre recurra, aunque sí es cierto que todo lo relacionado con el agua y el mar es uno de mis temas favoritos. Me atraen los elementos acuáticos, los animales que viven en los ríos o en el mar… todo ese mundo me resulta fascinante. Pero, en realidad, cualquier cosa puede inspirarme. Lo que me aburre muchísimo es diseñar por diseñar. A mí me gusta crear con un propósito, diseñar con sentido, cuando siento que tengo algo que contar.
Tengo mucha facilidad para bocetar, así que cuando empiezo a preparar un proyecto suelo crear muchos más bocetos de los que realmente voy a utilizar. Todos esos dibujos que no se incorporan al trabajo final los organizo en carpetas, divididos por temas. Más adelante, cuando trabajo en nuevas colecciones, recurro a esos bocetos para inspirarme o completar ideas. Siempre hago un boceto rápido para no perder la idea que me generan mis emociones. Más tarde, lo redibujo para la producción o lo guardo como referencia para futuros diseños. Hay una colección en la que estoy trabajando desde hace tiempo que está basada en flores, y al elegir cuáles representar, me di cuenta de que cada una evocaba recuerdos de personas, lugares o situaciones de mi vida. Lo que empezó como una colección sobre flores, con el tiempo, se convirtió en una colección de recuerdos, donde cada flor representa una historia personal.
P. ¿Cómo es trabajar para el gran Stephen Jones?
R. No lo sé, es como que te toque la lotería o el regalo en el roscón de Reyes. Para alguien que acababa de terminar su máster en sombrerería y presentar su colección final, poder trabajar con uno de sus ídolos, con las personas que más admiras profesionalmente, es increíble. Eso fue exactamente lo que me pasó a mí. Terminé mi máster, presenté la colección y, creo que no había pasado ni una semana, ya estaba trabajando en taller de Stephen.
Han sido siete años trabajando con él, siete años observando su creatividad, su forma de trabajar, su exquisitez, su atención al detalle, aprendiendo de su curiosidad y compartiendo a la vez. La relación ha cambiado mucho desde el principio. Al principio, cuando admiras a alguien así, la relación es un poco intimidatoria. Ahora, después de siete años, ha cambiado radicalmente. En los últimos cuatro años, además, he tenido la oportunidad de colaborar en las pasarelas de Dior y ayudar tanto en los proyectos de sombrerería que se han hecho en diferentes países. Nuestra relación ha pasado de esa impresión inicial y respeto intimidante a disfrutar juntos de los viajes, de su humor que conecta con el mío.
P. ¿Cuál es la lección más valiosa que has aprendido a su lado?
R. Es difícil elegir solo una cosa. Después de trabajar casi siete años con Stephen Jones, a quien considero el mejor sombrerero del mundo, me doy cuenta de que no se trata solo de su técnica o conocimiento de la sombrerería —eso lo comparte siempre sin reservas—, sino de su actitud: nunca decir que no a ningún proyecto y tratar a todas las personas con el mismo respeto, tiempo y dedicación, sin importar la importancia del encargo. Es una actitud que también he adoptado. A veces, los proyectos menos destacados te enseñan más y los que te proporcionan mayor satisfacción, visibilidad, o posibilidades en el futuro.
Además, la curiosidad constante —por técnicas, por nuevos materiales— es algo que creo que compartimos y que, desde que trabajo con él, he potenciado muchísimo más. Trabajar con alguien así te enseña a valorar cada paso del proceso, a no conformarte con lo fácil y a buscar siempre la excelencia, incluso en los detalles más pequeños. Te recuerda que la pasión y la disciplina son tan importantes como el talento, y que cada proyecto, grande o pequeño, es una oportunidad para aprender, crecer y dejar tu huella.
P. ¿Cuáles son tus materiales fetiche?
R. Creo firmemente que los materiales son posibilidades en manos de una persona creativa. Me siento especialmente atraído por todo tipo de materiales nuevos. Cuando trabajas con un material tradicional, ya conoces sus límites, y es difícil encontrar técnicas o usos que no se hayan explorado antes. Sin embargo, cuando tienes entre manos un material completamente nuevo, comienza una búsqueda que disfruto enormemente: hacer pruebas, experimentar, equivocarme, descubrir cómo responde. Ese momento de experimentación es, para mí, pura emoción creativa.
Me encanta también rescatar técnicas antiguas para modernizarlas, o descubrir técnicas tradicionales de otros países y adaptarlas a mis diseños. Ese diálogo entre lo viejo y lo nuevo me parece fundamental. Puedo pasar horas navegando por páginas de manualidades, investigando materiales pensados para niños, nuevas fórmulas de arcilla, espumas innovadoras, sistemas de costura con alambres o materiales ecológicos. Todo ese universo aparentemente sencillo o experimental me resulta increíblemente estimulante. He conservado diseños durante años porque no tenía el material adecuado o una técnica lo suficientemente desarrollada para poder materializarlos. Para mí, las ideas no caducan: esperan. Esperan al material correcto, al descubrimiento técnico preciso o al momento vital adecuado para hacerse realidad.
P. Cuando un diseñador te escoge para crear los sombreros o tocados de su desfile, ¿Cómo te enfrentas a ese reto? ¿Cuál es el proceso de creación?
R. Cuando colaboro con otro diseñador, el resultado final tiene que ser una mezcla de ambos estilos. Personalmente, me encanta la energía que surge al trabajar en colaboración: los resultados son muy potentes porque reflejan las dos personalidades. Además, el proceso enriquece, ya que te obliga a considerar opciones que normalmente no forman parte de tu estilo o de tu manera de trabajar. Es un ejercicio de apertura, de humildad, de escuchar y de encontrar un terreno común creativo, y muchas veces esas combinaciones inesperadas llevan a resultados sorprendentes y únicos.
No creo tener un estilo único y definido, tengo una estética personal con la que me siento más seguro, pero no quiero estar etiquetado, clasificado o limitado, porque eso no refleja cómo me siento en diferentes momentos ni cómo deseo expresarme creativamente. Me interesa que mi trabajo sea versátil, incómodo a veces, libre y adaptable, capaz de transformarse según la emoción, el proyecto o la inspiración del momento. Cada proyecto es una oportunidad para explorar, experimentar y jugar con nuevas ideas, materiales y formas, y eso es lo que hace que cada día en la sombrerería sea diferente y emocionante.
Para mí es muy importante crear un vínculo con el diseñador, una relación que me permita entender su personalidad, su estilo y su forma de diseñar. A partir de ahí puedo añadir el concepto de la colección en la que estemos trabajando, incorporando también mi propio estilo y mi manera de pensar. Hay veces que un diseñador tiene una idea muy clara de lo que quiere y lo único que busca es que tú lo ejecutes técnicamente, recomendándole y guiándole sobre cómo se puede realizar. Pero hay otros diseñadores que te ofrecen libertad creativa definida, y precisamente con ellos es con quienes me siento más a gusto.
P. Supongo que será diferente con una celebridad, ¿Cómo desarrollas tu trabajo en este caso?
R. El proceso es, al menos para mí, muy similar al de trabajar con un diseñador. La diferencia es que, cuando colaboras con una celebridad, esa persona normalmente no ha desarrollado una carrera creativa en el mundo de la moda ni parten de un concepto estructurado como el de una colección. Generalmente acude a ti buscando una pieza que conecte con su personalidad, con su manera de ser y, por supuesto, con el look que quiere presentar.
También es cierto que, en muchos casos, las celebridades vienen acompañadas de un estilista, y ahí volvemos a un terreno más cercano al del diseñador: alguien con nociones estéticas claras y conocimiento del lenguaje de la moda. En cualquier caso, lo más importante —ya sea con un diseñador, una celebridad o un cliente particular— es conectar con la persona, crear un vínculo y entender qué está buscando realmente. A partir de ahí, mi papel no es solo creativo, sino también de guía: recomendar materiales, sugerir formas que favorezcan según la estructura ósea, el tono de piel, el color y tipo de cabello, o incluso la silueta del cuerpo.
Cuando se trata de una celebridad, la relación puede volverse más personal y más orientada al acompañamiento, porque no solo estás creando una pieza, sino ayudando a construir una imagen pública. Sin embargo, al igual que ocurre con algunos diseñadores, hay veces en que la celebridad tiene una idea muy clara de lo que quiere, y en esos casos tu libertad creativa es más limitada.
P. ¿Cuál es el sombrero más especial que has diseñado hasta el momento?
No lo sé, es una pregunta difícil. Es como pedirle a un padre que escoja a un hijo. Definitivamente hay dos, quizá tres piezas que tienen un rinconcito muy especial en mi corazón, aquellas a las que me siento más apegado. Desde luego, la Medusa que hice para mi colección final mientras estudiaba el máster de sombrerería es una de ellas. Le tengo muchísimo cariño porque marcó una etapa muy importante en mi formación y en mi identidad como creador. Pero al mismo tiempo también le tengo una especie de 'tirria': se le hicieron tantas fotos, apareció en tantos sitios, que ha estado jubilada durante casi dos años, para que dejaran de pedírmela y no siguiera apareciendo en todas partes. Llegó un punto en que estaba un poco cansado de verla constantemente.
Hay otro sombrero al que le tengo un cariño enorme: unos labios realizados con una técnica de los hilos y los clavos que decidí actualizar para una pieza que hice para Brain & Beast. Fue un trabajo que me llevó muchísimo tiempo y esfuerzo, y precisamente por eso el vínculo es tan fuerte. Cuando inviertes tanto en una pieza, no solo en horas sino en investigación y prueba-error, se convierte casi en algo personal.
También las piezas para acompañar los vestidos de Ana Locking para la serie 'La Vida Breve’ sobre todo la de Leonor Watling. Trabajar con Ana es siempre un placer es una gran profesional y una gran persona. He hecho muchas piezas para Guillermo Décimo, pero hay una que tiene especial valor para mí. Construida solo con lentejuelas y alambre, creo que me enamoré de la pieza en parte por la modelo que la lució, es tan importante la colaboración y la complicidad de las modelos en la pasarela…
P. En España parece que los sombreros vuelven a estar en auge, ¿Qué crees que aporta un complemento así a un look?
Yo creo que lo es todo. Los sombreros son completamente transformativos. He visto un sombrero destrozar un look, por que no hay coherencia de proporciones o con el concepto, por el contrario, elevarlo a un nivel creativo y visual totalmente distinto del que tenía antes. Como punto focal, puede reorganizar todo el estilismo y convertirse en el protagonista. Es muy importante encontrar un equilibrio entre mi trabajo y el del diseñador.
Un traje sencillo, acompañado de una pieza de cabeza elaborada, puede transformarse por completo y alcanzar otra dimensión estética. Y al revés: un conjunto muy complejo, combinado con un sombrero más sencillo, puede equilibrarse y reforzar el mensaje y el concepto que el diseñador quería transmitir.
Psicológicamente, pasa exactamente lo mismo. Las personas se transforman con los sombreros. He visto mujeres muy tímidas ponerse uno y empezar a expresarse de forma más abierta. Para mí, los sombreros son verdaderamente transformadores, no solo a nivel individual, sino también en pasarela y en la construcción de cualquier look.
P. ¿Cuáles son tus planes a futuro?
R. Seguir divirtiéndome y seguir emocionando con lo que hago. Para mí es una verdadera suerte despertarme cada día y no saber exactamente qué voy a estar creando: un día flores de tela, al siguiente doblando o estructurando alambre. Necesito ese cambio constante para mantener mi trabajo estimulante. No me gustaría llegar nunca a un punto en el que mi propio trabajo deje de ser creativo o me resulte aburrido.
En el futuro inmediato tengo una colaboración muy especial con Mariano Moreno para la Barcelona Bridal Fashion Week. Además, vienen muchos proyectos de pasarela para septiembre de 2026 y, posiblemente, alta costura para enero de 2027.
Hay dos proyectos que me gustaría desarrollar en los próximos dos años. Uno está relacionado con los sombreros regionales españoles. El otro tiene que ver con las ciudades del mundo que más me inspiran y crear colecciones basadas en esos lugares, pero desde mi punto de vista como visitante, como alguien que los observa desde fuera. Ahora solo tengo que encontrar los patrocinadores.
Otros sueños, una línea comercial, diseñar para otras marcas, me encantaría colaborar con empresas españolas como Zara, diseñar para casas de moda … En definitiva, miles de sueños profesionales que aún están por llegar.
La sombrerería es todo un arte dentro del mundo de la moda. Un trabajo manual y minucioso que, además de beber de las técnicas tradicionales, se empapa de la creatividad del diseñador que da forma a cada pieza. Son pocos los nombres propios que conocemos y destacan en esta tipología de arte. Es el momento de destapar y descubrir a Rafa Peinador. Este madrileño afincado en Londres llegó al mundo de la sombrerería tarde y por casualidad y hoy trabaja codo a codo con el británico Stephen Jones decorando las cabezas de mujeres como Rihanna además de colarse en los desfiles de Dior.