Maison Mesa, los 30 años en la pasarela del niño que heredó el oficio de modista: “Somos psicólogos, cada persona te cuenta su historia”
Hablamos con el diseñador -y contamos su propia historia- con motivo de su 30º aniversario en la industria de la moda española y su próximo desfile en la MBFWM
Juan Carlos Mesa, mente, cuerpo y alma tras Maison Mesa, es una de esas personas que parecen haber nacido con un destino escrito. Un verdadero 'meant to be'. Sus primeros pasos se dieron entre telas, agujas, retales y patrones. Convertirse en la tercera generación familiar en heredar el oficio —que no trabajo— de modista parecía, por tanto, un paso natural. Sin embargo, incluso desde la tradición, Mesa siempre buscó ir un poco más allá.
Esas mismas palabras definen a la perfección su firma homónima. El estilo de sus piezas suele describirse como una “vanguardia clásica”: una combinación de técnicas artesanales con materiales y tecnologías contemporáneas que se traduce en diseños reconocibles, marcados por siluetas estructuradas y un cierto aire teatral. En su universo, la moda dialoga constantemente con las artes escénicas y la cultura visual. Algo que se percibe de inmediato en su atelier —también tienda—, situado a apenas unos pasos de la Gran Vía madrileña.
Atravesar su puerta no supone únicamente enfrentarse a una explosión de color bajo los códigos de la alta costura; es, más bien, una experiencia inmersiva en la mente del creativo, en su particular imaginario. Todo ello envuelto en una sensación de hogar y libertad. Mesa y Sandys —la otra parte fundamental de la casa— conservan ese trato de tú a tú del comercio de siempre: esos lugares donde los detalles hablan de quien eres, donde se piensa en el vestido para ti y también en el recuerdo para tu prima. Espacios donde importa, ante todo, la persona. No es casual: la defensa de Mesa pasa por una moda inclusiva y diversa, donde lo verdaderamente relevante son las almas.
A lo largo de su carrera, Mesa también ha ido un paso por delante, marcando nuevos episodios en la moda de nuestro país. Fue, de hecho, una de las figuras que puso en valor el papel del director creativo en España, un puesto altamente cotizado en la industria internacional. Jonathan Anderson, Pierpaolo Piccioli o Maria Grazia Chiuri son hoy auténticas rockstars del sector. Él lo fue durante quince años en Ágatha Ruiz de la Prada, y también dejó su impronta en firmas como Blanco o Ángel Schlesser. Eso sí, nunca concibió su pasión como un negocio de alta rentabilidad.
Llegó entonces el momento de contar su propia historia. En 2017 fundó su casa de moda, Maison Mesa. Una firma centrada en la costura a medida que no hizo sino consolidar su prolífica trayectoria. Sus colecciones han recibido diversos premios y reconocimientos, entre ellos el Premio L’Oréal a la mejor colección en la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid. Precisamente allí -y tras inundar con su obra espacios emblemáticos como la Plaza de Colón o el Parque de El Retiro- celebrará su 30º aniversario en las pasarelas dentro de apenas una semana, con un fashion show inspirado en la mítica Mae West: otra figura que, como él, supo abrirse camino siguiendo su propio guion. Aquí comienza nuestra conversación.
PREGUNTA: Treinta años dedicado al diseño y 25 desde tu primer desfile. ¿En qué momento creativo te encuentras hoy: consolidación, libertad o reinvención?
RESPUESTA: Siempre es un poco de cada uno, pero si me tuviera que decantar me quedo con la libertad. Cuantos más años tienes, ganas un poquito más de vanidad, aunque siempre quieres seguir creciendo mientras piensas que tienes que romper para innovar. Yo que vengo de trabajar para otra gente, abrir mi propia marca y que esta se convirtiese en mi sustento principal, me ha permitido tener esa libertad. Yo necesitaba contar mi historia completa, como realmente yo quería, y ahora lo hago con todas esas herramientas que he aprendido durante 30 años de la mano de otros.
Yo como director creativo no podía contar mi historia completa, porque estaba trabajando para terceros. Porque claro, al final, por mucho que seas Pierpaolo Piccioli y estés trabajando para Valentino, estás haciendo Valentino y estás viviendo de los archivos de Valentino, sobre los que tú desarrollas tu propia personalidad, sí, pero ya tienes unos límites y no puedes romper con lo anterior.
P: Has trabajado para grandes casas como Ángel Schlesser, Agatha Ruiz de la Prada o Jesús del Pozo. ¿Qué aprendiste en esas estructuras que hoy, en Maison Mesa, haces completamente distinto?
R: ¡Ay, mogollón! A toda la gente joven con la que trabajo siempre les digo que lo más importante no es saber lo que tú quieres, sino saber lo que no quieres. Saber lo que quieres es más inmediato, más instintivo, pero descubrir lo que no quieres es experiencia, es enfrentarte a situaciones. Yo he desaprendido muchas cosas de las que había aprendido en estas empresas y es fundamental en la vida aprender a desaprender. Son pequeñas cosas que hacen un todo.
Pues a lo mejor no quiero trabajar de una manera tan veloz y tan salvaje como la que trabajaba cuando trabajaba en Cortefiel o en Blanco, pero tampoco tan excesivamente lento y profundo, como cuando estaba en Jesús del Pozo, ni tan desmesurado como en Ágatha. Todas esas cosas que dices no quiero son las que más me han aportado, porque así sabes construir lo que tú realmente quieres.
P: Fuera de España parece que es más rentable ser director creativo que tener tu propia marca. ¿La verdadera libertad creativa tiene un precio?
R:Lo tiene. Cuando tú decides hacer tu propia marca, bajo tu propio criterio y bajo tu propia conciencia y estilo, no solo tienes que sacar un concepto, sino que lo tienes que equilibrar con un modelo de negocio. En España, por ejemplo, los diseñadores tendemos más a la moda de autor, es decir, somos más de representar la idea y el concepto sobre ese negocio. Es decir, no tenemos tantas ganas de hacer negocio como de poner nuestra impronta del concepto, la idea y la visión del mundo que nosotros tenemos.
Es verdad que, por ejemplo, en el extranjero sí que hay mucho más empresario que entiende esta parte y que colabora con los creadores. Aquí se nos ha dicho mucho desde que yo estaba estudiando es que el diseñador hoy en día tiene que ser empresario, una figura multitasking. Creo que aquí nos lo hemos impuesto. ¿Por qué? Porque los empresarios en España no tienen esa filosofía como en el extranjero donde van a las escuelas a reclutar talentos jóvenes. Por eso, la mayoría preferimos quedarnos en el concepto y trabajar de otra manera lo mejor que podemos y cómo nos apañamos la idea de la empresa.
P: ¿Qué significa para ti la palabra “Maison”? ¿Era importante reivindicar esa idea clásica de casa de costura en un momento donde todo parece ir hacia lo industrial?
R: Cuando yo me replanteé ser yo mismo, porque el cuerpo me pedía crear mi propia marca, Maison Mesa, yo revivía un poco el trabajo tradicional de mi familia. Es decir, mi madre es modista, mi abuela es modista, mi bisabuela era modista, mi tía era modista, te quiero decir, para mí es un trabajo de toda la vida. Esas eran mis raíces, mi historia. Atender a la clientela, saber las necesidades de esa persona, un trabajo individualizado, específico para cada problema. Somos psicólogos, porque cada persona te cuenta su historia: les acompleja su cuello, su espalda o no tienen un pecho…Todas esas cosas son imposibles con la producción en masa. Yo quiero que mis clientas cuando se miren al espejo salgan emocionadas y se sientan seguras. Esa sensación no tiene precio.
P: Concibes el desfile como una obra total más cercana al teatro que a la moda. ¿Te consideras más diseñador, más narrador o más director de escena?
R: Sí, porque mira, tengo clarísimo, gracias a toda la experiencia que la ropa en sí no es tan importante. La técnica, el hacerlo bien, es obligatorio, pero la diferencia entre por qué tú te compras una camisa blanca básica, partiendo de ese buen hacer, con precios súper distintos o súper iguales, es porque la filosofía y el concepto de esa marca tiene más que ver contigo. Por ello, es más importante con qué te estás identificando y qué te están contando. Todos nos movemos por las emociones. Entonces, prefiero contar una historia, una cosa que llegue, que me defina al 100%.
En resumen, lo que diferencia la camisa blanca mía de la de los demás, es que la he hecho yo. Es la única diferencia. Entonces, el que se identifica más con las cosas que yo hago y con las historias que yo cuento es el que más va a querer mi ropa. Esos son 5 o son 5.000, no está en mi mano, pero yo tampoco soy nadie para decirte cómo vestirte o qué ponerte, simplemente lanzo una propuesta que a mí me puede resultar interesante.
P: Esta colección toma como inspiración a Mae West. Ella decía: “Las chicas buenas van al cielo, las malas a todas partes”. ¿La moda necesita hoy más mujeres “malas”?
R: Sí, yo creo que hacen falta mucho más mujeres en todo, en general, mucho más mundo femenino, una sobredosis femenina incluso no estaría de más; por toda la masculina que hemos tenido. Parece que vamos en camino, pero nunca la hemos tenido y me gustaría vivirla. Es justamente en los momentos más conservadores en los que más hay que protestar, aunque ahora cuando hay protestas se lleva todo a la política.
La moda tiene que tener un componente político, que no político de política, de partido político, sino en cuanto a lo social. La moda no es más que un reflejo de la sociedad, si no hay un discurso político en la moda, esa moda está vacía y sin contenido. Si está vacía y sin contenido, se convierte en un producto y no tiene nada que te enamore. Y si las cosas no tienen amor, tampoco tiene mucho sentido, ¿no? Dejan meros objetos en sí, sin ninguna trascendencia. Por eso me parecía tan importante reivindicar una figura como la de Mae West, una mujer adulta que se coló en el tradicional 'star system' de Hollywood siendo extranjera, apoyando al colectivo LGBTIQ+, transgrediendo los valores de su época, siendo fiel a sí misma…
P: Mae West fue censurada, encarcelada y convertida en mito sin encajar en los cánones físicos de su tiempo. ¿Crees que hoy seguimos castigando a quienes se salen de la norma?
R: Claro. ¿Por qué? Porque estamos en un proceso de transición. Las transiciones no son rápidas y efectivas, lo natural es que las cosas vayan evolucionando con el paso del tiempo y yo creo que todavía arrastramos un planeta que va algo por detrás de los avances de España o Europa. Debemos pensar que hay muchos países en los que las mujeres no son consideradas ni personas humanas y eso todavía nos marca mucho. Es más, ahora mismo tú sales con una apariencia andrógina a la Gran Vía con vestido y tacones y barba y sigue provocando cierto jaleo, incluso dentro del propio colectivo. No nos hemos quitado todos los estigmas.
P: En “No soy ningún ángel” hablas de identidad sin importar edad, físico o condición. Tus clientas cubren un amplio espectro, desde Blanca Paloma a Raquel Sánchez Silva, pasando por Cecilia Suárez o Pino Montesdeoca. ¿Cómo definirías a la mujer Maison Mesa?
R: Eso es una de mis cosas favoritas, la diversidad de perfiles. Es una de las cosas que aprendí con Ágatha Ruiz de la Prada. En su tienda entraban desde una señora de 80 años del barrio Salamanca a una niña de 6 o una mujer de Vallecas. Es decir, todo tipo de edad y todo tipo de rango económico, ni estudio de mercado, ni perfil de clienta (risas). Yo no quiero un solo tipo de clienta, porque a mí me gustan las personas. Me da igual que sea abogada o barrendera; ¡a mí que me importa!
P: Hablas de prendas que fortalecen el autoconocimiento. ¿Diseñas pensando en el cuerpo o en la psicología de quien lo habita?
R: Completamente en la psicología. Es más, esto me ha hecho enfrentarme al mismo comentario durante muchos años, que me encanta, “¡Dios mío, tiene bolsillos!”. Es más, un marido de una de mis clientas me dijo el otro día: “¿Qué obsesión tenéis aquí con los bolsillos?”. Se nota que él los da por sentados, pero una mujer normalmente no los tiene en ningún vestido y siempre tiene que llevar un bolso al que ir pegada para poder llevar sus cosas. Para diseñar tienes que ponerte en la piel de la persona que va a utilizar esa prenda. Por ejemplo, no puedes hacer un vestido entero de pedrería a una persona que va a una gala, porque va a estar cuatro horas con la pedrería clavada en el culo. No podemos diseñar solo mirando lo bello frente al espejo. Las personas tienen que disfrutar de las piezas.
P: ¿Qué debe sentir el público cuando termine el show del 20 de marzo?
R: Lo importante es que uno se emocione por rabia, por odio, por asco, por fanatismo, por maravilloso, por alucinante, pero que reaccione. Las reacciones son importantes, porque son las que cuentan historias, las que demuestran cómo nos sentimos. A mi lo que me aterroriza es que la gente se fuera del desfile y dijeran: “bueno”. Entonces estaría en un camino completamente equivocado. Espero haber construido algo que haga vibrar el estómago de la emoción o del terror, porque entiendo que no se puede gustar a todo el mundo.
Juan Carlos Mesa, mente, cuerpo y alma tras Maison Mesa, es una de esas personas que parecen haber nacido con un destino escrito. Un verdadero 'meant to be'. Sus primeros pasos se dieron entre telas, agujas, retales y patrones. Convertirse en la tercera generación familiar en heredar el oficio —que no trabajo— de modista parecía, por tanto, un paso natural. Sin embargo, incluso desde la tradición, Mesa siempre buscó ir un poco más allá.