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Del miedo de la industria al deseo de las marcas de lujo: la evolución del vestuario en 'El diablo viste de Prada 2'
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ESPECIAL 'EL DIABLO VISTE DE PRADA 2'

Del miedo de la industria al deseo de las marcas de lujo: la evolución del vestuario en 'El diablo viste de Prada 2'

De la primera película a la segunda han transcurrido dos décadas y una de las consecuencias es la evolución del vestuario. A unos días del estreno de 'El diablo viste de Prada 2', analizamos el antes y el después de los looks

Foto: Una escena de la primera película de 'El diablo viste de Prada'. (Cordon Press)
Una escena de la primera película de 'El diablo viste de Prada'. (Cordon Press)

Cuando Patricia Field, la artífice de los looks de 'Sexo en Nueva York', recibió la llamada del director David Frankel para diseñar el vestuario de 'El diablo viste de Prada', no sabía que iba a enfrentarse a uno de los mayores retos de su carrera. Basada en la novela homónima de la periodista Lauren Weisberger, quien a su vez se inspiró en sus propias vivencias, el rumor de que el personaje de Miranda Presley (interpretado por Meryl Streep) estaba basado en Anna Wintour, la mujer más poderosa de la industria, atemorizó la participación de muchas marcas. Esto, unido al hecho de que algunos críticos veían la película como una sátira del universo editorial de lujo, complicó el trabajo de Patricia Field. Con su exitoso estreno en 2006, todos esos temores y 'noes' iniciales, dieron una vuelta de tuerca a la imagen de 'El diablo viste de Prada', y su vestuario, se convirtió en un fenómeno global.

placeholder Una escena de la primera película de 'El diablo viste de Prada'. (Cordon Press)
Una escena de la primera película de 'El diablo viste de Prada'. (Cordon Press)

Una situación muy diferente es la que ha vivido Molly Rogers al suceder a Field en el cargo. Ayudante durante décadas de la afamada estilista, Rogers tomó el testigo, es decir, ser la diseñadora de vestuario de 'El diablo viste de Prada 2', con una industria rendida ante la película. El deseo de las marcas de lujo por colarse en alguna secuencia han facilitado su trabajo al tiempo que ha mantenido a los fans expectantes ante una secuela que promete elevar aún más el listón del lujo en pantalla.

Años después, esa cautela inicial se transformó en lo contrario: deseo absoluto de formar parte del fenómeno. De la primera película a la segunda han transcurrido dos décadas y una de las consecuencias es la evolución del vestuario. Del miedo de la industria y un presupuesto de 1 millón de dólares, al fervor de las grandes casas de moda y el doble del presupuesto. A unos días del estreno de 'El diablo viste de Prada 2', analizamos el antes y el después de los looks.

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placeholder Fotogramas de 'El diablo viste de Prada'. (Cordon Press)
Fotogramas de 'El diablo viste de Prada'. (Cordon Press)

Como hemos apuntando, detrás de esa transformación estuvo la diseñadora de vestuario Patricia Field, que ya venía de redefinir la moda en la pequeña pantalla con 'Sexo en Nueva York'. Field ha explicado en múltiples ocasiones que su objetivo nunca fue hacer un escaparate de marcas, sino construir personajes. "La ropa tenía que contar la historia, no decorar la escena". Bajo esa premisa, el armario de Andy Sachs no era un catálogo de lujo, sino un relato de transformación.

En paralelo, Field también ha matizado uno de los grandes mitos de la película: que ninguna marca quería vestirla. Aunque al inicio hubo reticencias, finalmente la producción reunió piezas de casas como Prada, Chanel o Dolce & Gabbana. "No fue un no absoluto, fue más bien una negociación constante", ha señalado en diferentes ocasiones. El resultado fue un vestuario valorado en más de un millón de dólares en pantalla, construido a partir de préstamos, compras y una cuidadosa mezcla de piezas vintage y alta costura.

La evolución de Andy Sachs, el papel de Anne Hathaway, fue el eje narrativo del vestuario. Field diseñó su transformación como un proceso progresivo, nunca inmediato. En lugar de un cambio radical, apostó por una transición que reflejara la absorción del personaje en el sistema de la moda. La propia Field ha insistido en que Andy "no podía convertirse en otra persona de un día para otro", sino que debía conservar rastros de su identidad mientras aprendía el lenguaje visual de Runway.

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placeholder Dos imágenes de 'El diablo viste de Prada 2'. (Cortesía Disney)
Dos imágenes de 'El diablo viste de Prada 2'. (Cortesía Disney)

En el otro extremo del espectro estilístico, Miranda Priestly representaba el poder silencioso del lujo. Inspirada en figuras reales como Anna Wintour, su vestuario se construyó desde la contención absoluta: líneas limpias, paleta neutra y una precisión casi arquitectónica. Field ha explicado que evitó deliberadamente la exageración: "Miranda no necesitaba gritar a través de la ropa; su autoridad ya estaba en la habitación".

Años más tarde, el anuncio de la secuela reactivó el debate sobre el impacto del vestuario original. En este nuevo proyecto, el diseño pasó a manos de Molly Rogers. La estilista ha declarado que su objetivo era mantener el ADN de la primera película, pero adaptarlo al presente. "La moda hoy no necesita logotipos para ser poderosa; necesita narrativa".

Rogers también ha subrayado que el vestuario de la secuela busca reflejar una evolución más realista de los personajes. En el caso de Andy, la estilista describe un armario más maduro, menos transformacional y más consolidado. Para Miranda, en cambio, el desafío es mantener la relevancia de un icono sin caer en la repetición. En sus palabras, el vestuario debe "seguir siendo autoridad, pero en un lenguaje actual".

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placeholder 'El diablo viste de Prada 2'. (Cortesía Disney)
'El diablo viste de Prada 2'. (Cortesía Disney)

Y si en la primera película la única gran casa de moda en dar la cara fue Chanel colándose en el armario de Andy para crear algunos de los looks más icónicos, el 'product placement' en clave fashion se materializa en la secuela con Emily Charlton, el papel al que da vida Emily Blunt. La primera ayudante de Miranda deja ese rol para regresar a escena como una alta ejecutiva de moda con Dior.

El impacto cultural de la primera película fue tan profundo que redefinió la relación entre cine y moda. No solo impulsó tendencias, sino que también reforzó la idea de la moda como narrativa audiovisual. Tras su estreno, el vestuario dejó de ser un elemento secundario en muchas producciones y pasó a ser una herramienta estratégica de construcción de personajes.

Hoy, casi dos décadas después, 'El diablo viste de Prada' sigue siendo un referente ineludible. La industria que inicialmente dudó de participar acabó convirtiéndose en parte activa del fenómeno, y el propio vestuario se transformó en un lenguaje aspiracional global. Con la llegada de la secuela, el debate se reabre: cómo traducir un icono del lujo de 2006 a un mundo donde la moda ya no solo se viste, sino que se interpreta, se viraliza y se analiza en tiempo real. El legado, en cualquier caso, ya está escrito: pocas películas han logrado convertir el vestuario en una conversación cultural tan duradera.

Cuando Patricia Field, la artífice de los looks de 'Sexo en Nueva York', recibió la llamada del director David Frankel para diseñar el vestuario de 'El diablo viste de Prada', no sabía que iba a enfrentarse a uno de los mayores retos de su carrera. Basada en la novela homónima de la periodista Lauren Weisberger, quien a su vez se inspiró en sus propias vivencias, el rumor de que el personaje de Miranda Presley (interpretado por Meryl Streep) estaba basado en Anna Wintour, la mujer más poderosa de la industria, atemorizó la participación de muchas marcas. Esto, unido al hecho de que algunos críticos veían la película como una sátira del universo editorial de lujo, complicó el trabajo de Patricia Field. Con su exitoso estreno en 2006, todos esos temores y 'noes' iniciales, dieron una vuelta de tuerca a la imagen de 'El diablo viste de Prada', y su vestuario, se convirtió en un fenómeno global.

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