Rafa Medina

"Ahora me va bien, pero he tenido momentos en la vida y en los negocios en los que lo he pasado mal"

Texto

Nacho Gay

Foto

Diego Lafuente

Vídeo

Mario Magaña

Diseño

Laura Martín

Desarrollo

Javier G. Fernández

Estilismo

MR.AB

En una de las salas con más historia reciente de Madrid, el hijo de Naty Abascal se sienta donde antes se tomaban decisiones de poder. La conversación no gira en torno a la imagen, sino a la gestión: de empresas, de legado y de vida.

No es casualidad que Valentino dijera en una ocasión que la elegancia es el equilibrio entre la proporción, la emoción y la sorpresa. El modisto no hablaba de una cuestión meramente estética, sino de una forma de permanencia: aquello que resiste el paso del tiempo porque está construido sobre los cimientos del buen gusto, del criterio. La belleza más allá de lo visual, expresada en todas sus formas. Esa idea marcó también su relación con Naty Abascal, musa y amiga durante décadas, y forma parte del contexto en el que creció Rafael de Medina, Grande de España, duque de Feria y marqués de Villalba.

El sol del mediodía golpea con fuerza sobre los ventanales que alumbran el escenario principal de este reportaje. Estamos en la Suite Real del Four Seasons Hotel Madrid, en la segunda planta del antiguo edificio del Casino, más tarde sede de Banesto. Por entonces, en este lugar había un despacho y en él se tomaron decisiones que marcaron una época. Las proporciones de la sala, la altura de los techos y las cristaleras que dan a la calle Alcalá mantienen ese carácter solemne, casi quirúrgico, inapelable. Sentamos al duque de Feria en un sofá situado exactamente donde otrora estaba la silla de Mario Conde. No desentona. Tampoco interpreta nada.

Durante el shooting, con el equipo ajustando planos, le preguntamos quién es cuando llega a casa, se pone las zapatillas y deja el título nobiliario y el puesto de directivo colgados en el perchero del vestíbulo. Él responde con contención, de forma tímida, sin creérselo del todo. Entonces interviene desde la lejanía su esposa, Laura Vecino, que lo acompaña esta mañana: "En realidad, Rafa es mucho más". Esa apreciación cambia el enfoque de este reportaje. A partir de ahí, la conversación se organiza en tres planos distintos buscando la verdad tras la máscara de un hombre tremendamente desconocido (atención, spoiler: se viene paradoja) decenas de portadas después.

EL EMPRESARIO

Háblame primero de tu formación, muy exhaustiva, y que te llevó de forma temprana a Estados Unidos.

Vivíamos en Sevilla, donde íbamos al colegio. Al separarse mis padres, nos mandaron a los Jesuitas en Badajoz y, unos años después, mi madre tomó la decisión de que estudiáramos en EE.UU. Finalmente acabé haciendo incluso la carrera allí, en concreto en Washington D. C., en American University. Fueron años en los que me empapé de la cultura americana, que tanto me ha marcado, y donde comenzó mi relación de verdad con el deporte. Años de disciplina académica y deportiva en los que disfruté muchísimo, donde hice grandes amigos que aún conservo. Fui muy feliz allí.

Acabas trabajando en banca privada, quizá la mejor primera escuela del futuro empresario…

Al acabar la carrera empecé de becario en una boutique de hedge funds en Nueva York. Imagínate: back office puro y duro. Justo ese verano se produjo el terrible ataque a las Torres Gemelas. Al cabo de un tiempo entendí que era momento de volver a España y, después de varias entrevistas, fui aceptado en un puesto en Credit Suisse, donde formamos un equipo muy bueno de banca privada y empecé a aprender cosas que, por supuesto, me fueron muy enriquecedoras para lo que después serían mis inicios como empresario.

Amancio Ortega te escucha de verdad seas quien seas; da igual tu posición

De repente montas tu primer negocio: Scalpers. Te mudas a la moda, lo cual no parece extraño si tenemos en cuenta que eres hijo de Naty Abascal.

Todo lo que he vivido con ella y todo lo que me ha transmitido claramente me ha marcado. Es una mujer con una energía, unas ganas de aprender constantes y una sensibilidad ultradesarrollada para todo lo que tenga que ver con la belleza en todas sus dimensiones.

Tiene una capacidad de trabajo espectacular, un interés cultural constante y es una apasionada de aprender y conocer cosas nuevas cada día, hablar distintas lenguas, visitar museos y conocer gente interesante allá donde va. Haber crecido en ese entorno, haber estado cerca de ese mundo, hace que te fijes en detalles, desarrolles una clara sensibilidad y tengas querencia hacia lo auténtico, hacia las cosas especiales. Y, por otro lado, entiendas lo que es el trabajo bien hecho y el esfuerzo que eso conlleva.

De banca privada a la moda, a montar mi primera empresa, llegué de una manera supongo que natural. Se dieron ciertas circunstancias. Para mí era un mundo más que conocido y tenía las ganas y el empuje de la juventud para lanzarme a esa nueva aventura.

Fuiste influencer de moda sin necesidad de tener Instagram.

Echando la vista atrás, creo que algo así fui, y de manera inconsciente. Era otra época y las cosas funcionaban muy distinto. Pero, fuera de eso, fue una etapa muy interesante porque me permitió entender cómo se movían las marcas en los medios y en la sociedad. Algo muy valioso e interesante si quieres montar la tuya propia.

Scalpers fue un éxito. ¿Por qué decides salir en un momento determinado?

Scalpers nació cuando coincidí con un amigo y dos conocidos suyos con inquietudes similares y decidimos montar algo juntos. Formamos un grupo en el que cada uno aportaba algo distinto: uno era fuerte en la parte financiera; otro, en la estrategia de expansión y en la negociación; otro, en relaciones públicas; y yo tenía la capacidad de llegar a mucha gente y aportar toda la visión estética y dirección creativa, es decir, dotar a la marca de un ADN único.

Éramos muy jóvenes, con ambición de hacer algo grande y muchas ganas de trabajar. La compañía creció desde el principio, fue un referente y evolucionó en todos los aspectos. Me dio muchas alegrías y orgullo por lo que habíamos conseguido.

Pero, al igual que el proyecto, las personas que lo componíamos también habíamos evolucionado y llegó el momento de emprender nuevos retos para mí. Tenía muchos proyectos a la vista que me ilusionaban y gente con la que quería aprender y desarrollar cosas diferentes. Así que no lo dudé cuando me surgió la oportunidad de entrar a formar parte del equipo de Inditex, en concreto de Massimo Dutti, en un puesto de lo más tentador y retador para mí. Y fue ahí donde decidí, sin dudarlo, dar otro paso más en mi carrera profesional.

Cuéntame ese salto a Inditex, todo un gigante.

Todo tiene un porqué. Haber emprendido y haber vivido esa experiencia fue lo que me abrió la puerta a Inditex. No es una compañía que fiche a cualquiera. Es una empresa muy seria, donde el nivel de exigencia es máximo en todos los departamentos.

El hecho de que la empresa fuera un gigante me aportó la posibilidad de trabajar con profesionales del máximo nivel por todo el mundo y tener una visión global del retail como no había tenido hasta entonces. Fueron unos años de mucha exigencia y de un gran aprendizaje.

¿Y cómo es trabajar con Amancio Ortega, que es uno de los hombres más ricos del mundo pero a la vez un gran desconocido?

Es una persona con una capacidad de liderazgo y una visión de futuro únicas en este país. Pero, más allá de eso, lo que más me impresionó es su lado humano. Tiene una capacidad de trabajo enorme y una empatía increíble. Cuando estás con él, te escucha de verdad, te mira, te pregunta tu opinión, seas quien seas; da igual tu posición.

Creas la marca de moda MR.AB en 2020. ¿Qué hueco viste en el mercado?

Al acabar la pandemia, yo también regresé físicamente a Madrid y, junto a mi socio Tomás Laso-Argos, detectamos un hueco en el mercado que no estaba cubierto. Mi experiencia acumulada durante años y la más reciente en Inditex me abrió los ojos a la hora de concebir este nuevo proyecto.

Nos fuimos cada uno a nuestro armario, tiramos la ropa al suelo y dijimos: "Esto, esto y esto no está bien hecho o no existe como nos gustaría". Y decidimos hacerlo nosotros, con los mejores tejidos, los mejores patrones y los mejores diseños, y testarlo directamente con el cliente.

Partíamos de una base clara: no usar logos. Crear una marca donde tú veas una prenda y sepas que es de MR.AB por los detalles, por el tejido, por el patronaje, por los acabados. Apostar por ese reconocimiento silencioso. Y luego, contarlo de una forma distinta a través de las RR. SS.

Como no teníamos tienda física al principio, apostamos por una filmografía muy potente, donde el foco estaba en el estilo de vida. A partir de ahí empezamos a construir un universo online de lifestyle además de nuestra colección, que incluía desde un vino reserva de Rioja desarrollado con Marqués de Murrieta, café de especialidad de Café de Finca y una Rocket Espresso personalizada —ahora que está tan de moda el café de especialidad— hasta altavoces de Bowers & Wilkins, una selección de piezas de arte y una colección de libros de Assouline.

Nuestro gran asset, aun así, sigue siendo la comunidad de clientes que hemos creado alrededor de la marca en los cinco continentes. Ese concepto inicial online lo llevamos al físico hace aproximadamente un año, con la tienda en Galería Canalejas; luego, nuestro flagship en la calle Lagasca, 23; y ahora seguimos creciendo en este 2026 con la última apertura, hace un mes y medio, de otra tienda propia dentro de la zona de lujo exclusiva de El Corte Inglés de Puerto Banús, Marbella.

Háblame de Tomás, tu socio.

Tomás es un grandísimo comunicador y comercial, con una gran sensibilidad también. Es una persona que transmite felicidad, buen rollo y energía positiva. Es alguien único en lo suyo: trabajador, hecho a sí mismo, humilde, con un corazón enorme y una gran capacidad de liderazgo.

Él venía de trabajar toda su vida por su cuenta, haciendo trajes a medida por todo el mundo. Yo le conocía desde hacía años, pero fue poco antes de mi regreso a Madrid cuando nos reencontramos y empezamos a compartir ideas para crear MR.AB. Conectamos muy bien desde el principio y es un orgullo compartir con él este proyecto de vida.

¿Qué es para ti la elegancia?

Para mí, la elegancia no tiene nada que ver con el estilo. El estilo lo puedes aprender, lo puedes copiar, te puedes inspirar en quien quieras, aún más hoy en día con redes sociales y acceso a todo tipo de referencias. La elegancia es otra cosa. Es algo que llevas dentro. Tiene que ver con la naturalidad, con el saber estar, con no forzar nada. Es cómo te comportas, cómo hablas, cómo te vistes, cómo te relacionas y, en general, cómo vives la vida.

EL NOBLE

Han cambiado mucho las cosas… ¿En qué se traduce hoy tener dos títulos y una Grandeza? ¿Por qué es importante?

Hace siglos sí era algo que implicaba poder real: estabas en la corte, tenías jurisdicción y privilegios. Pero hoy, evidentemente, en el siglo XXI, todo eso ya no existe. En la actualidad es más simbólico que otra cosa. Es el vínculo de una persona con la historia de España a través de un título que ha pasado de generación en generación.

Muchos de esos títulos llevan asociados un patrimonio histórico y un legado muy importante. En nuestro caso, la Casa de Medinaceli, estamos conectados con figuras como Alfonso X el Sabio y, cuando te metes en archivos familiares como el que tenemos en Toledo, repasas la historia de nuestro país a través de documentos, relatos y acontecimientos de nuestros ancestros. Todo conservado a lo largo de siglos.

Al final, más que un privilegio, es una responsabilidad: custodiar ese legado.

También hay un patrimonio económico ligado a todo esto. Te tengo que preguntar por el conflicto judicial en torno a la herencia de los Medinaceli. ¿Cómo lo has vivido?

Hemos heredado un problema que la generación anterior no supo resolver en vida. Nosotros no estamos pidiendo nada extraordinario; lo que estamos reclamando es que se cumpla la legítima, que es un derecho recogido en la ley para cualquier español, cosa que no ha ocurrido en ninguna medida.

Es un tema complejo, porque el testamento también lo es. Y cuando las cosas lo son, las soluciones también lo son. Por eso hemos tenido que acudir a los tribunales. Nuestra intención siempre ha sido la misma: intentar mantener unido el legado familiar y hacerlo crecer.

En cualquier caso, para mí lo importante, lo que tiene valor y en lo que siempre he estado centrado es en trabajar, crear empresas, generar valor y empleo, y desarrollar mi forma de vida personal e individual. El tema económico vinculado a la herencia no es ni ha sido nunca una motivación más allá de un derecho que debería cumplirse porque la ley así lo estipula. Nada más.

Supongo que lo que está pasando afecta a lo personal, a las relaciones familiares.

Sí. Pero el origen de todo viene de antes, de la generación anterior. Había diferencias previas que nosotros hemos heredado. Al final, son formas distintas de entender la vida, los valores y cómo gestionar ese legado. Y eso inevitablemente afecta a algunas relaciones personales. Por suerte, son las menos.

Me encanta cocinar y me puedes ver en un mercado los sábados haciendo la compra

¿Cómo lo estás viviendo? ¿Merece realmente la pena?

No es una cuestión de que merezca la pena. Es que te ves en la obligación de hacerlo cuando es algo tan injusto.

Supone un desgaste personal y económico que, evidentemente, a los que estamos juntos en esto —que somos la mayoría de la familia— nos habría gustado evitar de todas las maneras posibles, pero por desgracia no ha habido forma de hacerlo y solo ha quedado este camino por seguir.

Intento darle su importancia y su lugar, que, como ya te comentaba antes, es algo circunstancial en mi vida.

¿Alguna vez has pensado que este peso histórico es demasiado y que sería mejor vivir sin él?

Sí, lo he pensado y probablemente muchas cosas en mi vida habrían sido más sencillas, y eso me habría gustado. Pero, por otro lado, uno nace donde nace y ha de estar orgulloso de ello y, en mi caso, agradecido en muchos aspectos.

EL HOMBRE

¿Quién es realmente Rafa Medina?

Un hombre sencillo, normal. La percepción que la gente tiene sobre mí pertenece a una mínima parte de mi vida, pero es lo que se puede ver, supongo. La realidad es que soy un hombre familiar, disciplinado, trabajador, disfrutón y agradecido, que disfruta mucho de las cosas sencillas de la vida.

Cuando participé en el Tour de Francia de MTB, la Cape Epic de 2014 en Sudáfrica, recuerdo que grabando la serie Imparables con Santi Millán me decían: "¿Pero tú qué haces aquí, que no estás con un esmoquin en una fiesta?".

Dices que eres el hombre más normal del mundo. ¿Alguna vez lo has pasado mal?

¿Yo? Muchas veces, sin lugar a dudas. Ahora me va muy bien, por suerte, pero he tenido momentos en mi vida y también en los negocios en los que lo he pasado mal y he tenido que remar duro para salir adelante.

Cada vez que he emprendido un proyecto ha habido situaciones difíciles y, en mi juventud, tuve momentos muy duros que vivir. Todo eso te deja cicatrices, te hace madurar y desarrolla resiliencia, que es una característica clave tanto en mi vida profesional como personal.

Pero sí, las he pasado canutas. Aunque también tengo que decir que siempre, en las distintas épocas, he tenido unos apoyos personales increíbles que me han hecho seguir adelante y me han dado estabilidad.

¿El duque de Feria va a la compra?

¡Por supuesto! Me puedes ver en un mercado los sábados haciendo la compra, sí. Muy a menudo, además. Me encanta cocinar en casa y para mis amigos, pero lo que más me gusta es ir al mercado. Me fascina ese momento de ver productos frescos cada fin de semana y es algo que hago desde siempre.

Háblame de tus aficiones.

Te diría que el ciclismo de aventura es la que está por encima de todas las demás. Yo crecí en Estados Unidos y allí el deporte es muy importante cuando vas al colegio o la universidad; durante la adolescencia ya estaba muy metido en ello.

Mi primera aventura con la bici fue en el año 1999, cuando hice mi primer Camino de Santiago. Eso me enganchó.

He hecho maratones y practico otros deportes. Me gusta el tenis y esquiar en invierno, pero la bici siempre ha sido mi vía de escape. Me ayuda a pensar, a meditar, a superarme y a disfrutar de la naturaleza y de la gente allá donde voy. Es un deporte muy humilde y sacrificado. Eso me encanta.

He hecho pruebas en distintas partes del mundo que han sido grandísimas experiencias.

¿Quién es Rafa Medina cuando nadie le ve?

Un tipo familiar y al que le gusta pasar tiempo con sus amigos.

Mi ocio es sencillo y lo disfruto mucho: me encanta la música, leo, veo series, cocinar, ver películas americanas de los 80 y 90 o documentales históricos.

Anualmente me encanta ver los cuatro Grand Slams de tenis o el Masters de Augusta. Si el trabajo me lo permite, intento no perderme la Semana Santa y la Feria de Sevilla.

Ese eres tú. Aunque tu esposa, Laura Vecino, opina que en realidad eres "mucho más". ¿Tú qué me puedes decir de ella?

Yo la definiría como la persona que me ha hecho más feliz y con la que he podido crear lo más importante que tenemos: una familia maravillosa.

Es una mujer con infinitas cualidades: como madre, como compañera y en su trabajo. Una persona con la que disfruto mucho de la vida, con los pies muy en la tierra y que tiene claras cuáles son las cosas importantes y es consecuente con ello. Eso es fundamental para mí. Siento que soy una persona muy afortunada de tenerla a mi lado.