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escapada invernal

24 horas en Palma de Mallorca

Uno de tus muchos propósitos de Año Nuevo es no volver hacer caso de los tópicos. Pues comienza a cumplirlo escapándote a Palma de Mallorca.

Foto: 24 horas en Palma de Mallorca

Uno de tus muchos propósitos de Año Nuevo es no volver hacer caso de los tópicos, ¿a qué sí? Pues comienza a cumplirlo escapándote a Palma de Mallorca para comprobar que una cosa es el estruendoso y multi-europeo verano de la Isla de la Calma y otra, muy distinta, un día de invierno en una de las ciudades más bellas de todo (sí, todo) el Mediterráneo. Callejuelas silenciosas de palacetes renacentistas, barrios de pescadores convertidos en mecas hipsters y marinas de ensueño: las 24 horas de un día cualquiera de invierno cunden, y mucho, en Palma de Mallorca. Benviguts.

POR LA MAÑANA: CALLEJEANDO POR CIUTAT

Nada mejor que aterrizar a primera hora en Son Sant Joan para sacarle todo el provecho. En invierno, el tercer aeropuerto de España es un oasis de tranquilidad apenas roto por las carreras de los ejecutivos del turismo que van o vienen de Madrid y los alemanes (muchos de ellos residentes en la isla) que se mueven entre los controles con toda la familiaridad del mundo. Un taxi desde el aeropuerto al centro de la ciudad rondará los 16€ y, en nada y menos, te dejará listo para que comiences tu paseo por el dédalo de silenciosas callejuelas que se esconde detrás de la Seo (Palau, Morey).

Las tiendas más populares (franquicias y recuerdos) están en las calles Sindicat y Sant Miquel, y las más exclusivas (sí, esa señora que se parece a la Reina Sofía es la Reina Sofía), se asoman a callecitas como Paraires o Sant Nicolau, que se esconden detrás del paseo del Borne, el precioso bulevar que ya quisieran tener en París. Y en Londres quisieran tener tener el barrio de Santa Catalina: la antigua zona de pescadores de la ciudad ha visto en los últimos años cómo una legión de expats ha cambiado la cara del barrio a golpe de reforma, tiendas de cupcakes y algunos de los mejores restaurantes de la ciudad: la calle Fábrica y la calle Sant Magí, en la que, hace unos años, Tyler Brulé abrió una tienda de Monocle, son los límites de un mapa mundi que, con vértice en el Mercado de Santa Catalina (esa señora con la que te has cruzado y que se parece a la hermana del rey es la hermana del rey), ha saltado hace mucho a las páginas de tendencias de todas los medios, The New York Times el primero.

POR LA TARDE: DE YATE EN YATE

Caminar una tarde de invierno por el Paseo Marítimo de Palma es hacerlo a la sombra de un bosque de mástiles. Centenares de yates de todo tipo y algún llaut, la barca típica mallorquina, tienen en las aguas de los diferentes clubes náuticos de la ciudad sus cuarteles de invierno. Con todo, es fuera de la ciudad donde están los dos clubes náuticos por excelencia: Puerto Portals, elegido por las fortunas patrias y donde entre boutique y boutique se cuela algún restaurante de postín, como el Flanigan (ese señor mayor que se parece al rey es el rey), o más asequible, como el Capuccino Grand Caffe. 

Port Adriano, una marina ultramoderna diseñada por Phillipe Starck y que en apenas un par de años se ha convertido en the-place-to-be y en la que resulta raro no encontrarse con una producción de moda, el rodaje de un spot o paparazzos aguardando a sus presas. ¿Motivos? Buenos restaurantes y bares (Bruno), shopping a la altura de los potentados que amarran sus yates...

POR LA NOCHE: DE BARES

Para reposar de tanta emoción, hay que volver a Ciutat -así se llama a Palma en la isla- y dejarse ver por su noche. Puede ser que la noche palmesana no sea la colección de celebrities que fue en los sesenta y setenta del siglo pasado, pero también es verdad que sigue habiendo famoseo (patrio, alemán e inglés) y mucho, mucho hedonismo.

En el paseo Marítimo, la discoteca Tito's sobrevive a modas y ordenanzas municipales y ya son cuatro décadas viendo pasar por sus reservados a lo mejor de la isla; y en Plaza del Mercat, el epicentro de la noche de la gente guapa , no puedes perderte -si es que encuentras sitio- en el Nicolás, el escenario por excelencia de la más elegante noche palmesana, el mejor  gin tonic  de este lado del Mediterráneo. Molt d'Anys!

Ocio
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