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'Before Work' o cómo irse de juerga antes de ir a la oficina

Una fiesta loca llena de gente en pijama (literal), con música electrónica a toda pastilla, saltos que podrían ser de cama y un penetrante olor a café.

Foto: Foto: Alice Peperell
Foto: Alice Peperell

Una fiesta loca llena de gente en pijama (literal), con música electrónica a toda pastilla, saltos que podrían ser de cama y un penetrante olor a café. Solo falta la terapéutica guerra de almohadas. Es miércoles y son las siete de la mañana. ¿Un sueño? Ni mucho menos. Es el despertador que se han sacado de la manga dos avezados londinenses con ganas de quitar la legaña al personal. Ni paseo al perro ni gimnasio. ¿Te imaginas cómo es un “Before Work”? Esta es la receta del divertido y saludable “desayuno” que proponen Samantha Moyo y Nico Thoemmes. Hay que tomárselo antes de ir a trabajar. Y dejar que haga sus efectos.

La fiesta del pijama. El Morning Glory de Londres ha hecho girar la rueda de las tendencias hasta situarla en el más insólito todavía. El triple salto con tirabuzón. Saltar de la cama cuando suene el despertador para ir no a trabajar sino a bailar. Incluso en pijama si se quiere (sí, en pijama, la ropa de trabajo se puede aparcar en el vestuario). Y antes de que nos sintamos como el gris y dickensiano Mr. Scrooge.

“Emborracharse” de zumos. A diferencia de Mr. Scrooge, aquí te visitan espíritus dionisíacos que sirven zumos, batidos verdes, como el de alga espirulina, y otras golosinas nutritivas, y ni gota de vino ni ninguna otra bebida con alcohol. Esta es una fiesta pre laboral 100% desinhibida y 100% sana. No faltan las colas ante el irrenunciable y mañanero café.

Baile frenético o un masaje-despertador. Los que no quieren bailar desinhibidos como si fuera la última vez (o la primera) y dejarse llevar como Zorba el griego pero sin velero, con animadores por doquier, pueden optar por un masaje “wake up”. No confundir con una sesión de zen-tantra, aunque haya de sobra risas, abrazos y espontaneidad. Y aunque el que más o el que menos exhiba de forma casi impúdica su matutina felicidad. Este masaje tiene el efecto de la ducha fría. Y otro: el de preparar la espalda para las largas y anchas horas en la silla y frente al ordenador. 

Entro a las 9, pero antes… El edificio de ladrillo con nombre de canción de Oasis y película de Harrison Ford, se convierte en una sala de baile y conciertos, caldeada por las sesiones de Annie O, la reina del “happy energy”; Mojo Filter, “forjando vínculos sagrados entre la mente, el cuerpo, el espíritu y el espacio”, según sus palabras, y The Loose Cannons, bregados en los remixes de Rihanna o Beyoncé, los casinos de las Vegas y hasta el yate de Armani en Montecarlo. Son las 6, las 7, las 8… la oficina y la agenda aún pueden esperar. 

Se venden como churros (las entradas). El evento está lleno de jóvenes emprendedores, artistas, oficinistas y otros empleados (una media de 200 asistentes, según Samantha Moyo). De hecho, se sitúa cerca de la conocida como "Silicon Roundabout", con profusión de start ups tecnológicas. En el barrio de Shoreditch, la zona más vanguardista del East End. En el Village Underground, dentro de lo que era una antigua estación que fue cerrada en los ochenta cuanto Margaret Thatcher privatizó el Metro y que hoy abre a las 6 de la mañana (un miércoles al mes), cuando las discotecas cierran, y hasta las diez. A 13 euros la entrada, que se venden, por cierto, como churros. Próxima parada: el 22 de enero.

¿Un “morning glory” en Madrid?. Los promotores del invento subrayan que no es una moda. Que ha venido para quedarse y multiplicarse. Extenderse por el Reino Unido y viajar. Queda la duda: ¿habrá un “morning glory” en Barcelona o Madrid? Samantha Moyo confirma que, pasado el feliz trago, “los trabajadores se sienten más inspirados, abiertos y creativos”. El invento funcionar funciona. Algo tan sencillo como empezar el día con buen pie. 

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