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De Martin Margiela a Christian Lacroix: vive tu propia semana de la moda en un hotel de alta costura

No hay mejor 'front row' que este para ver la vida pasar con mayúsculas. Estos hoteles están cortados por un singular patrón. Los firman algunos de los grandes del diseño. Nos vamos a París, Berlín y Milán

Foto: El Notre Dame Saint-Michel, en París, decorado por Christian Lacroix
El Notre Dame Saint-Michel, en París, decorado por Christian Lacroix

No hay mejor front row que este para ver la vida pasar con mayúsculas. Si los hoteles fuesen una colección para la próxima temporada y la siguiente y la de más allá estarían cortados por este patrón. Los firman algunos de los grandes del diseño. Y como estamos en plena Semana de la Moda de París, nos hemos quedado cerquita de Saint Germain y Le Marais con Martin Margiela y Christian Lacroix. Aunque hemos hecho nuestra escapada a lo Cocteau corriendo por las orillas del Sena hasta llegar al castillo de Berlín donde dejó su huella el káiser o el rincón milanés del 'emporio' hotelero de Armani. En estos salones siempre es primavera-verano y también otoño-invierno.

La Maison Champs Elysées, de Martin Margiela. También es conocida como Maison des Centraliens, con todo su porte y espíritu haussmaniano, por ser punto de reunión de los estudiantes de la Ecole Central (quinto y sexto piso), y ahora también como Maison Martin Margiela, más allá del atelier, por haber sido decorado por el diseñador de moda; en blanco, cómo no. Son la tercera y la cuarta planta las que acogen las 17 habitaciones y suites Couture. Se presenta como hotel inconformista, un palacio, si acaso, para todos; se enmarca en ese lujo que peca de silencioso y tiene algo teatral aunque minimalista. Está en el centro del triángulo de oro de París: Avenue Montaigne, el Grand Palais y la Place de la Concorde, concretamente en el número 8 de la rue Jean Goujon.

Bellechasse, de Christian Lacroix. Si con Martin Margiela llega el minimalismo a la escena hotelera, con Lacroix irrumpe el maximalismo, la teatralidad total. El barroquismo ilustrado que se hace liturgia en cada uno de los rincones de este hotel, en el corazón de Saint Germain, a solo unos pasos del Museo de Orsay y los Jardines de Luxemburgo, en la margen izquierda del Sena, por donde, si es tu deseo, podrás seguir tu rutina gimnástica con un entrenador a tu disposición. Es un buen puerto para anclar y después seguir por los Inválidos, las Tullerías, la catedral de Notre Dame y ese largo y venerado etcétera. En el número 8 de la rue de Bellechasse.

Petit Moulin, de Christian Lacroix. No es un cuadro de Toulouse-Lautrec sino una maison que también firma el lujoso y casi lujurioso diseñador francés, que se alza en el viejo París del haut Marais y es todo un país de las maravillas, para Lacroix la perfecta casa de muñecas. La calle de Poitou, donde está 'este pequeño molino' (números 29 y 31), es historia urbana y punto de partida para llegar al Museo Picasso, la Plaza de los Vosgos (la más antigua de París), por supuesto, y tantas galerías de arte, cafés, teatros y tiendas de moda de los alrededores.

Notre Dame Saint-Michel, de Christian Lacroix. Otra vez ha sido Lacroix el encargado de dar un nuevo aire a este viejo hotel, y le ha puesto obras de arte, mobiliario antiguo y ricos tejidos ornamentales hasta hacer de él casi un altar de la hostelería. Se encuentra en el Barrio Latino (en 1 Quai Saint-Michel), junto a Saint-Germain, y es perfecto para recorrer las galerías de arte que aquí se multiplican, los puestos de libros de segunda mano y las callejuelas estrechas. Desde la habitación (hay 26, todas muy Lacroix) verás el Sena y el Notre Dame de Víctor Hugo y Quasimodo: te parecerá mentira pero será verdad.

Schlosshotel, de Karl Lagerfeld. Mientras se construye el de Macao por todo lo alto con 270 habitaciones y todo firmado por el káiser, de la cabeza a los pies, la única manera de encontrarse con su excelencia en una habitación de hotel es viajar a su Alemania natal, a Berlín, y dirigirse al soberbio Schlosshotel de 1912, en el exclusivo barrio de Grunewald (Brahmsstrasse 10). Un castillo que cobija la Grunewald Suite by Karl Lagerfeld, un espacio consagrado a 'la vida en rosa' de 106 metros cuadrados donde impera cierta lujosa extravagancia que vuelve locas a las estrellas de Hollywood y algunas otras no tan lejanas. Es proverbial su Sunday Afternoon Tea, de 3 a 6 de la tarde, las horas de las exquisiteces. 

Armani Hotel, en Milán. Es un traje hecho a la medida de Giorgio Armani en la ciudad de la moda donde el italiano levantó su 'emporio' (1975), así que se presupone una fusión de historia, arte, cultura, deporte y diseño entre estas cuatro paredes. Además de las habitaciones de una modernidad contenida, como corresponde a las normas de la casa, hay un fabuloso restaurante, un lounge bar para sobremirar todo Milán y un tentador spa en el que nos queremos sumergir ya. Este Armani también está en Dubái, en el Burj Khalifa, el edificio más alto del mundo: va desde el vestíbulo a la planta 38. Sobra decir que todo es de superlujo.

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