Arroz, queso, aves y huevos: cuatro restaurantes temáticos que te van a encantar
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Arroz, queso, aves y huevos: cuatro restaurantes temáticos que te van a encantar

Sabemos qué nos espera en una arrocería. Adivinamos que L'Eggs le ha puesto muchos huevos y que nos la darán con queso en el Cheese Bar. Aire va solo de aves. Más de lo mismo, pero ninguna igual

Foto: Aire, en Madrid, está dedicado a las aves
Aire, en Madrid, está dedicado a las aves

Ya sabemos lo que se va a comer a una arrocería y lo que te servirán en el plato si te apuntas al Cheese Bar. No vayas a L'Eggs si eres alérgico a los huevos. Ni a Aire si lo que te gusta de las aves es verlas volar. Eso sí, ni te imaginas el partido que le sacan a suingrediente. No esperes huevos fritos al uso ni la consabida paella dominical.Hazte un máster(chef)en lo que se cultiva en el delta del Ebro oen el fruto orgánico queponen las gallinas.

Aire, en Madrid: aves. Pollocoquelet, pichón, codorniz, perdiz, oca...,procedentes de granjas naturales y sostenibles.Aire(C/Orfila, 7) es unarôtisserieespecializada en aves de corral, asadas con brasas de encina y sarmiento, y cocinadas a la manera de nuestras abuelas;unas, porque otras van a la cazuela según el recetario asiático e internacional. La volatería, ha de saberse, es purogourmet; que se lo digan a nuestros vecinos franceses. Codorniz en tempura picante, pochas con pichón o contramuslo de gallo asado; es lo que hay. Después de Aire, que acaba de llegar, vendránMar y Tierra, dos restaurantes más para componer una trilogía.

Un plus: atención a los detalles. Vajilla de cerámica de Puente del Arzobispo, cristalería de Sèvres y servilletas de lino natural con bordado de Lagartera.

Barraca, en Barcelona: arroz.Esta barraca a lo Blasco Ibáñez está tendidaal sol del Mediterráneo. En la playa de la Barceloneta, nada menos que en el número uno de su paseo marítimo, se ha consagradoen cuerpo y alma a los arroces (del delta del Ebro: con calamares, pescado de lonja y demás, negro a la cazuela...). Un neochiringuito, podríamos decir, con tanta vocación marinera como urbanita, que se ha atrevido a poner sobre la mesa comidas veraniegas en pleno invierno. Pronto descubrirás que también hay tapas, que es suficientemente moderno y que, aún así, tiene algo de tradicional, y que estás por fin donde tenías que estar. En un balcón o, mejor, en un barco, porque lo que se ve desde el comedor es el mar.

Un plus: todo es muy bio, natural y de productores locales. Su promotor, Guido Weinberg, lo es también del Wokimarket.

Poncelet Cheese Bar, en Barcelona: queso. Por supuesto es para quienes tienen la fe puesta en estas virguerías derivadas de la leche a menudo conocidas por su olor. En el Poncelet Cheese Bar de Barcelona (Avda de Sarrià, 50, en la planta baja del Hotel Meliá) se pueden degustar hasta 150 variedades de quesos artesanos, tanto nacionales (de las 17 comunidades autónomas) como internacionales (de Francia, Italia, Suiza, Irlanda…), de cabra, oveja, vaca o búfala. El queso se corta en público en un espectáculo gastronómico a cargo de maestros queseros. Por protagonismo que no quede. Solo hay que ver la carta: los bombones de queso manchego y velo de Pedro Ximénez sobre crema de almendra asada, o los tomates en almíbar oriental, obleas de queso pasiego y emulsión de romescu.

Un plus: el queso que elijas irá acompañado de membrillo, mermelada, chutney overdura y pan. Si eres de la liga antiqueso, hay menú para ti. Ah, y tiene jardín vertical y biblioteca.

L’Eggs, en Barcelona: huevos. Sí, le echan muchos huevosa la cocina (y de corral), cosa del chef Paco Pérez, y los acompañan del mejor de los panes (el de Triticum) y el más alabado de los jamones (el ibérico puro bellota Gran Reserva de Arturo Sánchez, cortado a mano en el momento). Aquí los huevos, preparados de infinitas maneras, se maridan incluso con gin-tonics, gracias al maestro coctelero Javier Caballero, y conmúsica hasta las tantas. Están comprometidos, y así lo hacen saber al respetable, con el huevo (suena a Quevedo) en la Barcelona universal (Passeig de Gracia, 116).

Un plus: una escalera casi secreta y de caracol te llevará al Doble, esa coctelería que es todo un club.

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