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más allá de las capitales

Split, Dresde, Limerick y Leiden: cuatro joyas europeas para descubrir esta primavera

Nos salimos de las rutas turísticas convencionales para descubrir con calma cinco gemas ocultas en el inmenso joyero que es el continente europeo

Foto: Split, Dresde, Limerick y Leiden: cuatro joyas europeas para descubrir esta primavera

No son las capitales que ya tienes muy vistas. Pero son incluso más bonitas. Apúntate estos destinos y toma nota de todas las razones por las que deberías hacerles un hueco en tu agenda.

SPLIT, CROACIA

Escala recurrente en los cruceros que surcan el Mediterráneo, la portuaria Split es la segunda ciudad croata tras Zagreb, pero será siempre la primera en el sueño de cualquier emperador. Porque Split es la única ciudad del mundo cuyos habitantes viven en un palacio real, donde sus pasillos son calles y sus jardines, plazas... Es Split una ciudad bulliciosa que nació, inconscientemente, gracias al capricho de un emperador romano, Diocleciano, y al palacio que mandó construir, un magnífico recinto fortificado de 30.000 metros cuadrados que, tras su muerte y el hundimiento del imperio romano, pasó por diferentes usos y vicisitudes -una fábrica de uniformes, por ejemplo- hasta que los habitantes de la cercana Salona hicieron del palacio su hogar huyendo de los bárbaros.

La población pronto superó los muros del palacio: en la Baja Edad Media, la ciudad fue construida intramuros del palacio, y hoy sus restos están esparcidos por toda Split -la catedral, por ejemplo, fue erigida sobre el antiguo mausoleo imperial. El resto del núcleo protegido de Split comprende iglesias románicas de los siglos XII y XIII, fortificaciones medievales, palacios góticos del siglo XV y otras mansiones de estilo renacentista y barroco. Pasear a lo largo de la calle Diocleciana y perderse por el laberinto de callejuelas que la cruzan es la mejor manera de descubrir a la que es una de las ciudades más interesantes e históricas del Mediterráneo. Una dirección a tener siempre en cuenta: la del restaurante legendario Konoba Nikola (Ivankova 42, en Stobrek, en las afueras), un clásico que no falla y que es escala obligada para los famosos de visita a Split: su cocina dálmata es la mejor de la ciudad.

LEIDEN, HOLANDA

Hace mucho que no resuenan en las noches de Leiden, la ciudad universitaria por excelencia de Holanda y, antes que nada, cuna de Rembrandt, los susurros de las madres asustando a sus hijos remolones con Juan de Austria, que cometió en la ciudad y sus alrededores todas las tropelías imaginables... La ciudad es coqueta, compacta, y repleta de historia : además de escenario de batallas contra el Tercio de Flandes, fue el lugar de donde partió gran parte del pasaje que, a bordo posteriormente del Mayflower, serían los Pioneros (con mayúsculas) que fundaron los Estados Unidos.

El centro antiguo de la ciudad tiene, después de Ámsterdam, el mayor número de canales y puentes de Holanda, que cada verano se convierte en pista de desfiles para todo tipo de navíos: la experiencia de cenar a la luz de las velas en uno de los barcos mientras se recorren los canales es muy recomendable. Los patios interiores de las tradicionales casas señoriales, los famosos hofjes, son todo un encanto para los sentidos: bucólicos jardines a los que se asoman viviendas sacadas de revista de decoración. Hay cerca de cuarenta, y un recorrido marcado por la ciudad conduce a los doce más espectaculares. Y, desde luego, si es fin de semana, resulta imprescindible no caer rendido ante los encantos del mercado de comida -uno de los más famosos del país- que se forma en las riberas del canal (Nieuwe Rijn, Vismarkt y Botermarkt). 

LIMERICK, IRLANDA

La cuarta ciudad irlandesa, por más que haya sido conocida internacionalmente por ser la ciudad natal de Frank McCourt, el autor del best-seller Las cenizas de Ángela (libro que desarrolla su trama en Limerick), del oscarizado Peter O'Toole o de la banda de pop The Cardigans, no ha sido hasta que el año pasado fue elegida como Ciudad Irlandesa de la Cultura que la ciudad comenzó a sacudirse de verdad cierta mala fama adquirida en los últimos tiempos y ganarse un lugar que merecía en los itinerarios de los viajeros en Irlanda.

Hoy, la ciudad bulle: tomarse una pinta -o las que sean- en el White House Pub (52 O'Connell St), buscar gangas en las tiendas del Milk Market (en Cowmarket Row) o pasear por las callejuelas que rodean al castillo del Rey Juan, erigido en el siglo XIII, en King's Island, la parte más antigua de la ciudad. Una excelente opción para alojarse: el  No. 1 Pery Square Hotel, en el barrio Georgiano, una maravilla de dos siglos de antigüedad que transporta a otro tiempo... 

DRESDE, ALEMANIA

Antes de asomarse a la colección de tesoros de Dresde, hay ser conscientes de cómo ha sufrido la Historia esta ciudad: Entre el 13 y el 15 de febrero de 1945, cuatro bombardeos de las fuerzas aéreas británicas y estadounidenses arrojaron, desde más de mil aviones bombarderos, más de cuarenta mil toneladas de bombas. No solo eso: los incendios provocados por esa cantidad de explosivo se propagaron con virulencia por toda la ciudad (el bombinferno). El resultado: entre 22.000 y 35.000 víctimas mortales, y más del 90% de los distritos centrales de la ciudad quedó totalmente destruida. Hoy, todo aquello es un recuerdo imperecedero pero superado: por eso, los viajeros pasean despreocupados por la Neumarkt, la plaza del nuevo mercado, el epicentro vital de la ciudad desde su fundación y donde no faltan puestos donde tomar un currybruwrst y una cerveza para lanzarse a descubrir la que es la ciudad más monumental de Alemania y, desde luego, una de las más bellas de Europa ('a Florencia del Elba' ha sido siempre su sobrenombre).

Al lado de la Neumarkt se encuentra el museo de la Bóveda Verde, el museo más famoso del casi medio centenar de la ciudad. La antigua cámara del tesoro de Sajonia guarda hoy una de las mejores colecciones de orfebrería y joyería del mundo -y, desde luego, la más extensa de Europa-. Hay que visitar la Frauenkirche, además de símbolo por excelencia de Dresde y, probablemente, la iglesia protestante más famosa del mundo, es todo un símbolo en contra de la guerra y por la reconciliación, quedó totalmente destruida por la guerra y reconstruida en 2005: hoy, las vistas desde la cúpula, a casi setenta metros de altura, son espectaculares.

Del esplendor que le dio a la ciudad Augusto el Fuerte, Elector de Sajonia durante las primeras décadas del siglo XVIII, destacan su residencia, el Zwinger, una colección de edificios de diferentes usos -una Biblioteca, una Galería de Antiguos Maestros, la Armería...- que es una obra maestra del barroco que se emplea, desde entonces, en lugar de festejos públicos. Al costado está la SemperOpera, uno de los teatros de ópera más célebres del mundo. El paseo es agradable: la gente camina sin prisa por la TheaterPlatz y sube a la Terraza de Bruhl, una monumental explanada sobre el Elba. 

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