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Cuatro restaurantes perfectos para salir a comer con amigos

Estos garitos gastronómicos tienen en sus adentros algo que los hace divertidos, y no solo por lo que se cuece en sus fogones. Te esperan con sus puertas abiertas como brazos y, claro, a mesa puesta

Foto: El Imparcial se encuentra en el palacete donde estuvo el periódico del mismo nombre
El Imparcial se encuentra en el palacete donde estuvo el periódico del mismo nombre

Estés donde estés en nuestra bendita geografía siempre hay un restaurante esperándote con las puertas abiertas de par en par y la mesa puesta. Si esta vez vas con amigos, aquí te lo vas a pasar bien. Estos garitos gastronómicos tienen en sus adentros algo que los hace divertidos, y no solo por lo que se cuece en sus fogones.

El Imparcial, en Madrid

En el barrio del Rastro (C/ Duque de Alba, 4), en un palacete de 1913, el lugar en el que estuvo el histórico periódico El Imparcial a principios del siglo XX (en sus Lunes escribieron Baroja o Unamuno) y luego los cines Alba y una sala X, acaba de abrir un local de los que se resisten a las etiquetas, que además será 'intervenido' periódicamente por artistas, diseñadores e intelectuales (lo han llamado Carta Blanca). Digamos que El Imparcial es “un espacio gastronómico, centro de ocio y acción cultural”, con el aval de sus hermanos Dray Martina y Maricastaña, cosmopolita, bello y con flores.

Aparte de la Gran Sala, hay barra, un reservado y una tienda (no hay que olvidar que estamos en un concept store) donde se venden objetos culturales y de diseño, y habrá tertulias, exposiciones, talleres y una cita con lo bio llamada Mamma Natura. ¿Qué tenemos en la carta? Croquetas de rabo de toro, patatas bravas, tacos de cochinita pibil con guacamole y lima, o sashimi de salmón noruego con wakame y helado de wasabi; lo que se dice cocina fusión.

Auga, en Gijón

Gijón siempre es una tierra prometida y además tiene mar, y junto al mar un restaurante con el nombre de Auga (C/ Claudio Alvargonzález, s/n), que ofrece cocina de mercado que apoda como “actual y sugerente”, a cargo de Gonzalo Pañeda y Antonio Pérez. En este edificio de corte vanguardista podrás pedirte una selección de los platos representativos de la temporada, o decantarte por unas croquetas de Sabadiego para compartir, una vieira gallega, con manzana verde y coliflor trufada para ti solo, algunos de sus moluscos y mariscos, una merluza de pincho Puerto de Celeiro con sopa de patata, cítricos y cardamomo, o un entrecot de vaca rubia gallega. Y si no lo puedes resistir, ríndete al plato de cuchara, aunque apriete el calor. De postre, ¿qué tal unas migas crujientes, bizcocho ligero y frambuesas?

Auga. Foto: Kike Llamas
Auga. Foto: Kike Llamas

Zorita’s Kitchen, en Salamanca

Este restaurante en la soberbia ciudad castellana también tiene lo suyo, porque está tras los muros del monasterio dominico que fue y ahora es la Hacienda Zorita (Ctra. Salamanca-Ledesma, km. 12, en Valverdón), con vistas al río y los jardines. Esta finca está consagrada al buen vivir, con su quesería, donde podrás aprender más de maridaje de quesos y vinos; su Wine & Dine Bar, para comidas y bebidas informales; La Terraza, al bendito aire libre; las Tapas Experience, para el almuerzo y el brunch; el Refectorio, con sus mesas comunales, y el Té Vespertino (con mayúsculas), que no es a las cinco, sino de seis a ocho.

Y todo es muy ecológico y slow food, con la dirección gastronómica del chef Víctor Gutiérrez, que lleva los mandos en este restaurante farm-to-table (de la granja a la mesa), donde se sirven alimentos de producción limitada que proceden, entre otros, de la Hacienda Zorita Organic Farm, un centro de elaboración de quesos de leche cruda de oveja, ibéricos 100% de bellota y aceite de oliva. En el menú, "una cocina casual pero de gran calidad basada en los principios del movimiento internacional Slow Food, que promueve la difusión de una filosofía del gusto y la protección de las tradiciones gastronómicas regionales, con sus productos y métodos de cultivo". 

Küiru, en Madrid

Esta vez no nos tenemos que ir a Asturias. La 'patria querida' está en este restaurante que ha hecho de la gastronomía de allá su bandera, y con humor. Las travesuras de Küiru (Santa Engracia, 141) tienen que ver con el “guiso al revés”, idea de Daniel Villoria, la olla al centro en mesas altas y los escanciadores de sidra en los extremos, a la vieja usanza. No todo es tradición: también hay tapas de autor y “platos gastronómicos”. Prepara tus jugos gástricos para cuando oigas la letanía: mi croqueta cremosa de ibérico sobre jugo de fabes y manitas, minihamburguesa de gochu aliñada, asada y nucleada, o sardina salona en tosta con berejena asada y sopa de apio.

Cuando te reciten la variedad de tortos, como el crujiente de maíz con picadillo y crema de cabrales; de arroces, como el meloso con langostinos al toque de gamoneu y eneldo, o tantos otros platos del prau, el mar y la tierrina. La guinda la puede poner una espuma de vainilla con maracuyá y cacao. La aventura prosigue con el menú Küiru (siete ingredientes para cocinar en un fondo de mar), el Gastroküiru (más de diez ingredientes con cambio de guiso y maridaje de cóteles, y con postre Küiru) y el de degustación. Esto parece la Bauhaus de la cocina.

 

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