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'drunk in love'

Beyoncé tenía razón: estar borracho de amor es posible

Beyoncé no tiene suficiente con ser estudiada por Harvard Business School (HBS) como un modelo de negocio. La cantante ha conseguido ahora que la ciencia avale uno de sus estados más aclamados: el de estar borracha, pero de amor. Su tema ‘Drunk in love’

Foto: Beyoncé tenía razón: estar borracho de amor es posible
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Beyoncé no tiene suficiente con ser estudiada por Harvard Business School (HBS) como un modelo de negocio. La cantante ha conseguido ahora que la ciencia avale uno de sus estados más aclamados: el de estar borracha, pero de amor. Su tema Drunk in love ya lo anunciaba: estar borracho y estar enamorado tienen unos efectos similares sobre nuestro cerebro. Pero precaución, querido lector: ambos desembocan en la pertinente resaca.

Tanto el amor como el alcohol nos hacen sentir felices e invencibles, pero cuando sus efectos pasan, la tristeza nos invade. El estudio, publicado en Neuroscience and Biobehavioral Reviews, ha lanzado una nota de prensa en la que explica la razón por la que se llevó a cabo esta investigación, en la que los sujetos del estudio fueron rociados con oxitocina. ¿El resultado? Se vieron despojados del estrés y se sumieron en una felicidad plena. Los mismos resultados fueron advertidos en aquellos a los que les fue suministrado alcohol.

“Pensamos que merecía la pena explorar este asunto, así que investigamos en los efectos del alcohol y la oxitocina. Las similitudes son sorprendentes”. La oxitocina, conocida como la hormona del amor, entra en juego al ponerse en contacto dos cuerpos. También ayuda a disminuir el dolor al dar a luz y a crear vínculos con el recién nacido al dar el pecho. Mientras que la oxitocina se asocia con el amor y el relax, según la nota de prensa, sus similitudes con el alcohol señalan que no deberíamos olvidar el peligro potencial de esta hormona. Aunque el alcohol y el amor se dirigen a partes diferentes del cerebro, generan transmisiones similares en el cortex prefrontal y en las estructuras límbicas del cerebro, encargadas de controlar cómo actuamos ante el estrés y la ansiedad. ¿La razón? Al igual que hay personas a las que el alcohol despierta su lado más violento, la hormona de los tortolitos también hace que la envidia y el egoísmo salgan a flote.

“Entender cómo la oxitocina altera el comportamiento podría tener grandes beneficios”, explica uno de los miembros del equipo de investigación, llevada a cabo por la Universidad de Birmingham. El doctor Steven Gillespie no cree que la oxitocina termine por ser un sustituto para el alcohol. “Sin embargo, es un neuroquímico fascinante que, al margen de asuntos relacionados con el corazón, puede usarse en tratamiento de problemas psicológicos y psiquiátricos”. Al parecer el amor no solo emborracha y enloquece, sino que quizás pueda ser una -paradójica- cura para la mente. Desde Vanitatis pedimos el espray cargado de oxitocina con el que fueron rociados los participantes en el estudio, porque estar borracho de amor duele menos cuando todo es químico. Esperamos.

 

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