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¿Es la comida el nuevo porno?

Los 'realities' de cocina convierten a los chefs en 'sex symbols', ver imágenes de suculentos platos en Instagram ofrece a los que están a dieta una mirada lasciva libre de culpa y la visión de un huevo 'mollet' nos hace salivar

Foto: ¿Es la comida el nuevo porno?
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"Comer como un rey y cenar como un emperador" no es un lema digno de dieta, pero parece haberse convertido en la nueva máxima en las redes sociales, en las que las fotografías de suculentos platos han llegado a ser las imágenes que superan en likes a un bolso de Chanel. Los estudios indican que los internautas recurren a las redes sociales para buscar inspiración en la cocina. Bajo el hashtag #foodporn, un 69.8% de los platos fotografiados son de alimentos ricos en calorías, mientras que el 30,2% restante corresponde a comida saludable. Parece que en la mesa, al igual que ocurre en el sexo, cuanto más 'sucio', mejor.

En un ensayo publicado en Hoover Institution, Mary Eberstadt se pregunta si realmente la comida es el nuevo sexo. “¿Qué pasa cuando por primera vez en la historia –al menos en teoría-, la gente es libre para tener todo el sexo y comida que quiere?”, pregunta su autora, que afirma que lo que ocurre es que la comida se rodea de tabúes, mientras que el sexo cada vez tiene menos barreras. “Al final es difícil no concluir que las normas que rodean a la comida se ven reforzadas por el hecho de que la gente está incómoda con lo lejos que ha llegado la revolución sexual. Al no saber cómo responder, ponen normas y castigos a lo que comen”. De esta 'transvaloración de todos los valores' tan nietzschiana resulta interesante el que ahora los tabúes se trasladen a la gastronomía. Prueba a aparecer en el comedor de tu oficina con una hamburguesa doble y patatas fritas mientras tus compañeras engullen sus aburridas ensaladas. No solo te mirarán mal, sino que te recordarán que tu comida te puede dañar tu salud mientras la miran con gula. De ahí ese anuncio de una conocida marca de chocolate que habla de placer adulto al degustar una onza de chocolate. Cuando la familia de la adolescente que protagoniza el anuncio pilla in fraganti a la joven disfrutando de su tableta de chocolate, se tapa los ojos como si la hubieran encontrado masturbándose. 

Casos como el de Park Seo-yeon, que gana 9.400 dólares al mes por grabarse comiendo ante el ordenador completamente vestida y sin lascivia alguna, esbozan una pregunta: ¿es el voyerismo gastronómico el nuevo voyerismo sexual?

Encontramos en la comida, o mejor dicho, en verla, una gratificación que se asemeja a la que conseguimos con el sexo. Atentos a este extracto de El vientre de París (1873), de Émile Zola:

"Era un mundo de cosas buenas, de cosas untosas y fundentes. En primer lugar, abajo del todo, junto al cristal, había una fila de tarros de rillettes entremezclados con tarros de mostaza. Los codillos deshuesados venían encima con su rica cara redonda, amarilla de pan rallado, el mango rematado por un pompón verde. A continuación llegaban grandes fuentes, las lenguas rellenas de Estrasburgo, rojas y barnizadas, sangrantes al lado de la palidez de las salchichas y las manos de cerdo; las morcillas, negras enrolladas como culebras buenecitas; las andouilles, apiladas de dos en dos, reventando de salud; los salchichones semejantes a espinazos de chantre, con sus capas de plata; los pasteles calentitos, llevando las pequeñas banderas de etiquetas; los gruesos jamones, las grandes piezas de ternera y cerdo (...)”.

Para su hambriento protagonista, no hay nada más placentero que esa visión tan cercana a la comida como la que el porno ofrece hoy del sexo. 

Imagen: Chrissy Teigen
Imagen: Chrissy Teigen

En la actualidad, los chefs son las nuevas estrellas del porno. Mientras que la monotonía o la velocidad a la que se mueve la sociedad puede ser la causante de que ya no practiquemos sexo con tanto mimo o cuidado, este dios de la cocina elabora sus platos de forma milimétrica, con los mejores ingredientes del mercado y con pasión. El sexo ha sido despojado de su sensualidad por culpa del porno, y ahora son los programas de cocina los que miman los detalles, hacen primerísimos planos a los ingredientes y consiguen que el espectador goce ante la pantalla. La chef Nigella Lawsan es conocida como 'la reina del food porn' por sus constantes coqueteos con la cámara, ante la que incluso se chupa los dedos (literalmente) para regocijo de sus seguidores.

Los realities de cocina son ahora los más aclamados. Mientras que la web Business Insider incluso tiene un listado de los 25 chefs más sexis, ver fotografías de lo que van a comer aquellas personas a las que seguimos en las redes sociales nos hace salivar. 

Hablamos con Mónica Escudero, autora de A vueltas con la tartera, sobre la lujuria visual de la comida. “No hay nada más sexy que un huevo mollet rompiéndose”, asegura. “Lo que da sensación de lujuria a las fotos de comida es más o menos lo mismo que en cualquier otra foto: el movimiento, la jugosidad, la decadencia, los chorretones, las salsas… Conceptos que a la vez pueden excitarte y causarte un buen ataque de hambre. Igual que existe la línea que separa lo erótico de lo porno, también está la que separa la comida con pinta atractiva de la contraria, y creo que ambas son muy parecidas y tienen que ver con la sutileza”.

Mónica pone algunos ejemplos que, me veo obligada a avisar al lector, pueden incitar al hambre a la par que excitar. “Una yema de un huevo escalfado derramándose, el caramelo de un flan o el chocolate de una tarta goteando, la textura extremadamente mordible de una hamburguesa con salsa, vegetales frescos y un pan con un punto lácteo y cualquier cosa que parezca disfrutable. En general la carne y el pescado crudos, como los tartares, también dan bastante sensación de food porn (por motivos evidentes). Las fotos de este estilo son bastante complicadas a nivel ejecutivo, porque si no pillas la salsita, la yema o lo que sea en el punto justo, no hay vuelta atrás”. 

En el food porn, según parece, también hay gatillazos. Lo importante es no caer en la trampa a la que el porno nos ha empujado tantas veces. El food porn dota de un halo de glamour al acto de cocinar y a los alimentos, pero tiene tras de sí una importante labor de preproducción e incluso de postproducción. No nos desanimemos si preparamos un tartar de aspecto desastroso: ni en la cama el orgasmo siempre se consigue, ni en la cocina el clímax se consigue siempre por la vista.

 

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