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El te quiero porque tú me quieres (o el efecto Mar Flores y Javier Merino)

¿Conoces el concepto filiolatría? Esta es una de las nuevas (viejas) formas de enamorarse y es la técnica de toda la vida de apostar sobre seguro

Foto: Mar Flores. (Jate)
Mar Flores. (Jate)

Las razones por las que experimentamos atracción hacia una persona mientras otra nos deja más fríos que un iceberg son un misterio, incluso para la ciencia. En un estudio de la Universidad de Harvard y del Wellesley College de Massachusetts en el que participaron gemelos y mellizos se concluyó que la genética no influye en que una persona nos atraiga o no. A un hermano le podía volver loco una persona que al otro le dejaba más que tibio.

Durante siglos hemos buscado explicaciones: nos hemos inventado flechazos, romances a primera vista, afinidad de caracteres o almas gemelas para desentrañar el misterio del amor. Y seguimos en la casilla de salida: sin tener ni idea de cómo surge esa llama que nos lleva a considerar a alguien nuestra media naranja. Y es que para gustos, colores. Y uno de esos que ahora se está analizando es la filiolatría. Se basa en sentir enamoramiento por una persona porque esta previamente lo ha experimentado hacia nosotros, o el proceso de romance que parece que (dicen las malas lenguas) vivieron Mar Flores y Javier Merino. Ver que la otra persona bebe las aguas por un servidor/a provoca que inmediatamente se convierta en un ser ideal para amar. Es un perfecto escudo contra el fracaso, pero también tiene su contrapartida. No deja de ser una forma un tanto narcisista de iniciar una historia de amor. Y, probablemente, efímera.

Francisco Javier Merino de la Cuesta. (EFE)
Francisco Javier Merino de la Cuesta. (EFE)

¿Cómo funciona?

Los científicos señalan que las neuronas espejo pueden ser las causantes de esta modalidad de enamoramiento. Estas son las que despiertan la empatía, las que nos hacen darnos cuenta de los sentimientos de los demás y nos permiten ponernos en su lugar. Por ello, cuando vislumbramos unas pupilas dilatadas de amor hacia nosotros, se despierta una respuesta similar. Si esa persona nos quiere tanto, bien merece ser amada. Pero la razón que subyace en todo esto es que ese sentimiento de 'adoración' nos hace sentir bien y lo ansiamos alargar.

Más allá de la adoración

Cabe pensar que si todos experimentáramos la filiolatría, no habría historias de desamor en el mundo. De hecho, se acabaría con la comedia romántica en cinco minutos: chico conoce a chica, chica ve que chico se siente atraído por ella y se enamora de él. Fin. Lo que no se tiene en cuenta es que el andamiaje psicológico de la persona que ama cuando es amada tiene claroscuros. "Es una personalidad acomodaticia, frágil y con poca tolerancia a la frustración. Tienen un punto narcisista, son gente que no tolera que no les adoren", apunta la psicóloga barcelonesa Francina Bou.

Sin posibilidad de evolución

Si la razón por la que estás con alguien es que le gustas, se puede crear un dinámica que no permita avanzar a ninguno de los dos. "En una pareja normal, hay aspectos que no gustan, que se tienen que consensuar y adaptar. Eso supone un trabajo, pero también fortalece la unión. En cambio, en la filiolatría, se parte de una zona de confort que no evoluciona", advierte Bou.

Puntos en común

En general, una relación se edifica sobre una visión similar del mundo, unos gustos parecidos o un proyecto en común. Todo esto carece de valor cuando aparece la filiolatría: lo único importante es que el otro esté loco/a por tus huesos. "En general, escoges una pareja porque te gusta o porque te hace crecer en algunos aspectos. Cuando lo haces simplemente por dejarte querer, no te preguntas los puntos que tenéis en común ni siquiera saber si tenéis los mismos planes de futuro", comenta Bou.

El futuro

Según esta psicóloga es un tanto difícil que este tipo de relaciones prosperen o lleguen a buen puerto, como ha pasado con la pareja mencionada (Mar y Javier). Esa admiración desmedida que siente la otra persona tendrá fecha de caducidad. Habrá algún momento en que descubra que la persona a la que idealiza es de carne y hueso y tiene, como cualquier hijo de vecino, sus defectillos. Cabe esperar que la persona a la que ama sienta una profunda decepción al bajar, aunque sea un escaloncito, de su altar y que todo ello acabe siendo fuente de desencuentros y frustraciones. "Mientras uno siente la admiración del otro, se genera un sentimiento positivo, porque reafirma el ego. Sin embargo, cuando no es del todo así, la decepción puede ser mucho más intensa que en otro tipo de relación", explica Bou.

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