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VIAJES

Seis hoteles en España en los que querrás recluirte este verano (uno es un convento)

Hay para elegir también dos palacios en Mallorca y Menorca, un edificio de 1917 junto al mar de Donosti, un refugio sostenible en el Pirineo y un hotel en la Cantabria interior. Tú decides

Foto: Finca Serena, un lujo (otro) mallorquín. (Cortesía)
Finca Serena, un lujo (otro) mallorquín. (Cortesía)

Este veranito (o preveranito) nos vamos a recluir cual monjes huyendo del mundanal ruido entre sábanas de Holanda, mucho lino y más material natural, pero también con piscina, inmejorables vistas y todo el lujo del mundo y más. Te contamos qué tienen estos hoteles que no tengan los demás. Y en efecto, uno es un convento. Esta ruta hotelera pasa por Badajoz, los Pirineos, Cantabria y San Sebastián, para navegar después hasta las Baleares. Mallorca y Menorca no podían esperar.

1. Convento de La Parra, en Badajoz

Si te gustan la sobriedad, las paredes desnudas, la calidez del barro y la frialdad de la piedra, la mediterraneidad de los tejidos naturales y la esencia de las antiguas celdas monacales, esta hospedería que fue convento de las clarisas, del siglo XVII, en la maravillosa Extremadura te va a encantar. Para más inri no hay televisión y apenas tiene cobertura wifi, por lo que te podrás zambullir en ti mismo, los tuyos y el paisaje. Del bullicio de la gran ciudad ni la sombra. Tan consagrado está a la paz y el descanso que es solo para adultos.

Así es la Hospedería Convento La Parra, en Badajoz. (Cortesía)
Así es la Hospedería Convento La Parra, en Badajoz. (Cortesía)

21 habitaciones entre sus blancos muros y bajo su bóvedas de crucería. Pero, ojo, porque tiene piscina en lo que era el antiguo huerto del convento con su solárium y todo, además de claustros en los que te envolverá el olor de azahar (y del tomillo o el orégano). Te tentarán con rutas en bicicleta, masajes, talleres de yoga, catas de vino o parapente. Déjate llevar. Lo tienes entre los llanos de Tierra de Barros y las sierras de la dehesa extremeña. Precio: desde 112 euros.

2. Can Faustino, en Menorca

Atención, porque este hotel con encanto forma parte de una de las Rutas de la Felicidad (Routes du Bonheur) que ha trazado la asociación hotelera de lujo Relais & Châteaux, concretamente la que pasa por las islas Baleares. Hablamos de Can Faustino, nada menos que un palacio del siglo XVI en la maravillosa y medieval Ciudadela, con 28 habitaciones, una piscina exterior de las que ya nos hacen soñar, un restaurante gastronómico con el nombre de Fuego, dos bares y un spa.

Can Faustino, un palacio y encima con piscina. (Cortesía)
Can Faustino, un palacio y encima con piscina. (Cortesía)

No dejes de apuntarte a un paseo en barco o a caballo, que es lo propio; a una cata de vino si se tercia o a una ruta por el Parque Natural de la Albufera de Es Grau, sobre todo si eres amante de las aves. Precio: desde 238 euros.

3. Finca Serena, en Mallorca

Y otra isla balear, en esta ocasión la bella Mallorca, en la que hemos encontrado esta finca con 40 hectáreas en pleno campo del Pla, a solo 20 minutos de Palma, que ya sabemos lo royal que se pone en verano y lo soberbias que son sus playas y calas. Hay habitaciones con terrazas privadas y porches, en total 25, y hasta una villa independiente para los que buscan privacidad máxima. Todo rodeado de olivos, cipreses y limoneros, y entre colinas onduladas.

Finca Serena es así por dentro. Imagínatela por fuera. (Cortesía)
Finca Serena es así por dentro. Imagínatela por fuera. (Cortesía)

No falta, claro, un restaurante donde se sirven los productos de la huerta propia. Tampoco una zona wellness y el yoga para saludar al sol por la mañana. Ni otras tentaciones: una excursión en barco, un viaje en globo aerostático o un paseo en bici eléctrica. Ah, es uno de los Small Luxury Hotel of The World, o sea, puro lujo. Precio: desde 368 euros.

4. Bonansa Country Hotel, en el Pirineo

No podía faltar un hotel rural y ya que nos ponemos, nos vamos al Pirineo oscense, a uno de los pueblecitos encantadores que tanto abundan por aquí, Bonansa, donde se alza el Bonansa Country Hotel. Se trata de un hotel boutique de solo ocho habitaciones rodeado de naturaleza a más no poder. No podrás parar de hacer senderismo y de calzarte las botas para llegar hasta sus lagos, sus ríos y montañas. Aquí también hay spa con piscina cromática y sauna, terraza para tomar una copa, zona de lectura y gastrobar.

El spa del Bonansa Country y fuera... las montañas. (Cortesía)
El spa del Bonansa Country y fuera... las montañas. (Cortesía)

Como curiosidad, es cosa de una pareja de periodistas, Mercè Gili y Javier Ricau, que soñaban con dar a la zona “un hotel sostenible y perfectamente integrado en el entorno”. Y cerca muy cerca, el Valle de Arán y el de Castanesa, el Parque Nacional de Aigüestortes y Baqueira-Beret. Precio: desde 160 euros.

5. Lasala Plaza, en San Sebastián

Si ya San Sebastián entera es un regalo, desde Ulía hasta Urgull y no digamos Igueldo, este hotel detrás del puerto y en todo lo Viejo es más que un alojamiento. Lo verás claro cuando estés en su terraza y te dé la impresión que estés sobrevolando la Bahía (con mayúsculas: es la Concha). Añade más glamour y elegancia a una ciudad sobrada de los dos, además de poner su toque arty y homenajear en su interior a todos sus museos. Ello desde dentro de un edificio de 1917, que ahora alberga 58 habitaciones nostálgicas de aquella Belle Époque.

El Lasala Plaza está en San Sebastián, sobre la bahía de la Concha. (Cortesía)
El Lasala Plaza está en San Sebastián, sobre la bahía de la Concha. (Cortesía)

Y como en Donosti todo pasa por las cosas del comer, no falta su espacio gastro: La Jarana Taberna, con el chef Ander González a los mandos. Precio: desde 229 euros.

6. El Montero, en Soto (Cantabria)

Esta vez no nos vamos a Laredo ni a Santillana del Mar ni a Comillas. Nuestro destino es Soto, en la Cantabria interior, casi ya Palencia, donde el románico se hace soberbio (San Salvador de Cantamuda, pongamos), al ladito de Fontibre, donde nace el Ebro, y junto a esa maravilla de la geología que es la cueva de El Soplao, única por formaciones poco comunes como las estalactitas excéntricas que desafían la gravedad, a lo largo de sus 20 kilómetros de longitud.

El Montero, en la Cantabria interior. (Cortesía)
El Montero, en la Cantabria interior. (Cortesía)

A 33 kilómetros de allí y a solo uno del pueblo, se encuentra este hotel de 18 habitaciones, con terraza solárium y piscina cubierta que además es un punto de partida perfecto para darle al piragüismo, el senderismo y la equitación. Este verano, o su preludio, promete. Precio: desde 64 euros.

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