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VIAJES

Miravet, presume de pueblo con río en Tarragona aunque ya sueñes con el mar

Miravet es muy pintoresco, enormemente evocador, está al ladito del agua y te va a resultar de película. Cuéntalo en tu Instagram. Por algo es de los pueblos más bonitos de España

Foto: Miravet te recordará a las Cinque Terre, pero está en Tarragona. (Cortesía Turismo Ribera del Ebro)
Miravet te recordará a las Cinque Terre, pero está en Tarragona. (Cortesía Turismo Ribera del Ebro)

No es Eslovenia ni tampoco las Cinque Terre, al sureste de Génova, en la costa ligur, pero tiene algo de ambos, salvando las distancias. Miravet es un pueblo pintoresco a más no poder. Profundamente histórico y a la orillita del río, salvando todos los abismos. Y ese río no es otro que el mismo que nace en Fontibre (Cantabria) y se hace delta antes de dar a la mar, porque este pueblo tan exótico está en la Ribera del Ebro, en la provincia de Tarragona, tierras adentro. No te lo pierdas por nada del mundo. Y encima está cerquita del mar.

El Cadaqués de Tarragona

Le sobra belleza, por algo es de los pueblos más bonitos de España, y no le falta misterio, sobre todo teniendo en cuenta que su castillo lo fue de los templarios, habiéndolo sido primero de los musulmanes y mucho antes de los íberos, y que el pueblo ha sido y es refugio de artistas, el Cadaqués de Tarragona, solo que no es ni blanco ni azul, sino en tonos tierra, con callejas empedradas, aljama morisca, iglesia Velha, renacentista construida sobre la mezquita y ya desacralizada (sede de exposiciones), y el Palau de Miravet, la antigua residencia del comendador de la Orden de los Caballeros Hospitalarios, todo muy Lope de Vega, hoy Centro de Arte Joaquín Mir (1873-1940), en homenaje al ¿Van Gogh español?, que residió un año aquí, y en el que te puedes alojar (te lo contamos más abajo). El Cap de la Vila, al que solo se puede acceder a pie, no tiene desperdicio: casas que cuelgan sobre el río y que escalan por la montaña.

Qué hacer: llegar a bordo de una barcaza

Si de por sí Miravet es un pueblo con encanto, no digamos ya si se llega a él en barcaza y se tiene la vista del soberbio conjunto desde el agua, como Lisboa cuando se cruza el Tajo hasta Almada, por ejemplo, con el pueblo abriéndose sitio en la roca vertical y roja, y el castillo dominándolo todo. No en vano es el último transbordador original de todo el Ebro que todavía funciona sin motor; esto es, que cruza de una orilla a otra gracias a la corriente y a la pericia del barquero (siempre que no llueve, haga viento, granice o aumente el caudal). Y aún hay más, porque guarda, atención, la última altarazana fluvial donde calafateaban los llaguts (siglo XI), que se suma a su molino de aceite y otras joyas.

Qué te gustará: su castillo y su mirador

Esto de conquistar castillos es como un juego (¿el viejo Exin?), suma y sigue. Desde aquí hasta el Ebro, que se pone a sus pies, parece pequeño. Cuando lo asaltes, pacíficamente, podrás viajar a tiempos de guerra (la de los Segadores, la de Sucesión, la de la Independencia, las carlistas y la Batalla del Ebro, que trajo la ruina y la desolación, aún patente) y visitar sus caballerizas, los almacenes, el refectorio, la cocina y hasta su iglesia románica. Sabe mucho. Es el mejor mirador, con permiso del de la Sanaqueta, antiguo patio de la mezquita, delante de la iglesia Vieja, desde donde se ve de maravilla el meandro de Tamarigar, zona protegida por su fauna y su flora (y con muchos tamarindos, claro). Elígelo como destino de vacaciones, acertarás.

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Foto de @etwodtwo

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Qué visitar: el barrio alfarero

Es la Raval dels Canterers, donde aún perviven siete talleres artesanos que siguen dando forma a cántaros, cadufos y lebrillos. La tradición de los canteras, como se llama a los alfareros, es ancha y larga, siglos ha. De hecho, se han encontrado restos de cerámica íbera y romana, aunque la que ha llegado hasta nosotros es árabe, y está documentado el oficio desde 1650. Casi nada. Tienen hasta su propia capilla, la de Santo Domingo, su patrón, y quedan antiguos hornos de leña y balsas para el barro, ya sin uso. Un dato: a finales del siglo, hubo hasta más de 20 familias dedicadas a la cerámica, que vendían su producción de pueblo en pueblo y a bordo de un carro.

Dónde dormir en Miravet

Ya decíamos que el Palau de Miravet es, además de centro artístico, hotel. En la primera planta dispone de un salón-galería (de arte), donde se muestran las reproducciones de los cuadros que Mir pintó de la villa. En el ala este, tiene un apartamento equipado para estancias de más de dos días, y en la oeste, dos habitaciones dobles con un balcón compartido “que vuela sobre el Ebro”, tal cual. El hotel rural que querías era este. Precio: desde 80 euros.

Dónde comer a orillas del Ebro

Puede ser en El Molí de Xim, situado en un antiguo molino de aceite, o en el Bar Amadeo, nada menos que en la mismita orilla del río... y con terraza. En Mora de Ebro, otro pueblo increíble en la Ribera y a solo seis kilómetros, te gustará La Creu, que en realidad es un hostal gastronómico. En este último se puede comer magret de pato del Delta del Ebro con salsa de frutos rojos, sepia de Cambrils a la plancha con verduritas salteadas o arroces varios, que son su especialidad.

La Ruta de las Tres Ces

A modo de postre, esta ruta compuesta por la C del Castillo de Miravet, que ya está visto; C de la Catedral del Vino del Pinell, que es una cooperativa de estilo modernista del arquitecto Cèsar Martinell, discípulo de Gaudí, que produce vinos y aceites dentro de la Denominación de Origen Terra Alta, y C de las Cuevas de las Maravillas de Benifallet, con maravillosas, efectivamente, formaciones en su interior, estalactitas, estalagmitas y demás.

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