Cruceros fluviales: la mejor opción para recorrer Camboya y Vietnam
Recorrer un lugar desconocido no tiene por qué significar renunciar a las dos palabras más unidas a las vacaciones: comodidad y tranquilidad. Viajemos a Vietnam sin renunciar a ninguna de las dos
En el sudeste asiático hay vida más allá de Tailandia. Después de un largo vuelo tocando los destinos más cool como pueden ser Dubái o Bangkok, y tras bajar de un gigante Airbus A380 con todas las comodidades, el viajero experimenta la sensación de humedad camboyana con casi tanta rigurosidad como los funcionarios se pasan de mano en mano su pasaporte.
Bienvenido a Siem Reap, región en cuya selva se ocultaron durante siglos los templos de Angkor, pero ¿cómo lograr verlo todo sin perecer entre sudor y mosquitos? La respuesta, después de un par de días en el lujoso hotel Victoria de Angkor, pasa por tomar un crucero para surcar el río Tonle Sap que, a su llegada a la capital del país, Phnom Penh, se divide en cuatro brazos llegando así al majestuoso Mekong, el tercero más largo del mundo.
Por supuesto, para disfrutar como es debido del entorno, contemplar las vistas a uno y otro lado del río es vital. En esta ocasión nos montamos a bordo del Indochine II de Croisi Europe. Nota importante, dependiendo del caudal del río, el crucero empezará en un punto u otro. Viajando en septiembre, el río ha perdido parte de su caudal, por lo que subimos a bordo cerca de Kampong Chhnang para surcar el río Tonle y visitar Kampong Tralach, Koh Chen, Phnom Penh (capital de Camboya) y de ahí llegar hasta Vietnam, donde echaremos el ancla en Chau Doc, Sa Dec, la isla Unicornio y desembarcaremos en Ho Chi Min.
La compañía de origen francés fue la primera en cubrir esta ruta, ofreciendo cruceros adaptables a todas las necesidades: duración de 7, 10 o 15 días, posibilidad de comenzar en Ho Chi Minh o Siem Reap y con guías en varios idiomas, facilitando además los traslados. Vivir una experiencia enriquecedora sin renunciar a la comodidad.
Pero comencemos por Angkor, cuyos templos vienen a nuestra mente a modo de escenarios de 'Tomb Raider'. El conjunto de 80 templos de Angkor es quizás la parte más conocida del país, siendo Angkor Wat el mejor conservado y por ello convertido en emblema e incluso en protagonista de su bandera.
Ver el amanecer en el templo es el mayor reclamo de aquellos que buscan la fotografía perfecta... Nota a tener en cuenta: si hay nubes, el amanecer no quedará tan bonito a través de la cámara, aunque el recuerdo de la silueta de Angkor Wat recortando el horizonte corre el riesgo de grabarse en el subconsciente para toda la vida. Tras recibir una bendición budista y con la reglamentaria pulserita roja en la muñeca, podemos marcar un tick en la lista de quehaceres camboyanos.
Sin embargo, la amplia oferta de templos hace necesaria la selección previa de cuáles visitar y aquí los viajes organizados son la clave del éxito. Nada como madrugar y aprovechar las primeras horas del día para visitar el templo de las 172 caras, situado en la montaña de Bayon, o el de Ta Prohm, engullido por la selva durante siglos y en el que la fuerza de la naturaleza derrumbó muros y se apoderó a través de gigantescos árboles cuchara -huecos por dentro- del templo, haciendo que fuera abandonado. En este mismo templo se rodaron varias escenas de 'Tomb Raider' y cuenta con más de un enclave para estratégicas fotografías. También aprovechamos la estancia en Angkor para ver el templo de Banteay Srei, perteneciente al arte clásico jemer.
Con la mente cargada de dioses y arquitectura, toca subir a bordo del crucero para surcar el río Tonle Sap y desembocar en el famoso río Mekong, una travesía que nos llevará cerca de una semana. Cada vez son más los españoles que eligen este tipo de turismo, sin embargo las rutas más populares suelen ser las que surcan el Mediterráneo Occidental (50,12%), Mediterráneo Oriental (17,65%), Norte de Europa (10,64%), Caribe (7,94%), mientras que Asia apenas representa un 0,5% según un estudio elaborado por Cruise Lines International Association (CLIN), lo que lo convierte en un destino mucho más apetecible, aún intacto y por descubrir.
Desde hace algunos años, parte del éxito y de la proliferación de destinos a los que viajar en crucero se debe en gran medida a la Industria Española de Cruceros, encargada de ampliar el mercado, acercando destinos a la demanda actual y adapatándolos a cada tipo de viajero (destino, duración, comodidades, oferta cultural, excursiones). El sector de los cruceros ha experimentado un crecimiento continuo durante los últimos años y se ha posicionado como una de las elecciones preferidas por los turistas españoles. Así que, puestos a viajar en crucero, hagámoslo bien.
Precisamente uno de los puntos fuertes de los cruceros de Croisi Europe está en su toma de contacto con los comerciantes locales, visitando a familias que trabajan el barro o el azúcar de palma en Kampong Chhnang (Camboya) o las pequeñas piscifactorías, granjas de miel y fábricas artesanales de dulces. Descubrir el sudeste asiático más allá de Tailandia, de la mano de los locales, comprendiendo su forma de vivir es toda una aventura.
Para una experiencia immersiva completa, nada como un guía autóctono. Así conocemos Mao Tho, un camboyano que habla perfectamente español más que nada porque vivió 10 años en Cuba y, además de llamar ‘guagua’ al autobús, del país ha adquirido toda la guasa necesaria para explicar de una forma sencilla la historia del país, desde las guerras y las monarquías hasta el genocidio de los jemeres rojos.
Y llegamos a Kampong Tralach, donde podremos atravesar el pueblo montados en un carro de bueyes, transporte habitual de la zona, para descubrir la pagoda de Wat Kompong. Sí, nada como volver al medio rural, escuchar el extraño idioma en el que jinetes y bueyes conversan y dejarse envolver por la forma de vida del pueblo, analizando desde la comodidad (sin amortiguación) del carro de bueyes cada detalle de las casas de los camboyanos, que se desgañitan por saludar sin perder la sonrisa.
Después de jornadas al sol -amanece a las 5:30- en las que la sensación térmica de calor aumenta por la humedad del ambiente, el viajero necesita llevar a cabo una de las tradiciones camboyanas: ducharse dos veces al día. De ahí la obligada necesidad de una buena ducha en la que recargar pilas y prepararse para la siguiente aventura. Y aquí sí, la ducha del barco, con mampara, temperatura regulable y espaciosa, es el oasis que completa la experiencia.
Después de conocer el ámbito rural, cambiamos radicalmente de escenario para conocer el Palacio Real en Phnom Penh, residencia real de Norodom Sihamoní, actual monarca, educado entre Camboya, República Checa y Francia y que subió al trono en 2004. En el palacio, un complejo de varios edificios construidos en el siglo XVII, destaca la Pagoda de Plata -nombrada así por su suelo repleto de láminas de plata-, la sala del trono o su exquisito jardín repleto de los árboles autóctonos del país como el Ayahuma Shivalinga.
Tras recorrer todo Camboya, el octavo día llegamos a Vietnam, concretamente a Chau Doc, pueblo dedicado en cuerpo y alma a las piscifactorías. ¿Ya no se pesca en el río?, le preguntamos al guía Yuan (prefiere que le llamemos Juanito), en este caso un militar que ayudó a liberar Camboya de los jemeres rojos y también educado en Cuba; su respuesta es rotunda, como el carácter vietnamita, más serio que el camboyano: “Cada vez es más complicado pescar, hay pocos peces”. Sin embargo, eso no significa que en Vietnam no se coma pescado y prueba de ello son sus mercados.
Nos damos un paseo por el de Sa Dec para descubrir la variedad de mariscos y pescados, directos desde las piscifactorías o pescados cada mañana, pero siempre frescos, tan frescos que aún chapotean, a no ser que se trate del pescado secado al sol… A ellos les encanta, pero su fuerte aroma, tan característico como poco apetecible, puede obnubilarnos en algunos tramos del mercado.
El color de las verduras, sobre todo las de hoja verde, las frutas más exótica y la amplia variedad de tipos de arroz hacen que todos los sentidos -sobre todo vista y olfato- se agudicen. Aprovechando que estamos en la ciudad, también visitamos la casa de 'El amante' de Marguerite Duras, novelista ya icónica del país y uno de los lugares más románticos del viaje.
Ahora toca poner rumbo a la capital de Vietnam, Ho Chi Min, llamada así en honor al hombre que logró la independencia del país. Pero antes nos detenemos en My Tho, cuyo archipiélago de los cuatro animales fantásticos, tortuga, fénix, dragón y unicornio, es una parada perfecta para visitar jardines cargados de colores y montar en los sampanes, embarcaciones similares a las piraguas y en las que el único movimiento permitido es el de mirar a los lados y contemplar la vegetación.
Después de surcar el canal de Chao Gao, que comunica con el Mekong, llegamos a la capital, donde las visitas obligatorias son la pequeña catedral de Notre Dame, herencia del dominio francés; la Oficina Central de Correos, construida por el ingeniero francés Alexandre Gustave Eiffel, o por supuesto, el Museo de Historia Nacional.
Hechos los deberes, hay que dedicar el último día a descubrir lo más conocido de Vietnam, el terreno de su guerra contra Estados Unidos. Se trata de una visita obligada para poder valorar el ingenio y perseverancia del pueblo vietnamita.
Inmensas galerías de túneles, estrechos escondites perfectamente medidos, trampas únicamente elaboradas con bambú y cráteres de bombas. Después de haber visto la famosa guerra en cientos de películas, estar en el lugar en el que todo ocurrió facilita la labor de inmersión.
Turismo que se come
Por supuesto, como todo buen viaje, las experiencias gastronómicas son clave a la hora de puntuar. Mientras en las visitas podemos probar el delicioso azúcar de palma (base de todos los dulces de la zona), arroz inflado 100% ‘hand made’, té con miel, própolis y jalea real, licor de arroz y otros como el de serpiente o cacahuetes, no nos olvidamos de la comida a bordo.
Porque tras varias horas de travesía y experiencias a bordo de un carro de bueyes, un tuc tuc o una lancha, el apetito se despierta. Piensa por un segundo en las frutas más exóticas. ¿Las tienes? Pues imagina que estén a tu disposición en desayuno, comida y cena. Por no hablar de la amplia variedad de verduras y, por supuesto, de langostinos, panga, pescado oreja de elefante o el cerdo, también muy común en la zona, según las recetas populares, pero siempre con una ligera inspiración occidental.
En el sudeste asiático hay vida más allá de Tailandia. Después de un largo vuelo tocando los destinos más cool como pueden ser Dubái o Bangkok, y tras bajar de un gigante Airbus A380 con todas las comodidades, el viajero experimenta la sensación de humedad camboyana con casi tanta rigurosidad como los funcionarios se pasan de mano en mano su pasaporte.