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VIAJES

Un puente royal: por qué tú también tienes que ir a Sanxenxo (como don Juan Carlos)

Da igual que no sea verano y no te puedas bañar ni ir de islas. Este rincón de la Galicia de las Rías Baixas es mágico (y mucho) incluso en otoño. Aprovecha el puente de diciembre para comprobarlo

Foto: Nada como ver el mar en otoño-invierno, este es el de Sanxenxo. (Cortesía Turismo Rías Baixas)
Nada como ver el mar en otoño-invierno, este es el de Sanxenxo. (Cortesía Turismo Rías Baixas)

Sanxenxo suena a percebes y a regatas, a Club Náutico, puerto deportivo y a Rey emérito. A Rías Baixas, Pontevedra, Portonovo y viajecito sin igual a la isla de Ons. A playas y a verano, aunque a nosotros nos gusta mucho más en otoño (o invierno). Es ahora cuando el mar se pone más evocador y literario. Te contamos por qué tú también, como ese bon vivant que es el rey don Juan Carlos, tienes que ir a este rincón bañado por el siempre impresionante Atlántico.

Galicia, cualquier excusa es buena para ir (o volver). Con sus rías abriéndose a todo lo marítimo, esta vez la de Pontevedra y la de Arosa, lindando con O Grove, con Meaño y Poyo, pura galleguidad, y su temperatura media de 15ºC, nunca demasiado baja, acaso perfecta para perderse por sus 36 km de litoral, plagado de pequeñas calas y hasta 24 playas que, más allá de la ilustre gastronomía, jaleada por las continuas visitas de Su Majestad, luce con orgullo.

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De Silgar a A Lanzada: ruta otoñal playera

Se ha llegado a decir que Sanxenxo es la Marbella gallega por turístico pero a la manera que son turísticos los sitios en esta comunidad bendecida por la saudade; en realidad, nada que ver. Pero es que a playas (y muchas con bandera azul) no le gana nadie. Las hay para todos los gustos y colores. Desde urbanas, como la famosa Silgar, que es la del paseo marítimo y la Madama, la escultura que es santo y seña de Sanxenxo, o la pequeña Caneliñas a tranquilas como la bella de Areas, Canelas con sus dunas, Montalvo frente a Ons y con pinar, o A Lanzada, a mar abierto, compartida con O Grove y muy surfera.

Comer a la gallega, como un rey (emérito)

No es casualidad que el rey Juan Carlos repita tanto, más allá de los amigos y los barcos. Aquí se come a la gallega, es decir, de lujo. Solo hay que ir a La Taberna del Náutico y catar esos percebes de colección y sus renombrados chipirones encebollados, o a la marisquería Marlima I y II, con viveros propios, para darse cuenta de lo generoso que es el mar (o la ría) y rendir de paso un tributo a mariscadores y marineros. O a la Terraza del Mar, en el Hotel del Mar, para probar los pescados de la plaza de Portonovo pero también propuestas locas como la pizza de pulpo. O a El Carmen, para darse un homenaje con el arroz con bogavante o el de vieiras con pulpo. O a la Arrocería A Lanzada & Sunset, para la que no hay palabras; hay que ir.

Esto es un no parar. Sí, a Sanxenxo se viene a disfrutar de la maravillosa naturaleza marítima, pero sobre todo a echar el ancla en alguno de sus muchísimos restaurantes. Como Dorsia, que ya es otra cosa, la vanguardia con sello gallego (NAN Arquitectos), un espacio polivalente con vistas al mar donde se puede desayunar, brunchear, comer, cenar y hasta tomar copas.

Las Ons, las Cíes y el ritual de las 9 olas

Pero más allá de náutica y gastronomía, Sanxenxo es un pueblo de pescadores, muy crecido con el boom del turismo pero con unos paisajes que son estremecedores, la verdad. Es imposible llegar a este punto y no hablar de las maravillosas islas Cíes, que junto con la ya mencionada Ons forman el Parque Nacional de las Islas Atlánticas. Es un paraíso (para visitar en verano).

Y puestos a hablar de sitios clave, no hay que perderse la ermita de Nuestra Señora de A Lanzada, una pequeña capilla que data del siglo XII (románico tardío) con mucho que contar (fue parte de la fortaleza de defensa contra sarracenos y normandos) y muy relacionada, como recuerdan desde Turismo de las Rías Baixas, con el rito del baño de las nueve olas, que en el ocaso de agosto cumplen las mujeres que buscan descendencia (‘O mar tamén ten amores, o mar tamén ten muller’, es la cantiga), al fin y al cabo en honor a Afrodita, que los romanos llamaron Venus. Y hay mucho más: es la Galicia de ese escritor de fábula(s) que fue Álvaro Cunqueiro.

Los mejores hoteles para dormir en Sanxenxo

Para alojarte y dormir a cuerpo de rey, que es lo que toca, puedes reservar en la Pousada de A Lanzada, en pleno istmo de la península de O Grove, un lugar de ensueño; en el Gran Talaso Hotel, en la playa urbana de Silgar, para entregarte a las bondades de la talasoterapia (no olvidemos que los griegos llamaban y llaman al mar así, Thálassa, en femenino); en el Augusta Spa Resort, que sigue la misma línea que el anterior, predicando la cultura del agua, y en el mismo entorno (te tienta ahora con su propuesta de Navidad mágica); en el O Son do Mar, por su nombre, en la playa Panadeira, mucho más modesto pero muy marinero; o en el Hotel Spa Nanín, junto a la playa del mismo nombre. Aquí todo, como se ve, es playero.

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