Fitur en clave celeb: los viajes de nuestros famosos favoritos (de Amaia Salamanca a Vanesa Lorenzo)
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LA FERIA DEL TURISMO

Fitur en clave celeb: los viajes de nuestros famosos favoritos (de Amaia Salamanca a Vanesa Lorenzo)

Aprovechando la fiesta del turismo internacional que tiene lugar estos días en Madrid, nos vamos al Pirineo leridano, a Marrakech, a Gran Canaria, a Islandia y a Punta Cana. Ni el Corto Maltés

Foto: Amaia Salamanca, en plan viajero en Marrakech. (Instagram @marrakech)
Amaia Salamanca, en plan viajero en Marrakech. (Instagram @marrakech)

Ya estamos en pleno Fitur, nuestra feria de turismo, que es un concierto global de cantos de sirena queriéndonos hacer aún más viajeros de lo que somos. Pero esta vez no vamos a ir por la vía oficial a las presentaciones de todo lo que se nos viene encima en cuestión de tendencias trotamundanas -digámoslo así-, sino que hemos puesto el ojo y las ganas en los que han sido los últimos (o casi) destinos de nuestros famosos favoritos y que ellos han proclamado a los cuatro vientos en Instagram. Tomamos nota, hacemos las maletas y nos vamos. Este periplo va de la Lleida querida de nuestra celeb más ecológica, Vanesa Lorenzo, al norte de los géiseres y volcanes, Islandia, a donde fue a parar el Profesor, o sea, Álvaro Morte.

Vanesa Lorenzo, al Pirineo

A la modelo, no ya de la pasarela y la publicidad, sino de la vida sana, la hemos encontrado en Pallars Jussà, o sea, en las estribaciones del Pirineo leridano, en esta tierra regada por ríos cuya fuerza fue aprovechada en tiempos para mover fraguas y molinos y transportar la madera hacia las tierras llanas con las almadías. Esas balsas hechas de madera que hizo famosas José Luis Sampedro gracias a su libro 'El río que nos lleva' (y luego película, de Antonio del Real, con Alfredo Landa), en su caso, los gancheros del Tajo. Y encima con iglesias románicas (ahí está el retablo barroco de Guàrdia o la portalada esculpida en Covet), casas señoriales y la montaña llamándote a gritos. Te vas a poner las botas, lo mires como lo mires.

Pallars Jussà está dentro del Parc Nacional d'Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, a cuyo corazón se entra, románticamente sí, desde Espot (en la comarca de Pallars Sobirà) y Boí (Alta Ribargorça). También pertenece al parque el Valle de Arán. Una maravilla de 200 lagos (estanys), riscos de impresión (Els Encantats) y meandros de alta montaña (aigüestortes). Todo un edén: cascadas, canchales, torrentes, bosques de pino negro, abedules o hayas. Con cumbres que superan los 3.000 metros. Para poner los dientes largos a los amantes de la naturaleza.

Amaia Salamanca, a Marrakech

Esta vez cruzamos el Estrecho para ir a parar a la Ciudad Roja, a la divina Marrakech, y perdernos por sus laberínticas calles, entre mercados, mezquitas y palacios, para desembocar más tarde o más temprano en la gran plaza, Jemma el Fna, y esperar sin prisas (prisa mata, te repetirán) a que el sol se ponga tras la Kutubía, con un alminar de 66 metros de altura (sí, es la hermana gemela de nuestra Giralda).

Y hacerlo como corresponde, desde uno de los cafés dignos del mejor Bowles (Paul, que tanto amó el vecino Tánger), mientras asistimos al espectáculo de su sorprendente vivacidad, planeamos ir a visitar la madrasa de Ben Youssef, sin perdernos el zoco de las babuchas (ni el de las pieles, las alfombras, las especias...) ni el Jardín Majorelle, un vergel en azul que creó el pintor francés del mismo nombre y rescató de olvido, para nuestra fortuna, el gran Yves Saint Laurent. ¿Un riad? El Dar Kawa.

Álvaro Morte, a Islandia

Pues este destino, Islandia, es para que tú te metas en el papel de un protagonista de... ¡Julio Verne! y vivas tu propio viaje al centro de la tierra, que según el escritor francés estaba en el glaciar de Snaefell, en la península del mismo nombre, dentro de un parque nacional y en un municipio consagrado al turismo sostenible. Como cabía esperar en un país donde todo es (o lo parece) remoto y virginal. Para alcanzar esta cima tan literaria, tendrás que dirigirte hacia el oeste, allí donde se palpa, tal y como nos recuerdan desde Turismo de Islandia, su historia geológica. Las rocas más antiguas son las de Kögur y las más jóvenes, las de Borgarfjörour. Te enamorarás de semejante diversidad paisajística, de sus volcanes, sus fuentes de agua mineral o el géiser más caudaloso de Europa, el Deildartunguhver (aprenderse los nombres es de premio).

Y más al norte, los Fiordos del Oeste, la que es la región más salvaje, con acantilados verticales que llegan a medir 534 metros, como el Hornbjarg, o 444, caso del Látrabjarg, considerado el Finisterre de Europa. No hay palabras para describir semejante belleza. Desde el encantador pueblo de Ísafjörour, recogido en su fiordo, podrás ir de excursión en kayak o barco a motor por los increíbles alrededores. No es de postal, ¡es de cuento! Y es solo el oeste, porque luego está el norte, con sus montañas y sus islas; el este, con sus pueblos pesqueros y sus valles boscosos; el legendario e historico sur, donde se puede ver cómo las placas continentales de Eurasia y América se alejan unos dos centímetros al año, entre Reykjanes y Thingvellir, y la cosmopolita capital, Reikiavik. Como reza su eslogan turístico, Islandia no es un destino, es una aventura. Pues eso, hay que aventurarse.

Ariadne Artiles, a Canarias

Detrás de Ariadne Artiles hemos llegado hasta Gran Canaria, no podía ser de otra manera. Qué maravilla ser la protagonista de la clásica vuelta al hogar cuando tu hogar es este paraíso donde la temperatura media anual se queda en los 24 grados. En sus aguas descaradamente atlánticas te podrás bañar todo el año, antes o después de recorrer, como llevado por el sueño, sus infinitas playas de arena (casi harina) blanca. No tienes por qué ir a los epicentros del turismo si no quieres, tal vez estés deseando perderte por uno de los senderos que recorren esta isla que son Reserva Mundial de la Biosfera según la Unesco, palabras mayores en cuestión de naturaleza.

Prepárate para el paisaje lunar, las persistentes plataneras… y allá vigilándolo todo el Roque Nublo, en el centro de GC, sobre tierras de Tejera. Una roca que es casi mitológica (fue lugar de culto aborigen), alzándose 80 metros desde los 1.813 metros sobre el nivel del cercano mar. No te pierdas Puerto de Mogán, al sur, que tiene todo el encanto que buscas: paredes blancas, puertas y ventanas de colores y buganvillas. Dejamos para el final las dunas de Maspalomas, también al sur, ese mar de arena maravilloso que ha sobrevivido al boom del turismo masivo casi por arte de magia, coronado por su emblemático faro, donde podrás dejar tu huella.

Paz Vega, a Punta Cana

El festival de cine Cana Dorada ha sido lo que ha llevado a Paz Vega hasta el lugar más idolatrado de la República Dominicana, el Caribe por excelencia, la tierra (y el mar) de los resorts, tal vez el paraíso prometido, el sueño de playa y palmeras, la postal idílica de las vacaciones en el mar. No hay que olvidar, con tanto boato hotelero y tanta reclamo turístico -Punta Cana tiene, y cómo no, hasta su propio aeropuerto internacional- que esto es un lugar excepcionalmente bello.

Aquí es donde el Atlántico se encuentra con el Caribe para siluetear una costa que a lo largo de kilómetros y más kilómetros dibuja imponentes playas: desde la de Arena Gorda, al norte y el inicio de todo esto, hasta Juanillo, pasando por la famosísima Playa Bávaro. Hay para elegir. Sin olvidar jamás que hay una República Dominicana que no es Punta Cana. Por ejemplo, la de Las Galeras, en la península de Samaná, en el extremo oriental de la isla. Aquí no hay resorts que valgan, pero sí esos hotelitos con jardín y vistas al mar tan idílicos y que tanto nos gustan. La experiencia, sin duda, será 100% local.

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