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buscando a las musas

ARCO 2020: cuatro hoteles en la onda (arty) de Brianda Fitz-James o Blanca Miró

Nos hemos ido a Menorca, Mallorca, el Ampurdán y Madrid y nos hemos acordado también de Miró (ahora Joan), de Gala y Dalí, de Barceló y hasta de Marcel Duchamp. Querrás dormir... y pintar

Foto: Así es el hotel Menorca Experimental, para locos del arte. (Cortesía)
Así es el hotel Menorca Experimental, para locos del arte. (Cortesía)

Como ARCO está que arde y el arte contemporáneo siempre funciona de inspiración, nos hemos dado un paseo por cuatro hotelitos que pensamos que le habrían gustado a Marcel Duchamp, por ejemplo, y en los que creemos que podríamos encontrarnos con Brianda Fitz-James Stuart, la nieta artista de la duquesa de Alba, hija de María Eugenia Fernández de Castro y Jacobo Siruela, o Blanca Miró, y que conste que vale tanto para esa influencer diseñadora que siempre juega al parchís más folk con sus looks, de segundo apellido Scrimieri, como para la artista visual multidisciplinar (digámoslo así) que dejó de ser it girl para solo dibujar, de segundo apellido Skoudy, y que acaba de inaugurar exposición de dibujos en Ivorypress (Aviador Zorita, 46-48), la maravillosa galería de la doctora Elena Ochoa, esposa del arquitecto Norman Foster, en nuestra capital. En fin, todo es tan cool. Nos vamos a buscar a las musas a Menorca, Mallorca, el Ampurdán y Madrid.

Menorca Experimental, agroturismo arty

Ya Menorca en sí es pura inspiración, que se lo digan a Blanca Miró Scrimieri, pero es que este hotel además es artístico por demás, muy Miró (ahora Joan). Una antigua propiedad construida en el siglo XIX que ya fue diseñada, según nos dicen, como casa de artista, y se nota. Dicen también que “incita tanto al espíritu festivo como a la reflexión y la serenidad”. Con color, brisa de mar, elegancia y sencillez.

Tal vez haya que decir menorquino al cien por cien. Este aire está en las 43 habitaciones de la finca, nueve de ellas independientes, en villas privadas, cada una con piscina, y otras con terraza y vistas al Mediterráneo, jardín privado o con hechuras de suite. Te rodearán pinares, enebros y todas las flores silvestres que imaginarte puedas, pisarás suelos de piedra seca, hormigón encerado y terracota esmaltada a mano, y te acogerán la madera de olivo y el cuero natural en los colores del cielo de la isla. Hay restaurante, a cargo del chef Sylvain Roucayrol, y el imprescindible bar. Lo decíamos: un lujo.

Dónde: Camí de Llucalari. Alaior (Menorca). Precio: desde 160 euros.

Finca Serena, mediterraneando en Mallorca

Atención, porque viene la primavera y esta finca de más de 40 hectáreas está llena de olivos, cipreses, limoneros, pinos, lavandas y vides. Un locus amoenus, que diria Virgilio, lugar bucólico, ameno pero en el sentido de idílico, así que dichoso aquel que tenga la fortuna de caer aquí y probar su cocina de origen, que “nace de la tierra y viaja a través de sus sabores locales a la mesa”, con vistas al Pla de Mallorca, hacer yoga, apuntarse a fitness, nadar en su piscina interior, probar su hammam y retirarse a una de sus maravillosas habitaciones, donde todo es lino, algodón natural, luz y sabor a campo.

Las hay con techos abuhardillados y vistas a los campos de olivos, con terraza y porche privado, también villas independientes que dan a Montuïri, pueblo con encanto, dicho sea de paso. Mallorca, esa isla, donde Miró, donde Miquel Barceló.

Dónde: Ma-3200 km. Montuïri (Mallorca). Precio: desde 267 euros.

Can Casi, un refugio en el Ampurdán

Cerquita de Pals y Begur, casi rozando el mar, y no lejos del Púbol de Gala y Dalí, se encuentra esta masía que data de 1704 y que nos recuerda que otra vida más lenta, natural y en silencio es posible. Tiene solo ocho habitaciones, dos de ellas familiares y una para mascotas, que de lo que se trata es de sentirse como en casa, y no es un farol. Es un B&B, así que prepárate para desayunar por todo lo alto en medio del jardín o junto a la chimenea (también la hay en algunos dormitorios), según, con productos locales, frescos y en su mayor parte ecológicos: panes artesanos, embutidos y quesos del lugar, huevos de gallinero propio, tartas caseras, café eco...

Hasta los colchones son ecológicos, hechos con biocel vegetal con fibra de coco, a lo que se suman las sábanas de algodón egipcio, los cubrecamas de hilo natural, el spa nórdico con jacuzzi calentado a la leña y los productos del baño orgánicos, sin parabenos. Por supuesto, alquilan bicis (gratis) y tienen piscina de agua salada. Por cierto, lo de Casi es por Casimiro Serra, que fue su dueño desde 1900 hasta que se la compró su actual dueña.

Dónde: Veinat Puigcalent, 7. Regencós (Girona). Precio: desde 127 euros.

Una habitación de Can Casi. (Cortesía)
Una habitación de Can Casi. (Cortesía)

One Shot Fortuny, vocación artística en Madrid

No solo por su nombre y el de la calle que lo acoge en el barrio más diplomático (y muy artístico) de Madrid, Almagro, distrito Chamberí, sino porque sus habitaciones son de diseño y organiza exposiciones temporales de fotografía, además de contar con una fachada de principios del siglo XX, que fue y ya no es el nuestro, un señorial zaguán de entrada y los espacios que ha ideado el estudio Alfar-Manrique para darle aún más brío a su porte de edificio palaciego.

Este hotel boutique de cuatro estrellas cuenta con 74 habitaciones de cinco tipos, desde la estándar de 20 metros cuadrados hasta la deluxe con terraza (34 metros cuadrados), y un restaurante con productos ecológicos y de proximidad, algunos de huerto propio. Y de aquí a ARCO, en Ifema, abierto hasta este domingo 1 de marzo, un paso. Para dejar huella.

Dónde: C/ Fortuny, 7. Madrid. Precio: desde 65 euros.

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