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Ni St. Moritz, ni Courchevel, ni Baqueira: la estación a descubrir está en Eslovenia
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DÍAS DE NIEVE

Ni St. Moritz, ni Courchevel, ni Baqueira: la estación a descubrir está en Eslovenia

A pesar de que no es comparable en cuanto a kilómetros de pistas, las cumbres de Vogel, en los Alpes Julianos de Eslovenia, concentran todos los encantos que podamos soñar para una escapada de invierno perfecta

Foto: Una isla en el centro del lago, un castillo medieval y los Alpes Julianos nevados enmarcan una postal de ensueño. (Cortesía)
Una isla en el centro del lago, un castillo medieval y los Alpes Julianos nevados enmarcan una postal de ensueño. (Cortesía)

Desde que sobrevolamos los Alpes Julianos —cadena montañosa que se extiende desde Italia a Eslovenia, bautizada así por el emperador romano Julio César— en dirección al aeropuerto de la capital de Eslovenia, Liubliana —¡gracias infinitas al azar por el asiento en ventanilla!— ya sentimos que este va a ser 'el viaje'. Vamos en busca de la nieve, con indumentaria 'cebollil', capa sobre capa, para no solo soportar, sino también disfrutar las temperaturas bajo cero que nos acompañarán las veinticuatro horas del día.

El campamento base de nuestra aventura blanca está en la ciudad de Bled, a cuarenta kilómetros del aeropuerto y equidistante de un buen número de coquetas estaciones de esquí eslovenas. Una postal permanente, una especie de decorado perfecto, un paisaje de leyenda centroeuropea con su niebla, su nieve, su castillo milenario, sus barquitos artesanales, su lago… no le falta detalle.

placeholder La preciosísima Bled. (Ales Krivec)
La preciosísima Bled. (Ales Krivec)

En este paisaje encantador, de repente, nos retrotraemos a la exitosa serie de los años 70 'Arriba y abajo', donde convivían dos mundos antagónicos: arriba, la potentada familia Bellamy; abajo, la servidumbre. Aunque no es el caso, porque no hablamos de clases sociales, sí hay una clara diferencia entre el 'arriba y abajo' de Bled. En la ciudad, calma termal con piscinas acristaladas en (casi) cada edificio; bucólicos paseos en pletna (barcas artesanales); confort absoluto y chimenea en el Rikli Balance Hotel —sí, tiene nombre de mafioso hollywoodiense, pero luego contaremos quién fue este señor, nada que ver—; paseos en paz alrededor del lago…

placeholder (Miro Zalokar)
(Miro Zalokar)

Arriba, en las montañas que se acercan a los 3.000 metros de altitud, es donde vive la adrenalina, en las pistas nevadas de la estación de Vogel, en la belleza inconmensurable del vacío a bordo de un parapente, a los mandos de un 4 x 4 en rutas de alta montaña, por senderos al borde de impresionantes acantilados… Arriba y abajo, el equilibrio perfecto para una experiencia inolvidable.

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placeholder (Víctor Endrino y Ales Krivec)
(Víctor Endrino y Ales Krivec)

Vogel, pistas 'boutique' para disfrutar de la nieve

En Eslovenia el esquí es uno de los deportes más populares, y la estación de Vogel su niña mimada. Situada en el Parque Nacional de Triglav —que alberga la montaña más alta del mismo nombre, con 2.864 metros—, esta estación de esquí no es comparable en cuanto a los kilómetros que ofrece a los amantes del esquí —30, frente a los más de 300 de pistas míticas de Europa como St. Moritz o Zermatt (Suiza), y Courchevel (Francia)—. Sin embargo, en sus recoletas dimensiones se condensan las necesidades imaginables de los amantes del esquí: snowboard, esquí de fondo, de montaña, trineos, snowpark freestyle, catorce rutas de senderismo sobre nieve natural y más.

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placeholder Vogel, una gran estación a descubrir. (Cortesía)
Vogel, una gran estación a descubrir. (Cortesía)

En un día soleado, las vistas sobre el lago de Bohinj son espectaculares. Efectivamente, las áreas de esquí eslovenas no son muy extensas, pero cuentan con las instalaciones más modernas de los cánones europeos más top. Apenas cinco minutos en teleférico nos sitúan a 1.535 metros sobre el nivel del mar, con una panorámica alucinante desde la cordillera de Triglav hasta los Alpes de Kamnik y una gran variedad de terrenos para todos los gustos y niveles. Bled y los Alpes Julianos ofrecen una amplia gama de actividades invernales, como trineos, patinaje sobre hielo, senderismo invernal y esquí de fondo, así como escalada en hielo en impresionantes cascadas heladas.

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Para mantener el nivel de adrenalina en lo más alto, aunque fuera de la estación de esquí de Vogel, nos tiramos a la piscina desde el mirador de Gace. Ah no, ¡que era el vacío más absoluto! Parapente biplaza y gritos de emoción mediante, sobrevolando un paisaje espectacular que pudimos empezar a ver cuando el nudo del estómago comenzó a deshacerse y el corazón dejó de salirse del cuerpo. En el documento que tuvimos que firmar para llevar a cabo la actividad, se especificaba: nivel de adrenalina: 5 de 5. Confirmamos, aunque la sensación allí arriba, tras el shock inicial, es de absoluta calma. Paradójico.

placeholder Vogel, una gran estación a descubrir. (Cortesía)
Vogel, una gran estación a descubrir. (Cortesía)

Bled, cuando la naturaleza 'se pone guapa'

La ciudad de Bled dibuja la postal perfecta, un milagro de la naturaleza con el único lago natural de Eslovenia que acapara todas las miradas. Una isla en el centro del lago, un castillo medieval (el más antiguo del país) que se asoma a un escarpado acantilado de roca blanca, y los Alpes Julianos nevados enmarcando una foto que parece un sueño. Bled es un espectáculo en sí mismo, un escenario natural inigualable que sitúa a Eslovenia en el mapa de los lugares imprescindibles para visitar una vez en la vida. Antes no lo sabíamos, ahora lo recomendamos.

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placeholder Rikli Balance Hotel. (Cortesía)
Rikli Balance Hotel. (Cortesía)

A su belleza natural, el entorno suma (o multiplica) un plan urbanístico respetuoso y sostenible, con construcciones de madera al noventa y nueve por ciento y una limpieza que llama la atención, igual que lo hace la extremada hospitalidad de sus gentes. Sin ir más lejos, los pletna, esos barquitos hechos en madera y a mano por los lugareños desde 1590 —un oficio extraordinariamente respetado por los locales—, se mueven a fuerza de los remos del pletnar. La idea es no contaminar durante los viajes diarios de ida y vuelta por las aguas esmeralda que nos llevan a la isla central.

Una vez allí, nos esperan noventa y nueve escalones de piedra para llegar hasta la Campana de los Deseos de la Iglesia de la Virgen María, hacerla sonar y disfrutar del postre típico esloveno: la potica (masa fermentada y diferentes rellenos). Las vistas desde 'el otro lado', impresionantes también.

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placeholder Rikli Balance Hotel. (Cortesía)
Rikli Balance Hotel. (Cortesía)

Aunque los sentidos no nos engañan, a la emoción que sentimos en semejantes parajes naturales sumamos el hecho de que Bled es uno de los destinos turísticos más verdes de Europa, un modelo de turismo sostenible en el que abundan las bicicletas eléctricas, los carruajes tirados por caballos, y los barcos sin motor para cruzar el lago.

Un castillo para un cuento de hadas

El castillo de Bled es otra de las maravillas que nos acompaña durante nuestra estancia, impertérrito y majestuoso, pidiendo a gritos que subamos a verlo, que tiene muchas historias que contarnos. Apenas a un kilómetro de nuestro hotel, la subida nos lleva por el misterioso bosque de Visce hasta este lugar emblemático de Eslovenia, con más de mil años de antigüedad, y una de las atracciones turísticas más visitadas del país.

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placeholder Imagen de Bled realizada con un Honor Magic 7 Pro. (Cortesía)
Imagen de Bled realizada con un Honor Magic 7 Pro. (Cortesía)

Desde las terrazas del castillo divisamos el lago que hemos navegado, la isla que hemos disfrutado, las mansiones de Villa Bled y el monte más alto: Triglav. En una de sus austeras salas descubrimos una exposición permanente del Museo Nacional de Eslovenia que nos presenta a sus primeros pobladores, una imprenta de Gutenberg reconstruida y la sala de Arnold Rikli, naturópata (o curandero, según a quien preguntes) suizo célebre por la utilización de la hidroterapia terapéutica, que se instaló en Bled en 1852 por la pureza de su aire. Aquí murió. Un visionario termal al que agradecemos su precocidad.

placeholder Imagen de Bled realizada con un Honor Magic 7 Pro. (Cortesía)
Imagen de Bled realizada con un Honor Magic 7 Pro. (Cortesía)

Probando el espíritu wellness de Rikli

El precursor del turismo termal, Arnold Rikli, ha hecho por Bled y alrededores un gran trabajo para que sea un destino wellness por excelencia. El estilo de vida saludable que lideró, a través de los poderes del agua y la naturaleza en estado puro, inició el camino de una larga tradición por la relajación, la misma que hoy invade Bled. Al bajar de las montañas nevadas, y después de haber dejado la adrenalina en las alturas, no se nos ocurre una manera mejor de aterrizar que en una de las infinitas piscinas que ofrece tras sus cristaleras la ciudad.

placeholder Imagen de Bled realizada con un Honor Magic 7 Pro. (Cortesía)
Imagen de Bled realizada con un Honor Magic 7 Pro. (Cortesía)

Este afán voyerista, no tenemos claro si por mirar o por ser vistos (o ambos), eleva los encantos de Bled hasta el infinito y más allá. Espacios (casi) siempre con vistas, en nuestro caso sobre el lago en la planta baja del hotel en el que nos alojamos, el Rikli Balance. Además de comodísimas y muy calentitas habitaciones, y construcciones de madera perfectas para aislarnos del frío de Los Alpes, el hotel cuenta con un lobby acogedor presidido por una chimenea circular que nos acompaña en nuestras largas charlas nocturnas.

placeholder Imagen de Bled realizada con un Honor Magic 7 Pro. (Cortesía)
Imagen de Bled realizada con un Honor Magic 7 Pro. (Cortesía)

Al calor de la hospitalidad eslovena degustamos los quesos locales, salchichas de Carniola, su miel (la tradición apícola de Bled está auspiciada por la abeja autóctona 'carniola'), las empanadillas rellenas de pera 'prgini štruklji' o su famosa (e imprescindible) tarta de crema, 'kremna rezina'.

Este postre estrella, cuyas porciones son de un riguroso 7 x 7 x 7 centímetros, está elaborado con ingredientes frescos para su hojaldre, la crema pastelera que contiene, la nata montada y el azúcar en polvo que lo corona. ¿El truco patrio para reconocer si es auténtica y casera? Que cuando lo sirven, todo el pastel se mueva, acompasado y suave, sobre el plato.

Desde que sobrevolamos los Alpes Julianos —cadena montañosa que se extiende desde Italia a Eslovenia, bautizada así por el emperador romano Julio César— en dirección al aeropuerto de la capital de Eslovenia, Liubliana —¡gracias infinitas al azar por el asiento en ventanilla!— ya sentimos que este va a ser 'el viaje'. Vamos en busca de la nieve, con indumentaria 'cebollil', capa sobre capa, para no solo soportar, sino también disfrutar las temperaturas bajo cero que nos acompañarán las veinticuatro horas del día.

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