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Consejos para no hacer el ridículo en tu próximo vuelo y acabar en un vídeo viral
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GUERRA EN EL AIRE

Consejos para no hacer el ridículo en tu próximo vuelo y acabar en un vídeo viral

Volar une a desconocidos de todas las nacionalidades bajo un mismo objetivo: llegar a destino sin perder la dignidad. Lo que pase en el aire, queda en el aire… salvo que haya alguien grabando con el móvil para subirlo a TikTok

Foto: Dos personas. Un apoyabrazos. Solo una puede sobrevivir. Dramas humanos a 10.000 pies de altura. (Cortesía)
Dos personas. Un apoyabrazos. Solo una puede sobrevivir. Dramas humanos a 10.000 pies de altura. (Cortesía)

Aparentemente, todo está bajo control. Has pasado el control de seguridad con tus calcetines aún dignos, tienes tu asiento asignado y el avión ya rueda por la pista. Lo que no sabes es que estás a punto de entrar en un microcosmos donde el drama humano es capaz de alcanzar nuevas altitudes. Señoras y señores, ajusten sus cinturones… porque empiezan los conflictos de cabina.

La batalla del apoyabrazos

Dos personas. Un apoyabrazos. Solo una puede sobrevivir. Se trata de uno de los conflictos más antiguos de la historia de la aviación comercial, superado únicamente por la Guerra Fría entre el de la ventanilla que la baja sin preguntar y el que quería contemplar los Pirineos desde el aire.

Las normas no escritas dicen que el pasajero del medio merece los dos reposabrazos como compensación a su humillante posición. Pero nadie las cumple. Bienvenidos al combate de codos.

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El pasajero etílico

¿Qué puede salir mal si combinas altura, presurización, ansiedad, dos botellitas de vino malo (¡vaya precio, señores de las compañías!) y tres de whisky? Todo, porque en el cielo el alcohol pega más fuerte… y las consecuencias también.

Algunos optan por la ginebra para “dormirse antes”. Lo que consiguen es roncar como un orco vikingo y despertar a medio avión, incluida una señora de Barbate en la última fila que ha rezado por él pensando que sufría una posesión demoníaca.

El exceso de alcohol nubla el juicio (si es que se tiene) y hace que algunas personas se vuelvan especialmente molestas, grotescas y conflictivas. Despedida de soltero +avión + botellitas = @policia

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Drama interpersonal de pasillo

Lo que empieza como una solicitud amable (“¿Podría subir un poco el respaldo?”) puede terminar como una escena de ‘Juego de tronos’ en el aire. Nadie cede, todos son víctimas. Que si “mi hijo quiere mirar por la ventanilla”, que si “yo pagué por este asiento”, que si “te estás comiendo mi espacio vital”.

Otro clásico: el que pone los pies descalzos en tu reposabrazos. No sabes si pedir un cambio de asiento o una orden de alejamiento. Devor-Olor, cariño, Devor-Olor y una buena ducha.

Niños en modo Godzilla

Un bebé llorando no es culpa de nadie. Pero un niño de 5 años corriendo y gritando por el pasillo mientras su madre juega al Candy Crush merece la expulsión instantánea. La cabina entera aprende a odiar al pequeño humano con una intensidad solo comparable a la que reservamos para el que se salta la fila al desembarcar.

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Tecnología, ruido y otros males modernos

El tipo que pone su serie sin auriculares, la señora que llama por WhatsApp en pleno despegue para gritarle a su hija que se ha dejado el tupper, o el viajero que decide ventilarse un huevo duro en pleno vuelo. La aviación comercial, amigos, es el único lugar del mundo donde la convivencia está obligada por diseño… y por las puertas herméticas.

Cuando interviene la autoridad

Y cuando el caos alcanza su clímax, aparece ella: la sobrecargo con mirada de acero avisando al comandante. ¿El resultado? Desvío de emergencia, policía esperando en la pista y tú, protagonista estrella de un juicio por alteración del orden aéreo.

En resumen: volar une a desconocidos de todas las nacionalidades bajo un mismo objetivo: llegar a destino sin perder la dignidad ni los nervios. Lo que pase en el aire, queda en el aire… salvo que haya alguien grabando con el móvil. Entonces acaba en TikTok.

Aparentemente, todo está bajo control. Has pasado el control de seguridad con tus calcetines aún dignos, tienes tu asiento asignado y el avión ya rueda por la pista. Lo que no sabes es que estás a punto de entrar en un microcosmos donde el drama humano es capaz de alcanzar nuevas altitudes. Señoras y señores, ajusten sus cinturones… porque empiezan los conflictos de cabina.

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