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¿Qué tienen en común Sissy, los Beatles y Rembrandt? La respuesta al enigma la tiene el hotel más glamuroso de Ámsterdam
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HOTELES DIVINOS

¿Qué tienen en común Sissy, los Beatles y Rembrandt? La respuesta al enigma la tiene el hotel más glamuroso de Ámsterdam

La capital neerlandesa cumple 750 años, y acudimos a los fastos buceando en el mapa del tesoro que desvela sus joyas ocultas y numerosas leyendas a orillas del río Ámstel. Muchas de ellas se forjaron en el hotel Tivoli Doelen

Foto: Hay un hotel en la capital de los Países Bajos que, además de divino, atesora historias maravillosas: Tivoli Doelen. (Cortesía)
Hay un hotel en la capital de los Países Bajos que, además de divino, atesora historias maravillosas: Tivoli Doelen. (Cortesía)

Una ciudad construida sobre el agua en el siglo XIII (concretamente el 27 de octubre de 1275) por un grupo de pescadores, y una puerta giratoria de cuatro hojas en madera noble hacen las veces de máquina del tiempo en un viaje impagable. Si Romy Schneider fue la musa cinematográfica de la opulencia más indisciplinada en los años 50 (hubiéramos matado por sus lookazos, hablando de todo un poco), la verdadera emperatriz de nuestros sueños más pretenciosos, Sissy (Isabel de Baviera a la sazón), pisó el mismo suelo que ahora reverenciamos nosotros, entre mármoles blancos y terciopelo azul.

Sí (sí), su majestad imperial, desdichada como pocas, y bella como ninguna, estuvo aquí. No se trata de un mensaje que hayamos visto grabado en el baño (¡que estamos en el hotel más antiguo y glamuroso de la ciudad!), es pura evidencia histórica. Sissy solo estuvo aquí una vez, pero su estancia se prolongó bastante. La excusa era curar su maltrecho corazón (en el sentido más literal del término… ¡O no!) La última gran emperatriz de Europa reservó nada menos que 40 habitaciones del mítico hotel Tivoli Doelen de Ámsterdam. ¿Para su séquito? 'Nee'. Para sus vestidos…

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placeholder Imágenes: Turismo de Ámsterdam.
Imágenes: Turismo de Ámsterdam.

Su suite, de más de 50 metros cuadrados y forma de media luna, tenía (tiene) vistas y acceso directo al canal (cuentan, dicen, se rumorea… que tenía un amante en la ciudad que venía a verla cada noche en barco). Más leyenda para una mujer legendaria. Como legendarios fueron The Beatles, que pasaron en el Tívoli Doelen la noche más corta de sus vidas en 1964, o el gran pintor barroco Rembrandt, que usó como lienzo una de las paredes del edificio (nada menos que para dibujar en 1639 su mítica La Ronda de Noche).

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placeholder Imágenes: Turismo de Ámsterdam.
Imágenes: Turismo de Ámsterdam.

Un check-in de 7 minutos, La Ronda de Noche y los Beatles de resaca

Nada más pisar la alfombra de bienvenida del hotel cinco estrellas Tivoli Doelen de Ámsterdam, mientras saboreamos la copa de cortesía que acompaña un inusual (y extenso) check-in de 7 minutos (la experiencia personalizada empieza desde el minuto cero, marca de la casa), algo llama poderosamente nuestra atención. En el pasillo de la izquierda del lobby, al fondo, la puerta número 002 se ilustra con la imagen de una bella dama de larga cabellera. Por supuesto, preguntamos. ¡Sissy! La suite de la emperatriz está ocupada, imposible verla (hubiéramos pagado por ello). Mientras, nos cuentan la historia de las 80 habitaciones restantes, patrimonio nacional todas ellas, asentadas sobre la antigua muralla medieval. En total hay 14 categorías diferentes, con vistas al canal o al casco antiguo, con terraza y sin ella…

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Hay habitaciones ideales… y luego está la Suite Rembrandt (la 105), otra joya de la corona (con permiso de Sissy). Más de 40 metros cuadrados de buen gusto, cristaleras con vistas al canal desde la cama, pura fantasía. Sobre la mesilla, entradas VIP de cortesía para visitar la Casa-museo del pintor (a 5 minutos andando desde el hotel, mega recomendable). En la entrada de la suite, una réplica a tamaño natural del cuadro La Ronda de Noche.

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El artista holandés lo pintó en 1639 por encargo, en lo que entonces era un salón de reuniones del antiguo propietario, y que hoy se exhibe en el Rijksmuseum (turbadora la historia de que lo cercenaron porque no les cabía durante la mudanza, y hay algún pedazo que no aparece).

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En esa misma pared del siglo XVII, igualmente impresionante, puedes hacer algo tan vulgar e imprescindible como lavarte los dientes mientras te deleitas con una de las obras maestras del genio del color. ¡Iguálamelo! Recomendación insoslayable: Atravesar (o comer barra cenar) el restaurante del hotel, Omber (inspirado en los 12 pigmentos del artista), y coger en el muelle privado del Tívoli un precioso barco de madera para ver la ciudad desde el agua.

placeholder Imágenes del hotel Tivoli Doelen. (Cortesía)
Imágenes del hotel Tivoli Doelen. (Cortesía)

La estancia de The Beatles (reservaron toda la primera planta) es igualmente apta para mitómanos, aunque mucho más efímera. Sucedió en junio de 1964, que el cuarteto de Liverpool viajó a Ámsterdam para dar un concierto, y se hospedó en el Tivoli Doelen. Y decimos hospedarse por decir algo, puesto que al parecer la noche les confundió y estuvieron (por lo que sea) hasta más allá de las 4 de la mañana dándolo todo en el centro de Ámsterdam. Al día siguiente, madrugón para pruebas de sonido...

Ámsterdam sobre dos ruedas y ese aroma que nada tiene que ver con los tulipanes

La capital de Holanda (aunque los Reyes y el gobierno están en La Haya), es una ciudad abierta, moderna y tolerante. Da gusto patear sus minúsculas tiendas de artesanía de la zona antigua, las de ropa de segunda mano (una religión aquí), o sus deliciosos salones de té, como el más pequeño de la ciudad, Kleinste huis van Amsterdam, con tres pisos de altura y 12 metros cuadrados en cada uno, ¡una monada! Para los más trendy, nada comparable a una copa en Sonora, un 360º en la planta 24 del hotel Nhow RAI. Nuestra elección para indecisos: un Pink Dolphin Punch.

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No sabríamos calcular cuántos del millón de habitantes que tiene la ciudad utilizan la bicicleta para sus desplazamientos, una gran mayoría sin duda, pero los que la usan… ¡Vuelan! Aquí, el carril bici no es una anécdota para quedar bien, sino el rey indiscutible del transporte. Excelente idea para evitar los atascos y la contaminación, aunque un peligro si no utilizamos los cinco sentidos a cada paso. Las bicis mandan, y mucho.

placeholder Coctelería Sonora, en la planta 24 del hotel Nhow RAI. (Cortesía)
Coctelería Sonora, en la planta 24 del hotel Nhow RAI. (Cortesía)

Paseando por la ciudad, visitamos la casa de Ana Frank, en el barrio judío, ese estremecedor lugar en el que la pequeña autora del diario más famoso del mundo permaneció dos años escondida junto a sus padres durante la ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial. Hasta que les delataron. Ámsterdam tiene edificios históricos maravillosos como el Palacio Real en la Plaza Dam, frente al mítico hotel Krasnapolsky; o la Estación Central, una belleza.

Otro de los lugares más emblemáticos es la plaza ajardinada de los museos, en la que se dan cita la famosa y polémica 'bañera' de fibra de vidrio Stedelijk; el museo del estado, Rijksmuseum; el Van Gogh; o el Moco (moderno contemporáneo). Merecedores de un paseo (siempre con la mirada puesta en las bicis que pueden transportar niños, mascotas e incluso abuelas) son también el central park de Ámsterdam, VondelPark, o la fábrica Heineken, con tour incluido. ¿Desde el agua? Imperdible el Museo Marítimo.

Que no cumple 1, que no cumple 2… la fiesta cultural que celebra 750 años de Ámsterdam

Para quienes deseen ir un paso más allá, en forma de recorrido guiado por esta apasionante ciudad que vive en la calle aunque caigan chuzos de punta, el hotel Tivoli Doelen ofrece un tour exclusivo para conmemorar los 750 años de Ámsterdam. A pie, el viajero recorre las joyas ocultas del lugar a través de callejuelas empedradas, patios ocultos y edificios centenarios. Desde que en el siglo XII la construcción de un grupo de pescadores de un dique (dam) sobre el río Amstel diera nombre al poblado primigenio de Amsteldam, y el reconocimiento oficial como ciudad se produjera años después, Ámsterdam ha ido forjando su fama universal de tolerancia y libertad multicultural.

placeholder Casa-museo de Rembrandt en Ámsterdam. (Cortesía)
Casa-museo de Rembrandt en Ámsterdam. (Cortesía)

Por la noche, la ciudad iluminada es aún más acogedora y espectacular, especialmente engalanada por su aniversario. De otro tipo de luces, las rojas de una calle determinada, decir que están prohibidos los tours turísticos y las fotos, y que impresiona… ¿Una curiosidad? La iglesia más antigua de la ciudad está junto al famoso Barrio Rojo. También podríamos hablar largo y tendido de los efluvios inequívocos y permanentes al doblar cada esquina.

Pero estamos de cumpleaños, y Ámsterdam multiplica su oferta de cultura y ocio con la creación de nuevos museos: Drift Museum, y ZAMU, con miles de metros cuadrados y performances sorprendentes. El Museo Marítimo Nacional, por su parte, cuenta con la exposición 'Amsterdam port & city', que ilustra la relación entre el puerto y la ciudad.

El Museo H'art (antes Ermitage) expone 'Happy Birthday Amsterdam', donde 75 reconocidos artistas reinterpretan la ciudad, y el 'Amsterdam Eats: a History in Dishes' en Allard Pierson nos conduce por los siglos a través de las recetas locales (por cierto, que aquí son muy famosas ¡las croquetas!). Como colofón, el Amsterdam Light Festival, instalaciones lumínicas en las orillas y puentes de los canales, en parques y jardines o sobre las fachadas de mansiones y palacios del siglo XVIII, el espectáculo reservado para noviembre.

Además de un sinfín de convocatorias culturales, destacamos una que quizá nos lleve de regreso: del 20 al 24 de agosto, Sail Amsterdam (que se celebra cada cinco años y este toca), que es la cita ineludible para los amantes de los veleros de época. Más de 800 navíos surcando los ríos IJ y Ámstel, y los canales adyacentes, puede ser espectacular. Cualquier excusa es buena para volver a Ámsterdam.

Una ciudad construida sobre el agua en el siglo XIII (concretamente el 27 de octubre de 1275) por un grupo de pescadores, y una puerta giratoria de cuatro hojas en madera noble hacen las veces de máquina del tiempo en un viaje impagable. Si Romy Schneider fue la musa cinematográfica de la opulencia más indisciplinada en los años 50 (hubiéramos matado por sus lookazos, hablando de todo un poco), la verdadera emperatriz de nuestros sueños más pretenciosos, Sissy (Isabel de Baviera a la sazón), pisó el mismo suelo que ahora reverenciamos nosotros, entre mármoles blancos y terciopelo azul.

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