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Susana Roza, de heredera de La Tila a reina de CNN en Español: “Para comunicar como Steve Jobs hay que trabajárselo mucho”
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Susana Roza, de heredera de La Tila a reina de CNN en Español: “Para comunicar como Steve Jobs hay que trabajárselo mucho”

Ovetense y periodista, Susana Roza ha dedicado 23 años de su carrera a presentar informativos de televisión, de CBS Telenoticias a CNN en Español, pasando por TVE. Hoy enseña a hablar en público a altos directivos. Se la rifan

Hay personas, las menos, que consiguen que el relato de sus vidas resulte fascinante. La existencia de nuestra protagonista lo es, quizá porque nació en un paraíso y creció rodeada de amor; tanto que cuando llegó el momento de abandonar el nido todos le dijeron: “Vuela alto y sé feliz”. No hubo reproches. No hubo chantajes emocionales. Todos soplaron al unísono en su dirección para blindar su primer viaje con ánimo y valor. Ella no dejó de llorar hasta que llegó a su destino, pero una vez allí, con los pies sobre su nuevo mundo, volvió a sonreírle a la vida con franqueza y un exquisito sentido del humor.

Susana Roza Vigil (Oviedo, 1965) es periodista, formadora en comunicación y conferenciante. En la actualidad, es una de las expertas más demandadas por directivos de multinacionales, presidentes de corporaciones y grupos de profesionales de todo el mundo que necesitan mejorar sus habilidades comunicativas. ¿Culpable? "Steve Jobs, todos quieren ser como Steve Jobs".

Pero volvamos al principio, cuando esta joven periodista presentaba el informativo regional de Televisión Española en Asturias. Era feliz, pero el Principado se le estaba empezando a quedar pequeño, hasta que un día leyó una columna en un periódico y la recortó. Luego envió, por correo certificado, una cinta VHS que contenía su currículum visual. Diez días después recibió una llamada de Miami y un contrato por fax, empezaba así su particular periplo televisivo por las Américas, el que le llevaría de CBS Telenoticias a la CNN de Ted Turner en el flamante canal CNN en Español. De Oviedo para el mundo pasando por Miami, Atlanta y Río de Janeiro.

PREGUNTA. ¿Qué tipo de niña fuiste?

RESPUESTA. Fui una niña feliz, gordita, con unos padres que me querían mucho. Tenía un hermano pequeño. Iba al Meres, un colegio privado y laico. Fui una niña muy de Oviedo, creo yo. Solo nos faltaba un perrín, hasta que a los 10 años me empeñé y me empeñé y mis padres nos trajeron uno: Flor. Yo devoraba las aventuras de ‘Los Cinco’, de Enid Blyton, y si ellos tenían un perro, yo también.

P. Profesionalmente, ¿hacia dónde apuntabas?

R. Mi único objetivo era salir de Oviedo. Tuve una infancia feliz, pero a mí Oviedo se me quedaba muy pequeño. No llevaba bien el hecho de vivir en un sitio donde todos se conocen y la gente habla de los demás. No me parecía bien. Primero decidí que quería estudiar en Madrid y, luego, por carácter, elegí Periodismo. Mi padre no quería, y si lo estudié fue gracias a mi madre que insistió en que la chiquilla iba a hacer lo que ella quisiera. En realidad, yo habría preferido ser actriz (risas), pero de repente vi el filón del periodismo y dije, pues por ahí seguro que no me va a ir mal. Estudié en la Complutense.

P. ¿Cómo fue tu descubrimiento de la libertad y la independencia?

R. La felicidad más absoluta. Uno, porque nadie te conocía. Y dos, porque en Madrid había metro y te podías mover a donde quisieras. Te vistieras como vistieras —como si querías llevar un plátano en la cabeza—, te levantases tarde o temprano, nadie te juzgaba. Me pareció todo maravilloso. Y, seamos sinceros, estudiar Periodismo no es estudiar Ingeniería de Telecomunicaciones. Salía, entraba, viajaba, conocía a gente estupenda. Viví en un colegio mayor, lo que me ayudó a aceptar que “me prestas un tajalápiz” no forma parte del lenguaje universal. (Risas). Me di cuenta de que el mundo no era, ni de lejos, lo que yo creía.

placeholder Susana Roza en el parque de El Retiro, su pulmón de oxígeno. Foto: A. L.
Susana Roza en el parque de El Retiro, su pulmón de oxígeno. Foto: A. L.

P. Quien conoce a Susana Roza sabe que llevas tu asturianía con máximo orgullo allá donde haga falta.

R. Orgullosísima. Mis cuatro abuelos vienen de la Asturias profunda (Colloto, Bobes, Muñó y Lavandera) y esa es mi sangre. Que Oviedo se me quedase pequeño era una cosa, que yo pudiese renegar de mis raíces: ¡jamás! Yo no me olvido de mi abuela, que era la carnicera más querida de la plaza de El Fontán.

“Yo no me olvido de mi abuela, que era la carnicera más querida de la plaza de El Fontán”

P. Tu padre, Rodrigo, hijo de la abuela Pila, la carnicera, fundó y creó La Tila, la histórica empresa asturiana dedicada a la producción de embutidos y platos precocinados; en otras palabras, los reyes de los callos y la fabada asturiana en conserva.

R. Exacto. Mi padre era un gran emprendedor, vio un potencial donde otros no veían nada. En un viaje por Francia —“Un viaje de chavalería”, decía él—, descubrió los escaparates de las charcuterías de Burdeos y se quedó pegado a los cristales, absorto ante tantas maravillas. Yo me habría quedado mirando zapatos, él miraba los embutidos.

Encontró el valor y empezó a entrar en esas charcuterías increíbles, y con un francés de aquella manera le decía al dueño: "Soy español y quiero saber cómo se hace esto, quiero aprender. Si me cambian trabajo por cama y comida me quedo". Y uno le dijo: “Sí”. Aquel hombre se convirtió en ‘el patrón’, un personaje mítico para nuestra familia y un aliado fundamental en la historia de mi padre.

Aprendió junto a él durante dos años y volvió a la carnicería de mi abuela dispuesto a cambiar la secuencia: chorizo, morcilla y (con suerte) jamón de York. Y de ahí, tirando del hilo, montó La Tila. Triunfó y con 50 años vendió la empresa a la competencia. Mi padre era un hombre muy listo, y mi madre, Rosa, también. (Risas).

placeholder Veintitrés años delante de una cámara dan para muchas anécdotas. Foto: A. L.
Veintitrés años delante de una cámara dan para muchas anécdotas. Foto: A. L.

P. Acabas la carrera y vuelves a Asturias, ¿por qué?

R. Tras la carrera, me fui un verano a Bratislava —me apunté a un curso de eslovaco, yo soy así (risas)— y de ahí, ya sin miedo a viajar sola, me fui a Londres a mejorar el inglés. Luego, qué remedio, tuve que volver a Oviedo. Había convocadas unas oposiciones para entrar en la delegación de TVE y me presenté. Creo que mi teórico fue un horror, pero me llamaron para la prueba de cámara, esto era un jueves, y me dijeron: “Empiezas el lunes”. Tal cual.

Presenté ‘Panorama regional’ durante cinco años hablando de Hunosa, Ensidesa y las fiestas de todos los quesos asturianos habidos y por haber. Por supuesto, no tenían teleprompter, ni ordenadores, las noticias las escribíamos a máquina y con papel de calco —que ya nadie sabe lo que es— para que el realizador tuviese una copia. Conocí mejor mi tierra, pero, al final: sota, caballo y rey.

P. ¿Qué es la telegenia?

R. Dicen que es cuando le gustas a la cámara, pero yo creo que son más cosas, como saber detener un gesto en el momento adecuado.

P. Hablemos de tu aventura americana. ¿Cómo llegas a Miami?

R. Leí una noticia sobre el nacimiento de un canal de noticias 24 horas en español para toda Latinoamérica con varios socios del sector, entre ellos Telemundo. Lo recorté y lo metí en la cartera. Tras un mal día en ‘Panorama regional’ llegué a casa y lo volví a leer. Llamé al servicio de información de teléfonos internacionales y pedí a mis padres permiso para la conferencia con Estados Unidos.

“A los diez días me llamaron. Hice unas pruebas en Madrid y ese mismo día me mandaron el contrato por fax. Cuando vi el sueldo bruto en dólares no me lo podía creer”

“Telemundo, how can I help you?”. Y me puse a soltar mi rollo: mire soy de una ciudad del norte de España, presento tal… “¿Con quién quiere hablar”. Con Personal.Y me pasaron. “Sí, estamos en plena selección. Envíenos un demo-tape de un minuto a esta dirección”. Yo escribí 'demotei', para que te hagas una idea. Mandé uno de media hora. Y a los diez días me llamaron. Hice unas pruebas en Madrid y ese mismo día me mandaron el contrato por fax. Cuando vi el sueldo bruto en dólares no me lo podía creer.

P. ¿Cómo se lo tomaron en casa?

R. Me senté con mi abuela y se lo conté cuando llegó de El Fontán —trabajó allí hasta los 75 años—. Le dije: marcho lejos. Y ella: “Pues nada. ¿Llamarás?”. Llamaré. Y me fui. El trayecto Oviedo-Madrid no podía parar de llorar. En el Madrid-Miami empecé a sentirme mejor, yo, con mi traje de chaqueta nuevo y mi juego de maletas divino. (Risas).

placeholder Susana Roza o la mejor forma de afrontar la vida: sonriendo. Foto: A. L.
Susana Roza o la mejor forma de afrontar la vida: sonriendo. Foto: A. L.

P. Nace entonces CBS Telenoticias, propiedad del periódico ‘Clarín’ de Argentina, Reuters, Telemundo y Antena 3. ¿Cómo te adaptaste?

P. ¡De maravilla! Me fascinó toda la tecnología que tenían, vi un teleprompter por primera vez. En información y entretenimiento los americanos son únicos. El equipo era una maravilla con un sentido de la colaboración que me impresionó. Y, luego, claro, el mundo latino, del que no conocía nada y me enamoró. Al principio quise llevarlos a mi terreno: no se dice’vocero’, se dice ‘portavoz’; entonces me iba a la RAE y me tenía que tragar mis palabras porque, obviamente, está admitido. Aprendí muchísimo, muchísimo.

P. ¿Cómo saltas a CNN?

R. Llevaba ya tres años en Telenoticias y conocí al que después sería mi marido, un colombiano estupendo que era el realizador de un programa de máxima audiencia en Telemundo. Me dijo: “Tienes que llegar a más". CNN en Español estaba arrancando y me dijo: “Tú puedes, te sobra. ¿Qué problema hay?”. Llamó a una amiga suya que nos puso en la pista y me convocaron en Atlanta. Lo mismo, el teórico no fue brillante; me contrataron por la prueba de cámara.

P. ¿Te acuerdas de tu primer directo?

R. Como para olvidarlo. Me llaman y me dicen que los de CNN Internacional necesitaban con urgencia a alguien que desde la redacción central entrase hablando del último incidente de las guerrillas en Chiapas. Y yo: ¿pero en inglés? Y ellos: "Claro, no te preocupes que tienes teleprompter". Me escondí un minuto en el baño y dije: venga, tú puedes. Así que debuté en inglés. (Risas). De no creer.

P. ¿Qué noticias te impresionaron más al darlas?

R. Las muertes de Lady Di y Teresa de Calcuta, que, prácticamente, se solaparon. Otro momento muy querido fue cuando le dieron a CNN el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Como asturiana, me tocó ir de intérprete a Oviedo acompañando a los jefazos de CNN Global y CNN Internacional.

P. ¿Por qué no fue Ted Turner, el dueño?

R. Porque tenía un equipo de béisbol que jugaba ese mismo fin de semana y no le venía bien. (Risas).

P. Siete años en Estados Unidos y tu marido y tú decidisteis iros a Brasil. ¿Por qué?

R. Al padre de mis dos hijas le ofrecieron la oportunidad de mudarse a Brasil para montar la producción del Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos. Y nos fuimos los cuatro. Fue otra experiencia increíble, sobre todo cultural. Aprendí portugués, con acento carioca. (Risas). Hice grandes amigos y viajamos mucho por toda Latinoamérica.

En esa época me reinventé como formadora de portavoces, ayudando a mejorar las habilidades comunicativas de CEOs y altos directivos. Cuando me contrataban, iba y volvía a España. He trabajado, entre otras compañías, con Merck, Procter & Gamble, Unicef, American Express, Oracle o Ikea. Cuando volví a Madrid, comencé a dedicarme por completo a enseñar a hablar en público a ejecutivos en español, inglés, español y portugués.

P. ¿Por qué regresaste a España?

R. Porque la idea de volver a Atlanta ya no me seducía, quería criar a mis hijas aquí.

placeholder Susana Roza o el arte de hablar en público. Foto: A. L.
Susana Roza o el arte de hablar en público. Foto: A. L.

P. Aquí te centras en tu trabajo como formadora, pero también vuelves a los informativos de TVE. ¿Qué tal esta segunda parte?

R. A través de un buen amigo común, José Ramón Patterson, corresponsal durante muchos años en Bruselas, contacté con el que era el director del canal 24 Horas, quien me permitió cubrir una baja de maternidad los fines de semana en el turno de noche. Tras varias sustituciones más, me ofrecieron el informativo matinal de TVE. Madrugones y más madrugones. Mi compañero era mi querido Igor Gómez Maneiro, que ahora presenta los Telediarios del fin de semana. Ocho años levantándome a las tres de la mañana.

P. En total, 23 años en la televisión. ¿La echas de menos?

R. En absoluto.

“Muchos directivos piensan que hablar en público es soltar lo que tienen en la cabeza y ya, pero se lían, repiten ideas o se olvidan de la principal y acaban improvisando”

P. ¿Qué nivel de oratoria tienen nuestros altos directivos?

R. España es un filón. La gente piensa que hablar en público es ponerse y ya, pero no, nada más lejos de la realidad. No se preparan, no saben prepararse. Piensan que es ir y soltar lo que tienen en la cabeza y ya, pero se lían, repiten ideas o se olvidan de la principal y acaban improvisando. Para comunicar como Steve Jobs hay que trabajárselo mucho.

P. Cumples 60 en septiembre, ¿preparada?

R. ¡Sí! Tengo salud, la tarea de madre está cumplida y vivo en un nido vacío que me encanta. Mi pareja me hace muy feliz y Madrid en una ciudad maravillosa. Y para lo que está por venir, flexibilidad y cintura, ya lo iremos manejando según venga.

Hay personas, las menos, que consiguen que el relato de sus vidas resulte fascinante. La existencia de nuestra protagonista lo es, quizá porque nació en un paraíso y creció rodeada de amor; tanto que cuando llegó el momento de abandonar el nido todos le dijeron: “Vuela alto y sé feliz”. No hubo reproches. No hubo chantajes emocionales. Todos soplaron al unísono en su dirección para blindar su primer viaje con ánimo y valor. Ella no dejó de llorar hasta que llegó a su destino, pero una vez allí, con los pies sobre su nuevo mundo, volvió a sonreírle a la vida con franqueza y un exquisito sentido del humor.

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