Quienes han recorrido los paisajes del sur de Italia suelen recordar con asombro los contrastes de Sicilia: sus colinas cubiertas de olivos, su costa rocosa que se funde con el azul turquesa del Mediterráneo y sus pueblos encalados que se encaraman en montañas áridas. Pero pocos imaginan que a menos de dos horas de avión de cualquier capital europea se esconde una región española que iguala –e incluso supera, según algunos viajeros– ese exotismo natural y mediterráneo: la Región de Murcia.
Ubicada al sureste de la península ibérica, Murcia ha permanecido durante décadas al margen de los principales focos turísticos. Sin embargo, sus paisajes únicos y su autenticidad la han convertido en un destino cada vez más valorado, especialmente entre quienes buscan la belleza del sur italiano, pero sin las aglomeraciones ni los precios disparados.
Vista de la playa cartagenera de Cala Cortina este domingo. (EFE)
Uno de los grandes atractivos murcianos es su costa. La llamada Costa Cálida ofrece más de 250 kilómetros de litoral, salpicado por acantilados, playas de arena dorada y calas rocosas que aún conservan su estado virgen. Destinos como Calblanque, con su parque regional protegido, o la ensenada de Bolnuevo, con sus curiosas formaciones de arenisca erosionada, son para muchos el equivalente español de las postales sicilianas más icónicas. Y si hablamos de patrimonio, ciudades como Cartagena, con sus ruinas romanas y un puerto natural con siglos de historia, recuerdan a la herencia clásica que define a la isla italiana.
Cientos de personas llenan las playas de La Manga. (EFE)
Pero no solo el paisaje físico conecta a Murcia con Sicilia. También lo hace su luz, su ritmo de vida pausado y su cultura profundamente mediterránea. En pueblos como Moratalla, Cehegín o Jumilla, la vida se desarrolla al margen de la prisa, entre terrazas al sol, agricultura de secano y tradiciones que se remontan siglos atrás.
Las temperaturas cálidas durante la mayor parte del año y la fuerte identidad gastronómica –con platos como el zarangollo, el caldero o el pastel de carne– refuerzan ese aire de tierra antigua y sabrosa que también tiene la isla italiana.
Quienes han recorrido los paisajes del sur de Italia suelen recordar con asombro los contrastes de Sicilia: sus colinas cubiertas de olivos, su costa rocosa que se funde con el azul turquesa del Mediterráneo y sus pueblos encalados que se encaraman en montañas áridas. Pero pocos imaginan que a menos de dos horas de avión de cualquier capital europea se esconde una región española que iguala –e incluso supera, según algunos viajeros– ese exotismo natural y mediterráneo: la Región de Murcia.