Desde la cima de una colina en el sur de Ibiza, rodeada de almendros, higueras y olivos, se alza la casa donde Chantal Henar y su familia han logrado crear un oasis entre lo rústico y lo sofisticado. No es una villa más. No puede serlo cuando quien la habita —y la alquila por semanas a algunos de los visitantes más exigentes de la isla— es la fundadora de una de las agencias más cuidadosas y personales de Ibiza. Chantal conoce como nadie qué hace que una casa sea especial, y por eso, en la suya, nada ha sido fruto del azar.
Texto
Cris Castany
Fotografía
Esi Seilern
Diseño
Blanca Casanova
Desarrollo
María Mateo
Producción
Flair Studio


La finca, que pertenecía originalmente a una familia ibicenca de apellido Gamero, fue bautizada en su día como "Can Gamer". Hoy ha dejado atrás ese nombre, “no por superstición, pero sí porque no resonaba con lo que es esta casa ahora”, explica Tom, su marido. En sus manos, la vivienda ha sido reformada con mimo, sin perder su espíritu. “No queríamos que dejara de parecer una casa de campo ibicenca, con su piedra, su blanco encalado y esa conexión total con el jardín y el paisaje”, añade.
Un proceso lento pero lleno de sentido
La reforma fue larga —"como todas", sonríe Tom—, marcada por los tiempos de espera de las licencias y los desafíos constructivos de una isla donde todo se complica. "Tardamos casi dos años. A veces piensas: ¿de verdad vale la pena? Pero luego ves cómo ha quedado y sabes que sí", comenta él. Su objetivo era claro: respetar la planta original y mantener el alma de la casa. Por dentro, sin embargo, todo fue replanteado. Se rediseñaron los espacios, se optimizó el aislamiento y se conectó el interior con el exterior de una forma casi mágica.
“El salón ahora se abre por completo al jardín. Es como si estuvieras dentro y fuera a la vez”, cuenta Chantal. En lugar del antiguo garaje, que ocupaba una posición privilegiada entre olivos y tenía “las mejores vistas de la casa”, ahora hay un camino de traviesas que conduce al huerto y al campo de frutales, con casi 50 árboles que la pareja ha ido plantando poco a poco.

La convergencia de todos estos elementos convierte el espacio en una manifestación precisa de la identidad de sus propietarios, quienes han sabido dotar cada rincón de un propósito definido y coherente, construyendo así un conjunto que refleja de manera íntegra su visión y forma de habitarlo.
El estilo Chantal
En Ibiza, Chantal Henar se ha convertido en sinónimo de buen gusto y profesionalidad. Su agencia de alquiler vacacional, Mi Casa Tu Casa Ibiza, gestiona algunas de las villas más deseadas de la isla, y su criterio estético es ya una marca. “Antes trabajaba para otras inmobiliarias. Vi muchas casas con toallas de todos los colores, dos copas desparejadas… y decidí que si montaba algo propio, sería diferente”, confiesa. Lo cumplió. Hoy su selección de propiedades —mayoritariamente en la zona de Sant Josep— destaca por su estilo neutro, armonioso, funcional, pero nunca frío. “Ni casas demasiado modernas ni decoraciones ostentosas. Casas con alma, cómodas, bonitas y prácticas. Y siempre, siempre impecables”.


Eso incluye también vaciar su propia casa cada verano, cuando ella y su familia se la dejan a amigos."Me gusta quitar todas nuestras cosas personales. No me siento bien si alguien llega de vacaciones y se encuentra con mis fotos o mis libros. Quiero que vivan la casa como si fuera suya, que se relajen desde el minuto uno”, explica. Este verano, una familia holandesa repite por segundo año consecutivo. “Nos encanta cuando nuestros amigos repiten. Es la mejor señal de que lo hacemos bien”.
Ibiza, entre el paraíso y la contradicción

Hablar con Chantal es sumergirse en la historia reciente de la isla. La Ibiza de los caminos de tierra, de las playas sin chiringuitos, de las casas abiertas. "Me acuerdo de cuando para llegar a Cala d’Hort había que ir por una pista de piedras", rememora. “Ahora todo está vallado. La gente no se da cuenta de cómo ha cambiado el paisaje”. Su vínculo con la isla es profundo. Aunque nació en Holanda, vive en Ibiza desde hace más de 18 años, y ha criado aquí a sus dos hijos.

“La gente cree que vivir aquí es estar todo el día en la playa, pero no es así”, dice. “Yo apenas voy. Al principio sí, cada fin de semana. Ahora no. Y mis hijos adolescentes tampoco. Prefieren estar con sus amigos, van a casa de otros, a veces a fiestas. Pero intentamos educarlos desde el deporte, el ejemplo y la conversación”. Chantal y Tom se confiesan preocupados por el acceso de los jóvenes a ciertas realidades de la isla, pero también conscientes de que cada familia es un mundo.

También en la elección de materiales se nota la intención: paredes de cal, ventanas grandes para que entre la luz, muebles duraderos, textiles naturales. “Queríamos algo bonito, pero también práctico y consciente. No es una casa para impresionar. Es una casa para estar bien”, resume Chantal.
El lujo de lo auténtico
A pesar del crecimiento de la isla, de los precios imposibles y de la masificación, Chantal sigue creyendo en la magia de Ibiza. “Aquí hay algo único. Puede que el paisaje ya no sea el de antes, pero la energía sigue estando. Si sabes mirar, si sabes parar, sigue siendo un lugar increíble”. Y su casa, sin duda, es reflejo de eso: un lugar donde la belleza no está en la ostentación, sino en los detalles cuidados, en el respeto a lo que fue y en la calidez de lo cotidiano.



Porque como ella misma dice, “el lujo no es una piscina infinita. Es sentir que estás en tu sitio, que estás bien. Y eso es lo que intentamos crear aquí, para nosotros y para quienes vienen”.

