Danae Marín un rincón británico que describe a la mujer que devolvió el alma a la cerámica de Manises

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Texto

Cris Castany

Fotografía

Esi Seilern

Vídeo

Gemma Seguí

Diseño

Blanca Casanova

Desarrollo

Luis Rodríguez

Producción

Flair Studio

Danae —con nombre griego— es la fundadora de Can Betelgeuse. El nombre del proyecto nace de su perro, bautizado como Betelgeuse, la estrella gigante roja de la constelación de Orión. Un guiño cósmico para una marca terrenal que ha rescatado con rigor y sensibilidad la cerámica de Manises y la ha colocado en el centro de la conversación estética actual.

Su biografía tiene un hilo claro: el arte siempre estuvo ahí, aunque la vida la llevara primero por las finanzas. Nieta de un abogado con alma de artista ligado al Museo del Prado y con un padre fotoperiodista de conflictos, Danae estudió Económicas y trabajó ocho años en consultoría estratégica y seis en banca. Pero cada tarde escapaba “al barro”: restaurar, aprender, equivocarse, afinar. Un día, una pareja de lámparas de Manises cambió el rumbo. Llegaron las restauraciones, la comunidad en Instagram, los encargos; después, la pregunta inevitable: "¿y si volvemos a producirlas?". Así empieza el renacimiento de una tipología icónica de nuestra artesanía.

En este hogar conviven las lámparas de cerámica que ya son icono, el bullicio de tres perros y cuatro gatos, y la vida tranquila de una familia que encontró en a las afueras de Madrid su refugio. “Yo tenía claro que quería una casa con alma, no una nueva ya reformada. Necesitaba un espacio que pudiera transformar a mi manera, con capas, con color y con historia”, confiesa Danae mientras recorre el salón, donde conviven sus piezas, con muebles rescatados de Wallapop y restaurados por ella misma con piezas de arte contemporáneo.

Un butacón vintage cobra protagonismo frente a un collage
Un butacón vintage cobra protagonismo frente a un collage, y sobre la mesa camilla destaca una lámpara de Can Beltegeuse, el modelo San Vicente.

Vive con su marido, su hija, y siete mascotas. “Sin mi marido esto no habría sido posible. Me apoyó en todo: económico y anímico. Pasé de tener un sueldo fijo a nada, y él fue mi pilar”. La complicidad también está en la casa: “Él no se mete en decoración. Creo que es parte del éxito de nuestro matrimonio. Se deja llevar y disfruta”. En esta mañana nos abre las puertas de su casa y de su historia, tejida entre restauraciones, hornos encendidos y decisiones vitales valientes.

De los números al barro

La artesanía estaba en su ADN. Su padre, fotógrafo de conflictos internacionales, había luchado por dedicarse al arte frente a la presión familiar; su abuelo, formado en Bellas Artes, había dejado la pintura para casarse con la que fue su abuela. “Era como una maldición generacional: renunciar a lo artístico. Yo decidí que conmigo se rompía. Yo quería estudiar arquitectura, pero me convencieron para hacer Económicas porque tenía más salida. Me gustaba mi trabajo, estuve ocho años en consultoría estratégica y seis en banca. Pero cada tarde escapaba a restaurar muebles: era lo que me llenaba”, recuerda.

Danae posa frente al primer mueble que compró con su sueldo
Danae, frente al primer mueble que compró con su sueldo, viste camisa de Masscob para Pez, vaquero de Pez, pañuelo de Jerse en la cintura y colgante de Suma Cruz.

En 2021, tras la pérdida de su padre y de un perro muy querido, llegó la sacudida definitiva. “Fue el empujón para atreverme. La vida es demasiado corta para no hacer lo que te llena”.

Flechazo con las lámparas de Manises

La historia de su empresa, Can Betelgeuse, empezó con un regalo de bodas frustrado. “Pedí a una tía que me regalara unas lámparas de Manises y me dijo que eran horribles. Me las compré yo y empecé a restaurarlas. Primero una, luego otra, y cuando me quise dar cuenta tenía un armario lleno”.

La pasión se convirtió en oficio. Estudió un máster en restauración y conservación, se especializó en cerámica y creó una comunidad en Instagram que empezó a preguntarle: “¿las vendes?”. Fue entonces cuando comprendió que no era la única enamorada de aquellas piezas. Eso le hizo buscar un taller en Manises, antiguo proveedor de una gran fábrica, y convenció a su dueña para reactivar moldes y hornos. El equipo era casi de novela: un escultor de 70 años, una ceramista de 60, un artesano del mimbre de 80. “Era un reto, pero en mayo de 2022 salió la primera pieza que de verdad reflejaba lo que buscábamos”.

El resto es historia: las primeras clientas fueron las interioristas del estudio de Luisa Olazábal y también Alejandra Pombo. Desde entonces, las lámparas aparecen en casas muy distintas, uniendo lo clásico y lo moderno. “Hemos mejorado proporciones y acabados. Son más finas, más sofisticadas, y por eso encajan en cualquier espacio”.

Una casa con alma y color

Un rincón con un mueble de Wallapop restaurado y collage de fotos antiguas
Un rincón con un mueble de Wallapop restaurado y collage de fotos antiguas hechas por su abuelo encima.

La vivienda en la que nos recibe llegó tras la pandemia. “Mi marido siempre había querido vivir aquí. Encontramos esta casa de una planta, con jardín, y decidimos que era la nuestra”. La fachada conserva su gotelé original, un detalle que cualquiera habría eliminado, pero que Danae respetó: “Me gustan esos volúmenes, son parte de la identidad de la casa y de mi obra”.

Danae posa en el porche con su perro
Danae posa en el porche con su perro, con total look de Josephine, anillo de Suma Cruz y botas de Ese o Ese.

Dentro, no hay blancos impolutos ni neutros fríos. “El blanco me da alergia”, dice entre risas. Lo suyo son los estampados, el papel pintado, los colores vivos. Textiles de Gastón y Daniela y Gancedo, fibras de Ana Colón para pantallas, muebles de Wallapop transformados con pátinas al óleo o sobres de zinc envejecido. Conviven también piezas heredadas —butacas de sus abuelos, vajillas familiares— con obras de arte: un óleo bodegón de flores de Isabela Bo, un cuadro de Jordi Alcaraz, piezas de Jimmy Milán y Elena Morales. “Me gusta mezclar lo nuevo con lo antiguo, lo heredado con lo encontrado. Todo suma capas”.

Una silla Cesca y una obra de Cova Orgaz conviven con otra de Emma Claros
El arte contemporáneo y la cerámica se integran en muchos de los espacios de esta casa
Una silla Cesca y una obra de Cova Orgaz conviven con otra de Emma Claros. El arte contemporáneo y la cerámica se integran en muchos de los espacios de esta casa.

La casa es también su showroom. Entre lámparas, espejos y cerámicas, recibe a clientes y amigos. En 2026 planea construir un invernadero en el jardín para separar lo personal de lo profesional.

El valor del oficio

Danae confía en anticuarios serios, como Olofane, con quienes trabaja en exclusiva las pantallas capuchinas. También es habitual en el Rastro, aunque reconoce que los precios han subido porque muchos comerciantes viajan a Francia a comprar caro. “Lo importante es que haya profesionales que restauren, desinfecten y sepan lo que hacen. No vale con abrir una tienda y ya está”.

Hoy vende online, a través de su web y de interioristas. Está en tiendas seleccionadas como Sine nomine en Madrid o en Londres. El objetivo: crecer internacionalmente. “Ya hemos empezado exportaciones: a Australia, a Perú… y estamos mirando Estados Unidos, aunque los aranceles no lo ponen fácil”.

La estantería que enmarca la entrada del salón con piezas de cerámicas reproducidas por Can Beltegeuse
El papel es protagonista en las paredes de habitaciones y baños
La estantería que enmarca la entrada del salón con piezas de cerámicas reproducidas por Can Beltegeuse. El papel es protagonista en las paredes de habitaciones y baños: sin miedo al color, aporta el aire de una casa británica.

La capacidad de producción existe: la fábrica con la que trabaja llegó a tener 70 empleados en su día y mantiene hornos listos para crecer. “El reto es formar artesanos jóvenes. Hay que diferenciar al artista, que crea, del artesano, que domina la técnica y se remanga. Hay gente que quiere comprarse una lámpara en Wallapop y que se la restauren por 20 €. No funciona así. Hay que pagar sueldos dignos a los oficios”, reivindica.

Una vida con capas

Con 39 años, Danae mira atrás y ve un camino coherente: de consultora a banquera, de restauradora a empresaria de artesanía. “No me arrepiento de nada. Todo lo que aprendí en mi carrera anterior lo aplico ahora. Pero necesitaba llenar mi vida de otra forma”.

Su casa, sus lámparas y su historia comparten una misma filosofía: poner capas, respetar lo antiguo, arriesgar con lo nuevo, y crear algo propio y con alma. “Lo más bonito que me han dicho fue una amiga al entrar aquí: ‘Es tan tú’. Creo que eso es lo que busco en todo: que las cosas hablen de ti, que tengan alma. Lo demás es accesorio”.

En el comedor con una mesa restaurada por la dueña de la casa
En el comedor con una mesa restaurada por la dueña de la casa, lleva un total look de Masscob, bailarinas de Ese o ese, collar Mon Collier y pulsera de Sézane.

En cada rincón de la casa de Danae Marín late la misma filosofía que guía su trabajo: rescatar lo valioso del pasado, reinterpretarlo con frescura y dotarlo de nuevas capas de sentido. Entre lámparas encendidas y muebles que cuentan historias, esta creadora ha levantado un refugio con alma, donde la tradición artesana se funde con la vida cotidiana y la pasión se convierte en forma de vida.

Créditos

Agradecimientos

Flores Loreto Aycuens

Maquillaje y peluquería

@HolaPepa