Danae —con nombre griego— es la fundadora de Can Betelgeuse. El nombre del proyecto nace de su perro, bautizado como Betelgeuse, la estrella gigante roja de la constelación de Orión. Un guiño cósmico para una marca terrenal que ha rescatado con rigor y sensibilidad la cerámica de Manises y la ha colocado en el centro de la conversación estética actual.
Su biografía tiene un hilo claro: el arte siempre estuvo ahí, aunque la vida la llevara primero por las finanzas. Nieta de un abogado con alma de artista ligado al Museo del Prado y con un padre fotoperiodista de conflictos, Danae estudió Económicas y trabajó ocho años en consultoría estratégica y seis en banca. Pero cada tarde escapaba “al barro”: restaurar, aprender, equivocarse, afinar. Un día, una pareja de lámparas de Manises cambió el rumbo. Llegaron las restauraciones, la comunidad en Instagram, los encargos; después, la pregunta inevitable: "¿y si volvemos a producirlas?". Así empieza el renacimiento de una tipología icónica de nuestra artesanía.








