Es noticia
Menú
Días de Rioja y rosas, o cómo el río Ebro baña un paisaje idílico con palacio incluido
  1. Estilo /
  2. Ocio
HOTELES DIVINOS

Días de Rioja y rosas, o cómo el río Ebro baña un paisaje idílico con palacio incluido

Viajamos al noroeste de La Rioja, al encantador y señorial pueblo de Briñas, con unas vistas inmejorables sobre la Historia, cientos de viñedos multicolor y la excelencia de un hospedaje singular al que ya queremos volver

Foto: Palacio Tondón nos recibe con sus piedras centenarias —es una casona señorial de los siglos XVI, XVII y XXI— y su gran clase. (Cortesía)
Palacio Tondón nos recibe con sus piedras centenarias —es una casona señorial de los siglos XVI, XVII y XXI— y su gran clase. (Cortesía)

Si Black Edwards ubicó a Jack Lemmon y Lee Remick en los 60 en una relación idílica que pasaba de la euforia inicial a una espiral destructiva que acaba fatal (perdón por el spoiler), nosotros nos apropiamos del título de aquel peliculón 'Días de vino y rosas' porque nos viene bien como inspiración. Eso sí, le cambiamos el final, que en esta ocasión es feliz. Muy.

Y es que si tenemos que hablar de adicción, como lo hacía el director de cine, en nuestro caso no es precisamente al vino, sino a un paisaje idílico y un entorno privilegiado construido a base de piedras nobles, heráldica e historia que engancha. Estamos en Briñas (La Rioja), y el propósito es desintoxicarnos, sí, pero de tanto postureo y tantas prisas que no nos llevan a ninguna parte. Nuestra historia empieza bien… ¡Y acaba mejor! A este escenario no le falta detalle.

Imaginemos un decorado perfecto. Si tuviéramos que diseñar un escenario para nuestra propia película, lo ubicaríamos en un pueblo, pequeño, con encanto. Por supuesto, por él transcurriría un caudaloso río, con su suave rumor y los chopos meciéndose en sus márgenes. Venga, le añadimos unos patos, unas ocas y unos gansos en un embarcadero de madera improvisado, para que entren y salgan del agua mientras secan sus graznidos al sol del otoño.

¿Y cómo serían la calles del pueblecito? Empedradas, sin duda, y jalonadas por casonas nobles de piedra arenisca, con sus escudos y su historia imperturbable desde los siglos XVII y XVIII. No habría ni una que desentonara. ¡Ah! Y en las alturas se alzaría una gran iglesia, con escalinata de piedra noble también, que recordara al viajero la grandeza de otro tiempo.

placeholder
placeholder
placeholder
placeholder El hotel Palacio Tondón es una de las joyas de Briñas. (Cortesía)
El hotel Palacio Tondón es una de las joyas de Briñas. (Cortesía)

El escenario en cuestión estaría rodeado de viñedos de pura cepa, muchos, y tendría un palacio, en el que el visitante podría hospedarse y descansar a cuerpo de rey. Para rematar la faena, le pondríamos esas maravillosas puertas 'partidas' de antaño en el norte de España, una bolsa con dos barras de pan colgando del llamador, algunos perros tumbados plácidamente al sol y una charla animada de los paisanos que van y vienen sin prisa. Por supuesto, ni un papel en el suelo… (¡ni uno, que íbamos 'a pillar' y no lo encontramos!).

¿Os imagináis? Pues no hace falta que lo imaginemos, porque existe. Este decorado, que pareciera de quita y pon es genuino, se llama Briñas, ocupa una superficie de 2,4 kilómetros cuadrados y está ubicado en La Rioja más mágica, al noroeste de la provincia. El detalle que riza el rizo de este cuento es lo más parecido a una estación fantasma, en la localidad de Haro, a la que llegamos en tren a pesar de las vías muertas y sus hierbas silvestres apoderándose de algunos de sus raíles. Por supuesto, es de esas estaciones que se cruzan a pie entre las vías. Empieza la desconexión.

Dormir en un palacio con vistas al Ebro

Ya nos hemos ubicado en el corazón de Rioja Alta, estamos en tierra de vinos, y en un paisaje espectacular. El cortisol ni está ni se le espera. Desde Haro, a 4 kilómetros, nos acerca una van hasta nuestro alojamiento en Briñas. ¿Su nombre? Palacio Tondón, que conserva la estética de nuestro paraíso imaginado (deseo cumplido). El hotel nos recibe con sus piedras centenarias (es una casona señorial de los siglos XVI, XVII y XXI, ya que suma tres edificaciones) y su gran clase. Alejandra Martínez, la directora de este Autograph Collection de 33 habitaciones (el más pequeño en su categoría) nos ha preparado una Deluxe River View. En cristiano: una preciosa habitación con vistas al Ebro. El río, literalmente, a nuestros pies.

placeholder
placeholder
placeholder
placeholder
placeholder
Hotel Palacio Tondón, Briñas, La Rioja. (Cortesía)

Esta encantadora joya de piedra y madera en el lugar privilegiado en el que el río dibuja una circunferencia y sitúa una especie de meandro, es un cuatro estrellas habitado por el confort, la hospitalidad, y un buen puñado de norteamericanos con los carrillos subidos de tono… por lo que sea. De sus instalaciones, si no fuera porque el pueblo es tan alucinante, podríamos perfectamente no salir. Sorprendente su Calado, que son esas cuevas subterráneas de antaño para conservar el vino a la temperatura constante y perfecta, en el que se celebran catas y eventos 'petit comité' que nos transportan a otros mundos, copa de Rioja en mano.

placeholder
placeholder

Sorprendente también el salón del desayuno, recoleto y elegante, con esos muros de piedra que nos permiten disfrutar calentitos de su mantequilla artesana, su trucha ahumada y su mermelada de higos mientras visualizamos la niebla agazapada con fuerza a las aguas en calma del Ebro. Un detalle que nos ha encantado, es que una de las premisas de los Autograph Collection, y también del Palacio Tondón, es ofrecer el desayuno de 8 a 12 horas. ¡El tragar se va a acabar, desayunemos con toooda la calma del mundo y sin madrugar! Minipunto para Tondón.

El recetario riojano en Gran Reserva

No es el nuestro un viaje enoturístico en el estricto sentido del término, a pesar de que estamos en una muy noble zona de la DOCa Rioja. Aunque el maridaje tiene mucha culpa de que hayamos disfrutado tanto (gracias Jana Salgado, sumiller y jefa de sala) es un elemento más que sublima la parte gastronómica del Palacio Tondón. La bodega (Wine Bar para la influencia) y tienda de vinos de Rioja que atesora el establecimiento, reúne más de 150 referencias de la zona. Etiquetas verde (vinos singulares y del año), roja (crianza), granate (reserva) y azul (gran reserva 36 meses) van pasando ante nuestros ojos (y nuestra nariz, y nuestras papilas gustativas) con las pertinentes explicaciones de Jana. Garnachas cien por cien, la diferencia entre rosado y clarete, la importancia del olor del corcho al abrir la botella, las variedades, las cepas de más de 65 años… ¡Una auténtica masterclass!

placeholder
placeholder Gran Reserva, el restaurante que capitanea el chef Jesús Terradillos. (Cortesía)
Gran Reserva, el restaurante que capitanea el chef Jesús Terradillos. (Cortesía)

En la planta menos dos de Palacio Tondón continúa el festín vitivinícola, pero esta vez con un gran descubrimiento. Traspasamos el comedor, precioso, y al fondo encontramos la verdadera joya de la corona: una terraza espectacular, de nuevo con vistas al Ebro y con una oferta gastronómica que el chef Jesús Terradillos (31 años) defiende con honestidad, curiosidad, productos de temporada y kilómetro cero. El restaurante se llama Gran Reserva, y podemos prometer y prometemos que no nos ha quedado ningún plato de la carta por degustar. Que dos días dan mucho de sí (y el sistema digestivo, afortunadamente, también).

placeholder
placeholder Flor de alcachofa y jarrete de ciervo guisado de Jesús Terradillos. (Cortesía)
Flor de alcachofa y jarrete de ciervo guisado de Jesús Terradillos. (Cortesía)

En la carta de otoño/invierno: croquetas de costilla adobada con miel y mostaza, pan con tomate sobre una auténtica duela (tabla estrecha de madera con la que se elaboran las barricas de vino) o caparrones a baja temperatura con crema de morcilla, piparra y velo de papada ibérica, el plato favorito del chef, por poner solo tres ejemplos. Lo que más les piden los clientes es su alcachofa con cigala y salsa americana, y nosotros no es que recomendemos, es que no perdonamos que quien vaya no pruebe la tarta de queso de cabra DOP Los Cameros… ¡Una locura!

placeholder Tarta de queso de cabra DOP Los Cameros. (Cortesía)
Tarta de queso de cabra DOP Los Cameros. (Cortesía)

No solo de degustaciones y catas vive el turista

Por aquello de desengrasar un poco las bisagras (necesidad de no morir de empacho), nos echamos a la calle. Aunque las posibilidades son infinitas, desde rutas en kayak por el Ebro, hasta quad y paseos a pie, elegimos las bicis eléctricas. Por la vereda del río, los responsables de OjaSport nos llevan, entre los maravillosos colores del otoño en los viñedos hasta el Barrio de la Estación de la vecina Haro. El famoso rincón atesora el mayor número de bodegas centenarias del mundo: López Heredia Viña Tondonia, CVNE, La Rioja Alta, Gómez Cruzado, Bilbaínas, Muga y Roda.

placeholder

Pedaleando (poco, que las eléctricas es lo que tienen) de regreso a Briñas, atravesamos el famoso Puente Milenario de Briñas, que a pesar de su nombre, no pertenece a Briñas sino a Haro. Atrás dejamos las vistas 360º sobre la entrada a Burgos, el límite con el País Vasco y centenares de viñedos en ocre y rojo tras la vendimia. Como llevamos haciendo todo el viaje, las paradas para fotografiar la belleza de la calma hacen interminable el paseo, pero infinitamente agradable.

The End. Esto es todo, amigos, finito. Para quienes hayan terminado de leer este reportaje, y por si os lo estabais preguntando y no habéis corrido a Google a obtener la respuesta, aclaramos como premio a la constancia que la diferencia entre clarete y rosado es que “el primero se elabora con un 99 % de uva blanca y un 1 % de tinta solo para darle colorcito, y el segundo con ambas al 50 %”, Jana Salgado dixit.

Si Black Edwards ubicó a Jack Lemmon y Lee Remick en los 60 en una relación idílica que pasaba de la euforia inicial a una espiral destructiva que acaba fatal (perdón por el spoiler), nosotros nos apropiamos del título de aquel peliculón 'Días de vino y rosas' porque nos viene bien como inspiración. Eso sí, le cambiamos el final, que en esta ocasión es feliz. Muy.

Tendencias
El redactor recomienda