'Historias de Filadelfia': de la Katharine Hepburn empoderada y negociadora a la crítica de la prensa rosa
Estrenada en diciembre de 1940, la película reconcilió a la actriz con un público que ya no la abandonaría y es uno de los mejores ejemplos de alta comedia de la historia del cine, además de una precoz crítica a la prensa del corazón
Situémonos en el Hollywood de finales de los años 30: tras los fracasos de 'La fiera de mi niña' y 'Vivir para gozar', ambas estrenadas en 1938, Katharine Hepburn ha sido declarada 'veneno para la taquilla' por parte de la prensa.
Tras rescindir su contrato con la RKO, encuentra su refugio en Broadway. Philip Barry escribe para ella 'Historias de Filadelfia', en la que le regala el personaje de la rica y altiva Tracy Lord. Una joven de la alta sociedad cuyo corazón se debate entre un periodista de cotilleos, su estirado prometido y su vividor exmarido, la acaba elevando a los altares.
Basada en la vida y milagros de la socialité Helen Hope Montgomery Scott, la obra mostraba que los ricos también lloran de una manera ácida y elegante. Una pija snob es bajada a la tierra y aprende a ser más humana con todos aquellos que la rodean.
Aquel personaje, con un trasfondo de amargura, parecía ser una especie de espejo de la imagen que los espectadores tenían de Katharine Hepburn: un ser arrogante, elitista e inaccesible. "Serías más comprensiva si cometieras alguna equivocación de vez en cuando, pero tu sentido de la divinidad no te lo permite", le dice su exmarido a lo largo de la obra.
Gracias a Tracy Lord y al teatro, Hepburn encuentra la inteligencia y el valor de la diferencia (y ella, desde luego, lo era) que Hollywood le ha negado. Por aquella época, y tal y como nos contaba 'El Aviador' de Scorsese, la actriz sale con el millonario y excéntrico oficial del reino Howard Hughes.
Listo como pocos, el magnate compra los derechos de adaptación de 'Historias de Filadelfia' para su amada. Eso significa que, cuando el jefazo de la Metro, Louis B. Mayer, se interesa por los mismos para llevarla al cine, es la propia Katharine Hepburn la que tiene carta blanca para negociar con él y conseguir una buena suma de dinero.
Ese fue el germen de una de las comedias más veneradas de la historia del cine: el regalo de un millonario a la actriz de la que estaba enamorado. Mayer le compró a la Hepburn el guion por 250.000 dólares y tuvo que aceptar sus condiciones.
La indomable Kate quería como protagonistas a Clark Gable y a Spencer Tracy, pero estos estaban ya ocupados con otras producciones. Finalmente fueron Cary Grant, con el que ya había trabajado en tres ocasiones, y James Stewart, sus partenaires. "No está nada mal, ¿no?", recordaba la estrella sobre la elección en un documental sobre su vida.
La primera secuencia de la película es ya mítica: Cary Grant sale de una casa enfurecido y Katharine Hepburn, tras él, rompe un palo de golf para fastidiarlo. Con el ánimo aún más encendido, Grant vuelve hacia atrás para empujarla y tirarla al suelo.
Si dicho momento (en el que muchos incluso han querido ver simbologías fálicas para representar una ruptura) sería algo cuestionable hoy en día, George Cukor lo filma tan bien y con un sentido del humor tan elegante que resulta imposible cualquier interpretación machista.
Katharine Hepburn también tuvo la potestad de elegirlo a él como director. Cukor era uno de sus grandes amigos en la industria y la persona que la había descubierto para el cine unos años antes, en 1932, al elegirla para protagonizar 'Doble sacrificio'.
El guion cinematográfico había aumentado la presencia del personaje del exmarido para ajustarlo a Cary Grant, que por aquel entonces ya era toda una estrella con nombre propio. Descarado y elegante, se ajustaba perfectamente al actor.
De hecho, su C.K. Dexter Haven es el desencadenante de toda la acción que vendrá después: a punto de celebrar su segunda boda, la millonaria Tracy Lord ve cómo su primer marido, ese tal Dexter, intenta boicotearla enviando a su mansión a un periodista del corazón. Un plumilla que en la película tiene el rostro de James Stewart. El inolvidable protagonista de '¡Qué bello es vivir!' es, por tanto, el tercer vértice de un triángulo que en la cinta da grandes momentos más allá de su mítico inicio.
"Van a examinarme, a criticarme, a humillarme por 15 centavos el ejemplar", dice Hepburn al saber que va a ser carne de prensa rosa por culpa de ese periodista. Un diálogo que supone uno de los primeros ejemplos de crítica al amarillismo.
La sátira de los ricos y privilegiados, tan propia de las comedias de la época, también deja paso al romanticismo en momentos como el de Stewart y ella besándose en plena noche y al lado de la piscina. Un momento que hasta Woody Allen, al que sorprendentemente no le gustó nunca la actriz, homenajeó en su 'Días de Radio'.
Otra curiosidad sobre ese momento es que la censura de la época, y el dichoso Código Hays, no permitían que las estatuas que ocupan el jardín estuviesen desnudas. Cukor y su equipo tuvieron que acceder a la mojigatería para poder estrenarla.
Stewart, que en la secuencia posterior a la de la piscina improvisó un hipo para fingir una borrachera, fue el único de los tres actores protagonistas que acabó ganando el Oscar. Durante el resto de su vida, dijo que ese premio lo merecía su amigo Henry Fonda por su impresionante retrato en 'Las uvas de la ira' y no él.
Con Oscars o sin ellos, 'Historias de Filadelfia' fue un bombazo en taquilla desde su estreno en diciembre de 1940. Y lo mejor de todo: hizo que Katharine Hepburn recuperase el favor de un público que ya no la abandonó nunca.
Y todo gracias a su poder de negociadora y a ese regalo de un Howard Hughes que, pese a sus posteriores romances con otras estrellas, jamás la olvidó. Un obsequio que nos proporcionó uno de los grandes clásicos de la comedia de todos los tiempos y que 85 años más tarde, nos sigue deslumbrando con su acidez y su inteligencia. Al fin y al cabo, ni las socialités ni la prensa del corazón han cambiado tanto casi un siglo después.
*'Historias de Filadelfia' puede verse en Filmin y Movistar Plus+
Situémonos en el Hollywood de finales de los años 30: tras los fracasos de 'La fiera de mi niña' y 'Vivir para gozar', ambas estrenadas en 1938, Katharine Hepburn ha sido declarada 'veneno para la taquilla' por parte de la prensa.