Silvia Trigueros, decoradora de las grandes fortunas latinoamericanas: “Buscan buen gusto a la europea
Heredera de una saga mítica de mueblistas, es una de las interioristas más consolidadas de la capital. Su maestría reformando fincas antiguas atrae a familias e inversores internacionales que anhelan sofisticación a la madrileña
La infancia de Silvia Trigueros transcurrió en la tienda de muebles de sus abuelos, el mejor escenario posible para aventuras mágicas. (Cortesía)
Silvia Trigueros (Madrid, 1972) lleva el diseño en el ADN. Nieta e hija de los fundadores de la mítica Muebles Alcalá —el establecimiento que cerró en 2018 tras 99 años de recorrido en el 167 de la emblemática calle—, Silvia ha sabido transformar ese legado de tradición en una visión contemporánea del lujo residencial. Tras el fin del negocio familiar, ella ha continuado el prestigio de la saga, convirtiéndose, a sus 53 años, en la figura de confianza para las grandes fortunas —venezolanas, colombianas o mexicanas, entre otras— que buscan un hogar sofisticado y con alma en el 'Viejo Mundo'.
Su infancia transcurrió en la tienda de muebles de su familia, el mejor escenario posible —rico en aventuras mágicas— para una niña inquieta y soñadora como ella. Haciendo los deberes o correteando por el local, siempre cerca de sus abuelos y sus padres, solía quedarse dormida en los sofás. Pese a este vínculo temprano, al terminar el colegio no tuvo clara su dirección y optó por estudiar Económicas.
Fue al finalizar la carrera e incorporarse al negocio familiar, cuando descubrió que su verdadera vocación era el interiorismo. Decidió entonces estudiar Arquitectura de Interiores. Al haber cumplido ya los 30 años y no encajar en el perfil de becaria, aprovechó los locales familiares para montar su propio estudio. Actualmente, reconoce que su formación en Económicas ha sido fundamental para su éxito, aportándole la base necesaria para gestionar su faceta como empresaria.
Silvia Trigueros lleva el diseño en el ADN. (Cortesía)
Por lo demás, Silvia Trigueros es de esas personas con las que te sientes bien al instante. Hay mucho en ella de persona protectora y cálida, siempre sonriente, siempre dispuesta a aceptar un envite y devolverlo con un giro inteligente y amplificado. Cuentan sus compañeros que es de esas profesionales que, cuando —por ejemplo— te ve desesperado en el montaje de Casa Decor porque tu cristalero te ha dejado tirado a 24 horas de la apertura, llama automáticamente al suyo y te resuelve la papeleta. Generosidad versus mezquindad. Pues eso.
PREGUNTA. ¿Recuerdas tu primer encargo profesional? Ese que marca un antes y un después.
RESPUESTA. El primer encargo de un cliente que vino a la tienda fue la reforma de su casa; un piso pequeño con la cocina muy cerca de la entrada, muy complicado. Pero para mí el detonante, aparte de trabajar en la tienda, fue cuando mi padre nos regaló un piso a mi hermana y a mí. Yo no me dedicaba a esto ni había estudiado aún la carrera, pero me di cuenta de que se me daba fenomenal y me encantaba todo lo relacionado con la distribución. De hecho, fui yo quien le buscó la casa a mi hermana y quien se la reformó. De esa reforma, y de la de mi propia casa, a día de hoy, no cambiaría nada.
P. Te has convertido, gracias al boca a boca, en la decoradora de referencia para las grandes fortunas latinoamericanas que aterrizan en Madrid. ¿Cómo es esa conexión?
R. Madrid se ha convertido en el nuevo destino de lujo para gente de Colombia, Venezuela o México. Entiendo muy bien lo que buscan: en sus países suelen tener casas más abiertas, con porches y un marcado estilo tropical; pero cuando vienen aquí lo que buscan es el buen gusto a la europea, otra atmósfera. Quieren un piso urbanita en el Barrio de Salamanca con esplendor arquitectónico —techos altos, molduras—, pero con una decoración contemporánea. Al final, quien puede permitirse varias casas en distintas partes del mundo busca tipologías diferentes. Yo me muevo especialmente bien rescatando la solera de estas fincas antiguas.
Silvia Trigueros, al interiorismo por la generosidad. (Cortesía)
P. ¿Qué ves tú en un piso antiguo que otros no logran identificar?
R. Hago muchos pisos para inversores y mi labor principal es reconocer enseguida si son aptos o no. En cuanto entro, identifico estructura, ventanas e instalaciones y mi mente monta el puzle. Tras haber hecho quizá más de 75 proyectos, dominas enseguida las estructuras mentales de qué va en cada sitio. Soy muy “peleona” con las distribuciones porque las casas de antes no funcionan ahora. Donde antes había cinco dormitorios, ahora hay que dejar tres, sacar un lavadero independiente y que las cocinas fluyan hacia la zona social. Hay que tener mucha vista para sacarle partido a estas casas.
“Hablar con una 'cuenta de resultados' siempre me resulta ingrato, prefiero hablar con personas y entenderlas”
P. Has realizado proyectos de hoteles y restauración, pero hoy te centras en el residencial de lujo. ¿Prefieres el trato directo con el particular?
R. He hecho hoteles, restaurantes y tiendas en la zona de Chamberí, pero hablar con una 'cuenta de resultados' siempre me resulta ingrato, prefiero hablar con personas y entenderlas; por eso, al contrario que muchos compañeros, me divierte el trato con el cliente particular. En este sentido, la intuición es la mejor herramienta que me ha dado la edad: con los años aprendes a detectar en la primera reunión si hay confianza plena o si el cliente es “intenso”. A veces, la forma más elegante de decir que no es plantear unos honorarios que sabes que no van a aceptar; y si los aceptan, al menos habrá merecido la pena.
“La forma más elegante de decir que no es plantear unos honorarios que sabes que no van a aceptar; y si los aceptan, al menos habrá merecido la pena”
P. ¿Cómo es la casa de Silvia Trigueros?
R. Es una casa más bien clásica, muy cálida y muy habitable. Me encanta que mis hijos reciben mucho en casa y dicen: “¡Ay mamá, todos los amigos dicen que nuestra casa es muy acogedora!”. No me va nada el “postureo”. Tengo muchas antigüedades que heredé de mi padre, que era un gran coleccionista de piezas con alma, de las que te transmiten algo. Es una atmósfera muy envolvente, con tonos verdes y azules y muchos revestimientos. Es una casa para vivir, muy yo.
Silvia Trigueros (Madrid, 1972) lleva el diseño en el ADN. Nieta e hija de los fundadores de la mítica Muebles Alcalá —el establecimiento que cerró en 2018 tras 99 años de recorrido en el 167 de la emblemática calle—, Silvia ha sabido transformar ese legado de tradición en una visión contemporánea del lujo residencial. Tras el fin del negocio familiar, ella ha continuado el prestigio de la saga, convirtiéndose, a sus 53 años, en la figura de confianza para las grandes fortunas —venezolanas, colombianas o mexicanas, entre otras— que buscan un hogar sofisticado y con alma en el 'Viejo Mundo'.